Esta es mi verdad, dime la tuya
Nuestro mundo

Esta es mi verdad, dime la tuya

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¿Cuál es tu disco favorito de los Manic Street Preachers?– me preguntaron en un bar de Torreón. Después de haber bebido un par de cervezas no fue necesario pensar mucho para sincerarme. No tuve que posar ni mentir. Respondí, por supuesto, This Is My Truth Tell Me Yours. El álbum fue lanzado a finales de 1998. Pronto estuvo en los primeros lugares de los charts británicos. Yo escuché el primer sencillo y me resultó inspirador. Me convertí en seguidor de los Manic desde entonces. If You Tolerate This Your Children Will Be Next es un extraordinario tema escrito por el bajista Nicky Wire. La canción surgiría de una frase obtenida de un póster. Era un llamado para reclutar soldados durante la Guerra Civil Española. Se sabe también que el libro de George Orwellm, Homage To Catalonia, impulsaría la composición.

Pensé que mencionarías a The Holy Bible – prosiguió uno de mis acompañantes. Yo recordaba algunas canciones de aquel disco, pero no era mi preferido. “¿Tú eres fan de los Manic?”, le pregunté. Me contó que había escuchado por primera vez a la banda por un amigo en común que es escritor. “Pero olvídate de ese cabrón”, le dije, “¿cuál consideras que es el mejor álbum?”. “Generation Terrorists”, me dijo. “¡No mames! ¡Cómo que Generation, caray! Si fue su primer álbum”. “Ah, sí”, continuó, “Por eso me parece el mejor, es más genuino que los demás”. Él suponía que una obra siempre es superior a las otras por ser la primera. Le dije que para mí This Is My Truth… era un álbum redondo. Completo. Que me resultaba el más importante por su grado de perfección. Para mí ese material era como un buen libro de relatos. No había un tema de más ni de menos. Era el conjunto de canciones mejor logrado por Nicky Wire. Después de alegar otro rato conmigo, me dijo que yo no sabía de música y era preferible hablar de literatura. Yo había bebido suficiente y no quería continuar con un estúpido debate. Lo cierto es que a mí me agradaban más los chismes literarios y Paty Chapoy no estaba presente.

La anécdota viene a cuento porque nos habíamos reunido después de presentar un libro que se me ocurrió publicar a principios de 2010. El motivo de ese libelo pintaba en todo su esplendor mi falta de seriedad: humor grotesco y vulgar. Lo titulé Because Of The Times para burlarme de los fans de Kings of Leon, dado que era el nombre de uno de sus discos. Hubo, claro, quienes creyeron que yo era fan de la banda. Pura guasa. La verdad es que yo era lector de José Eugenio Sánchez y quería emular sus meditaciones fugaces recogidas en La felicidad es una pistola caliente. Pero también era grupi de Ángel Ortuño. Entonces en ese conjunto que publiqué no hice más que cosechar lo que aquellos autores cultivaron en mí. Siendo justos, mis acompañantes de bebida pintaban en todo su esplendor algo que otros más señalaban en mí: que yo era un poser.

Unas horas más tarde fuimos a una arena de lucha en Gómez Palacio. Olvidé comentar que iban conmigo Michelle, mi esposa; Carlos e Iliana. Éste era el anfitrión. Durante la función podía percibir esa emoción salvaje que despiertan los combates cuerpo a cuerpo del pancracio mexicano. Los aficionados contribuyeron de manera emotiva a esa atmósfera: se sumaron a la golpiza de un par de luchadores técnicos. De hecho, si uno prefería a los rudos, toda la arena aplaudía y se sumaba al alboroto. “Serás muy pendejo para criticar música”, aseguró Carlos mientras íbamos al baño, “pero eres a toda madre, cabrón”, confesó ya medio borracho. Le recordé que en su último libro había publicado una dedicatoria a su morra con el título del tema You Stole the Sun from My Heart, de Manic Street Preachers. “No niegues que This Is My Truth Tell Me Yours también es tu disco favorito y además consideras que es superior a los demás”, le recordé. “Nunca confíes en un cocainómano”, me espetó después de orinar.

La función de lucha terminó con mayores percances: nos embriagamos hasta las pezuñas. Entonces fuimos a los tortillones Don Lolo para mitigar la peda. No recuerdo cómo llegamos. “¿Cuáles son los mejores tortillones de La Laguna?”, le pregunté. Entonces me dijo: “Saca tu celular y graba lo que te voy a decir para la posteridad”. Acto seguido recitó unos versos chacoteros dedicados a Don Lolo donde se pitorreaba de uno de mis textos. Reí como hiena. Después terminamos de cenar. Cuando nos llevaron hacia nuestro hospedaje lancé una última sentencia: “Esta es mi verdad, dime la tuya”. Él solamente me pintó dedo y nos despedimos.

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