De chichimecas a aztecas
Nuestro mundo

De chichimecas a aztecas

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Se dice insistentemente que la comarca conocida como La Laguna fue territorio donde merodeaban indígenas irritilas mucho antes de la Conquista y que al vagabundear por estas tierras vivían de lo que recolectaban y cazaban ya que eran nómadas.

Remontando el pensamiento a mucho antes de la trashumancia de los irritilas en la comarca y de la llegada de los europeos a México, es decir, pensando en que la humanidad había bajado del norte del continente desde el Estrecho de Bering aceptemos que los irritilas descendían de aquellos emigrantes. Luego, antes de la Conquista habrían sido conocidos con el nombre de chichimecas y, posteriormente así llamados, se integraron al mestizaje del español y el náhuatl.

Se llamó chichimecas a irritilas, zacatecos, guachichiles y otros del norte de Anáhuac. En tanto chichimecas, se pensaba, eran nómadas, recolectores y cazadores; nunca habrían sabido asentarse, cultivar, producir, domesticar. Sin embargo, recientemente, sobresaliendo gracias al quinto centenario de la llegada de los europeos al ahora México, de la Conquista y de la caída de Tenochtitlan, ha circulado con mayor insistencia la teoría de que los chichimecas son muy importantes en la historia nacional porque habrían contribuido mucho a la grandeza de las culturas del centro.

Están en el origen de esas prodigiosas culturas, ya que se han encontrado en el gran Teotihuacan y sus alrededores figuras grabadas en la piedra muy semejantes a las de Chalchihuites, localidad que fundaron los chichimecas en lo que ahora es Zacatecas.

Los más que nómadas irredentos, trashumantes exploradores chichimecas, llegaron a organizar importantes poblaciones en su camino hacia el centro de lo que ahora es México. Se citan como ejemplos las zonas arqueológicas de la mencionada Chalchihuites y La Quemada, en Zacatecas. Las habrían fundado siglos antes de la era cristiana de modo que por efecto de su trashumancia se les ubica también en el área de una importantísima cultura prehispánica llamada Chupícuaro, en Guanajuato, la que floreció desde 500 años a.C.

En Chupícuaro se encontró una vasija de estrechísima relación con las culturas de más al sur y aun de la gran Tenochtitlan. Es una copa alfarera en cuyo fondo se aprecia el estilizado conjunto de un águila de alas desplegadas con una serpiente a la altura de su cabeza. Es una bella prefiguración del escudo nacional.

En representaciones posteriores al águila se le ve sobre el nopal, en la tierra rodeada de agua. Esa figura chichimeca de Chupícuaro reaparecería y permanecería a lo largo de la historia. Todavía al principio del siglo XX se impone con las alas desplegadas; ahora, como la conocemos, de perfil.

Los chichimecas se esparcieron por lo que ahora se conoce como Mesoamérica y se mezclaron con los residentes mesoamericanos; contribuyeron al florecimiento de las culturas locales y participaron de las declinaciones. Vivieron los imperios anteriores al azteca, asistieron a los auges y a las decadencias de los desarrollados poderes del centro del ahora México y sus alrededores.

Un interesantísimo estudio de Jesús Evaristo Sánchez, que ha alimentado mis párrafos anteriores, encuentra la dinámica presencia chichimeca en Culhuacan, Tula, Otompan y en las grandes culturas cercanas a la actual Ciudad de México. Ubica en 1230 el dominio Chichimeca-Acolhua-Tepaneca. Según las teorías del destacado investigador se puede pensar que los chichimecas tuvieron origen en el mítico Aztlan y fueron mexicas de las culturas anteriores a la conquista del imperio azteca.

La potencia de los antiguos irritilas, de los zacatecos y de los guachichiles (chichimecas todos) contribuyó a crear pirámides, recintos, esculturas, pinturas, armas, ornamentos, códices, vestiduras, usos y costumbres que han causado y causan asombro.

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