En pos de la cobertura sanitaria universal
Salud

En pos de la cobertura sanitaria universal

Enfrentar problemas de salud sin lacerar al bolsillo

La idea detrás de la cobertura sanitaria universal (CSU) es sencilla de explicar: cada individuo recibe auxilio médico sin correr el riesgo de empobrecerse para cubrir las facturas médicas.

Se trata de integrar y ofrecer a la población los servicios esenciales de salud, entiéndase promoción, prevención, tratamiento, rehabilitación y cuidados a largo plazo.

En síntesis, podemos verla como una estrategia de salubridad dirigida a garantizar que todo mundo tenga acceso a la atención sanitaria básica que ataja causas importantes de morbilidad: la proporción de enfermedad de una población en un tiempo determinado; y mortalidad: frecuencia del número de defunciones ocurridas en una comunidad.

Requisito irrenunciable de la CSU es que la calidad de la asistencia prestada sea suficiente para mejorar la condición de los pacientes.

GASTOS EN SALUD

Casi la mitad de la población alrededor del mundo no cuenta con acceso integral a los servicios de salud elementales.

Se estima que hay cerca de 100 millones de personas en extrema pobreza.

Una razón de esa precariedad es el gasto de salud, el dinero que sale del bolsillo cuando se carece de seguridad social.

Cerca del 12 por ciento de la gente gasta al menos una décima parte de su presupuesto familiar en recibir atención clínica.

La comunidad médica tiene claro que deben establecerse mecanismos para proteger a los individuos de las consecuencias financieras que conlleva el pago de los servicios de salud.

No es inusual que un padecimiento afecte, primero, el dinero destinado a gasto corriente, y luego, los ahorros.

A veces, en aras de restaurar la salud del aquejado se venden bienes o se piden préstamos.

Todas esas opciones para fondear tratamientos, medicamentos, recursos clínicos en general, llegan a destruir las opciones de futuro de las personas y hasta de sus hijos.

SOLUCIÓN

La atención primaria de salud es una estrategia que, donde se ha implementado, ha arrojado buenos resultados.

Se centra en organizar y consolidar el sistema sanitario para que la gente acceda a servicios que favorezcan su bienestar en función de sus necesidades y preferencias, de forma rápida y en su entorno próximo.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), un nivel de primer contacto de calidad puede atender hasta el 90 por ciento de las necesidades sanitarias de la población a lo largo de su vida.

Avanzar en esa dirección exige subsanar un nutrido déficit de personal sanitario.

A nivel mundial se estima que hacen falta al menos 18 millones de profesionales de hábitos blancos para alcanzar la cobertura universal.

La prestación de auxilios esenciales requiere trabajadores capacitados y competentes, que reúnan habilidades y conocimientos indispensables.

Además, se requiere que estén repartidos de forma equitativa, que reciban apoyos adecuados y que laboren en condiciones dignas.

Lo deseable es que los sectores público y privado inviertan para formar a esos trabajadores y ofrezcan puestos de trabajo en el sector.

AVANCE

Muchos países están decididos a alcanzar la cobertura sanitaria universal.

Los esfuerzos, sin embargo, fueron afectados, como la vida en general, por la pandemia de COVID-19.

En este rubro, el virus afectó la capacidad de los sistemas de salud para prestar servicios de manera ininterrumpida.

Otros frenos de camino a la CSU son las dificultades de los gobiernos para responder a la creciente necesidad de atención médica de la población y el aumento de los costos de los servicios sanitarios.

Sin embargo, la comunidad médica internacional considera que pueden adoptarse medidas para obtener progresos rapidamente, o bien para mantener los logros alcanzados.

¿Qué se necesita? Fortalecer el sistema de salud y establecer estructuras sólidas para financiar la cobertura, como destinar una porción innegociable de los ingresos por impuestos a la prestación de auxilio clínico.

Cuando el ciudadano paga la mayoría de los gastos de salud de su bolsa, el que es pobre se ve incapaz de obtener muchos de los recursos medicinales que requiere.

En un momento dado, hasta los individuos pudientes llegan a atravesar dificultades económicas al enfrentarse a una enfermedad grave o de largo aliento.

RETO

La pandemia confirmó algo que ya sabíamos y que muchas veces pasamos por alto: el personal sanitario realiza una invaluable labor, a veces en contextos de suma complejidad.

En un aspecto relacionado, quedó en evidencia la importancia de inyectar más recursos al ámbito clínico.

La cobertura universal es un reto con mayúsculas.

No sólo consiste en determinar qué servicios (consulta, tratamiento, rehabilitación, cuidados paliativos y demás) están cubiertos.

También deben diseñarse modos eficientes de financiar, gestionar y prestar los auxilios sanitarios.

Se precisa un cambio radical en el modelo con el fin de asegurar que los servicios elementales estén integrados y centrados en las necesidades de los individuos.

Debe fomentarse que la atención clínica se preste en el contexto más apropiado y que haya un equilibrio en la atención a pacientes internos y externos.

También hay que fortalecer la coordinación de las entidades (y sujetos) encargadas de tratar a los enfermos.

MÉXICO

El sistema de salud en México, y en esto coinciden varios diagnósticos (sino es que todos) enfrenta problemas de gran calado.

Si pensamos solamente en establecer la CSU, deben enfrentarse la fragmentación institucional, la falta de cobertura, dificultades financieras, una infraestructura deficiente, el recurrente desabasto de medicamentos e insumos.

Otros obstáculos son las limitantes presupuestales y los costos crecientes de mantener el sistema sanitario.

No es descabellado afirmar que el derecho a la protección de la salud está limitado.

Varía según si la persona tiene o no seguridad social.

La protección al alcance de un asalariado registrado es, con los asegunes propios de instituciones como el IMSS, mucho mayor que la de un trabajador informal, por ejemplo.

Cabe mencionar que antes de la pandemia, en nuestro país había más de 30 millones de personas en la informalidad laboral.

Se estima que más del 80 por ciento de la población mexicana está afiliada a algún servicio de salud. Los más nutridos son el Seguro Popular, el IMSS y el ISSSTE.

Sin embargo, todavía estamos lejos de poder afirmar que el derecho a la salud se practica de manera universal, igualitaria y sin discriminaciones.

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