Las piscinas de David Hockeney
Arte

Las piscinas de David Hockeney

El artista y la simbología del agua

En noviembre de 2012 salió a la venta Born To Die: The Paradise Edition de la cantante, compositora y poetisa estadounidense Lana Del Rey. La portada del disco es justo lo que se esperaba de Lana en aquel momento: una figura femenina sensual y glamorosa con los brazos descubiertos y bronceados bajo un pseudónimo sacado de la cultura popular estadounidense en letras doradas. La música de Lana en aquella era parecía esforzarse sin parar en arrastrar a los oyentes a una fantasía de la que no muchos han salido cuerdos, ni en ese momento, ni en los salvajes años 20, cuando California comenzó a promoverse como un paraíso terrenal donde, sin embargo, emana drama suficiente para alimentar en lo básico a Hollywood: desde el romance, la aventura, el horror, la violencia y el exceso. La portada del álbum muestra a Lana, además, de espaldas hacia una piscina flanqueada por palmeras y se sugiere una vista al vacío, sobre lo que en realidad es la ciudad de Pasadena.

California es todavía un fuerte bastión desde donde se defiende lo que queda del sueño americano, cimentado en los espacios donde se dieron lugar hitos culturales de Occidente, como la fiebre del oro, el nacimiento de la industria del cine (y del periodismo amarillista), el movimiento hippie, el asesinato de un Kennedy y un largo y cinemático etcétera: las ciudades de San Francisco y Los Ángeles. Luego de la Segunda Guerra Mundial, llegaron masas de personas, la mayoría en tren y en automóvil, de todos los espacios comunes y reales de Estados Unidos y del mundo porque alguien (las revistas de estilo de vida y las películas) les dijo que en L.A. toda la gente era hermosa y las calles estaban pavimentadas con oro, aunque algunos sólo vieron potencial en la promesa de una actividad industrial, agrícola y militar vigente y sus salarios decentes, suficientes para lograr comprar una casa de porche y cerca blanca en el Valle de San Fernando, bajo el cielo azul y el clima ideal.

EL PINTOR

David Hockney cumplía con todas las características que un pintor blanco con educación privilegiada debía cumplir para mudarse a Los Ángeles en los 60: estaba hambriento de inspiración, que encontró en las mansiones y hoteles a los que entró; era un inglés que, como otros, sabía aprovechar los días ininterrumpidos de sol agradable en los que muchos otros británicos viven solamente cuando van de vacaciones al sur de Francia o a las islas mediterráneas de España; y era homosexual, cualidad que ha explorado y difundido desde pinturas como We Two Boys Together Clinging (1961), a diferencia de Andy Warhol, que siempre vivió aferrado a su closet, según enfatizan varios medios enterados de sus vidas. El sueño americano que ató por tantos años a David a su estado dorado se aprovechó de otra característica fundamental del artista: su origen en Bradford, una ciudad industrial y regularmente nublada de Yorkshire, que no permitía ser en abundancia a las otras características.

AGUA

Miré hacia abajo para ver piscinas azules por todas partes, y me di cuenta de que una piscina en Inglaterra habría sido un lujo, mientras que aquí no lo son”. Cuenta David sobre la primera vez que llegó a Los Ángeles en 1966 y vio los destellos azules desde la ventanilla del avión.

Las piscinas, como símbolo de glamour generalizado, tan cerca de la capa inmensa e intensa de azul del océano Pacífico, demuestran que el agua como elemento creativo y materia prima jugaron un papel esencial para que Hockney saltara a la fama en su época. La Historia suele ser estricta cuando enseña que el hechizo de las urbes del oeste desértico de Estados Unidos no tendría su efecto sin el agua, como se expresa en la película Chinatown (1974), aunque si no quisiéramos referirnos a la obra de una figura tan nefasta como la de Roman Polanski, otra buena opción para conocer el protagonismo que puede tener el agua en un paraíso construido sobre el capital la tiene Gary Krist en su libro de 2018, The Mirage Factory: Illusion, Imagination, and the Invention of Los Angeles.

A los 30 años, David era un artista muy disciplinado. Trabajaba con los estándares que fijó en Bradford School of Art y que refinó posteriormente durante su paso por la prestigiosa Royal College of Art, formadora de otras celebridades como Ridley Scott. La serie de pinturas con el concepto de las piscinas como portales de luz y libertad que pudo ver el mundo en los años 60 se convirtió en un evento respetado en la historia del arte gracias a, entre otras cosas, las estrategias de las que se valía para componer su obra, involucrado, hasta hace poco, el uso de la cámara fotográfica para ensamblar elementos de unas y otras hasta lograr escenarios idílicos, también dominaba el acrílico, técnica novedosa en el momento, que terminaría por ligarlo para siempre al canon del pop. La dedicación e ingenio de Hockney parecía contrastar con los escenarios de su serie de piscinas, reinados de la buena vida y el dinero, pero como él mismo lo creía: un artista puede pregonar el hedonismo, pero no se puede permitir ser hedonista.

Definía el agua como un problema formal de representar y describir porque, según sus palabras, el agua puede ser cualquier cosa. Todo el mundo puede estar debajo de cualquier cosa.

Sunbather (1966), es quizá la obra que cumple con el propósito de exponer la belleza de las ondas de la piscina, tal como el autor la percibía. Se resalta en acrílico el movimiento ondulatorio del agua en relucientes líneas blancas que suponen ser blancas, amarillas y púrpuras sobre el azul uniforme que evoca frescura, mientras un bañista desnudo y bronceado da la espalda al sol encima de su toalla blanca.

La serie incluye otras obras, más debatidas en lo referente a su mensaje y calidad, como The Splash (1966) y A bigger splash (1967). En ambas, las protagonistas son las salpicaduras de agua hechas columnas, provocadas por un peso, tal vez una persona, que se arrojó sobre el agua, probablemente desde un trampolín, presente también en ambos títulos. Las piscinas donde ocurren ambas salpicaduras pertenecen a los bloques de grandes puertas, ventanas de cristal y paredes delgadas que describen la más moderna y arquitectura residencial de los 60’s, con sus algunas palmeras delgadas y cactáceas como decoración.

Peter Getting Out of Nick's Pool (1966) y un cartel para los Juegos Olímpicos de Munich de 1972 también muestran el esmero sobre el detalle de las ondas del agua y a un bañista desnudo que supone ser Peter, saliendo de la piscina de quien supone ser Nick. Las historias detrás de los cuadros en los que aparecen personajes sacados de la vida real, suelen ser buen material para entretenerse y conmoverse e impactarse. David aprovechó al máximo la bendición que representa el agua para su ciudad de ángeles, y con ello, vivió el drama equivalente al precio que conlleva instalarse ahí.

DOS FIGURAS

Portrait of an Artist (Pool with Two Figures) (1972) es una de esas pinturas que bien pudo ser evocada por Ryan Murphy en The Assassination of Gianni Versace: American Crime Story (2018) por la atmósfera hedonista y lujosa de las costas cálidas y caras de Estados Unidos que sostiene, el culto a la moda, al cuerpo, a la personalidad. La narrativa gay y el éxito comercial de la pintura la han llevado a ser inspiración de homenajes y parodias brillantes, en los medios y en la conversación que suscita en las exposiciones donde se presenta.

Bajo la superficie del agua de la piscina con sus ondas perfectas y sus colores frescos hay un nadador que lleva puesto lo que parece ser un bañador blanco, tiene los brazos y las piernas acomodadas al estilo de nado de pecho y parece que está por llegar al borde de la piscina. Cerca también del borde, pero en el exterior, se encuentra un hombre rubio con pantalón blanquecino y chaqueta de color salmonesco, mira hacia el nadador. La vista de lo que parece ser la terraza que da lugar a los personajes, está privilegiada por colinas verdes y brillantes, cubiertas de vegetación bajo el infaltable cielo azul, todo en acrílico.

Se trata de la segunda versión de la idea original de Hockney, ya que el primer escenario del que se inspiró en 1971 tenía algunas variaciones, por ejemplo, el nadador era una figura distorsionada bajo el agua, mientras el observador era un niño que se encontraba cerca, mirando algo en el piso. La casa de subastas Christie’s informa que David destruyó la primera versión. Luego de eso, en 1972 viajó a Saint-Tropez, en el sur de Francia, donde tomó cientos de fotografías en ambientes paradisíacos con piscinas que después ensambló en Londres para trabajar en el retrato, según se dice, dedicaba 18 horas diarias al cuadro. La figura observante de chaqueta terminó siendo su célebre y desafortunado amante, Peter Schlesinger.

Cuando David llegó a Los Ángeles, no tardó mucho en encontrar trabajo como profesor de dibujo en la UCLA, donde tuvo un noviazgo intenso con su alumno, un Schlesinger diez años menor, cuya captura para ensamble con la cabeza cabizbaja, su chaqueta y sus pantalones no fue sacada de los alpes marítimos franceses, sino de Kensington Gardens, bajo llovizna londinense. Hacia 1972, cuando el lienzo de cerca de dos metros de alto y tres de largo estaba siendo terminado, la relación entre maestro y alumno, novio y novio, estaba muriendo también, aunque el final llegó hasta 1973. Sería una negligencia cultural no preguntarse por el significado detrás de uno de los trabajos más costosos de la Historia: la versión más aceptada indica que Peter Schlesinger veía en el nadador deforme bajo el agua a un nuevo interés romántico llegando a la vida de David.

Subastada en 90.3 millones de dólares; merecedora de un documental/drama a cargo de Jack Hazan, A Bigger Splash (1973) sobre piscinas, arte y rupturas sentimentales; y la fascinación ininterrumpida del público, esta pintura sobre dos figuras es la más célebre en relación con los mensajes que David enviaba a los protagonistas de sus historias románticas, y una de las que mejor evoca los sentimientos de soledad, distancia y contradicción que se experimentan cuando alguien a quien amamos se va, más aún después de rompimientos anunciados y prolongados.

EN DEFENSA DEL PARAÍSO TERRENAL

Hacia el siglo XXI, los vientos de Santa Ana, con mucha ayuda de la actividad humana, incendian los bosques californianos cada año, las personas sin hogar aumentan bajo los puentes luego de que cada día es más caro vivir en las grandes ciudades, en las icónicas del estado dorado, mientras las estrellas se van del mundo de Beverly Hills por temor a la prensa, a los turistas extranjeros y a los impuestos. En esta realidad, una compositora de un pueblo que en el futuro llegó a Los Ángeles y se convirtió en Lana Del Rey se sumerge en una piscina y nada hacia el borde mientras Bradley Soileau la mira desde la orilla, el mundo es en blanco y negro y un cocodrilo acompaña a la cantante hasta el final de los tiempos, como se dice en la letra de Blue Jeans.

En la década de 1960, California no era del todo mejor: las enfermedades de transmisión sexual, la segregación racial o la violencia contra los hippies y feministas eran anunciadas por la radio, mientras David Hockney vivía entre aviones del LAX al JFK a los aeropuertos de Europa y se mataba trabajando en pintar los elementos y espacios que lo salvaron de una vida menos interesante en su Bradford, cerca de donde, de cualquier forma, regresó a comprarse una casa. Actualmente, hace dibujos espectaculares en iPad, ha superado su propia marca personal en la técnica del collage y, desde hace tiempo, se sabe que celebra la cámara Polaroid y le rinde culto.

Los artistas se expresan, se suele decir en los museos que exhiben en su obra la realidad en la que viven o vivieron, sin embargo, ¿tienen o no derecho a distorsionar por lo menos un poco la realidad? Si no pudieran, si la cultura no pusiera piscinas entre un mundo que se quema, la aspiración no sería una cualidad en el sistema donde se fabrican los sueños de la humanidad. Viendo a través de los colores de van Gogh o las figuras de Picasso, influencias reconocidas de Hockney, podemos entender sus piscinas, aunque también podríamos entenderlas a través de las Kardashian y de la narrativa de Dr. Dre.

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