Padres y madres narcisistas
Familia

Padres y madres narcisistas

Aires de superioridad en el entorno familiar

La figura materna y la figura paterna nunca pasan desapercibidas por las vidas de todos los seres humanos. Su objetivo, en teoría, es preparar a quienes fungen como hijos para ser y hacer el bien en la sociedad. Las figuras paternas y maternas son universales, por lo que los padres y madres suelen ser queridos, respetados y alabados en todo el mundo. Aún con las variables culturales evidentes, el modelo socio afectivo que involucra respeto, amor y honor familiar en la costumbre japonesa no dista mucho del que existe en México, por ejemplo.

Infelizmente, el ser humano tiende a planificar teorías y estructuras perfectas en su carrera permanente contra sí mismo por lo que entiende por su ideal de bienestar, y por lo tanto ha sido siempre incómodo, si no, complicado, conversar sobre aquello que anula la perfección en lo que debería ser perfecto, como la paternidad y la maternidad. Quienes se dicen padres y madres pueden causar sufrimiento, inseguridades y trastornos en sus hijos por situaciones que no se notan a primera vista, y que no han sido exploradas hasta hace realmente muy poco y que, encima, se replican; una de ellas es el narcisismo.

No todas las personas son criadas por sus padres biológicos, pero todos, por mera necesidad antropológica, conciben figuras que cumplan la función de madres y padres. El debate por definir quién realmente merece ejercer la crianza con esos títulos ha sido amplio, en México se suele decir que “padre no es el que trae al mundo, es el que cría”, mientras otros defienden que el vínculo entre los hijos y sus progenitores es tan sólido (y a veces hasta sagrado) que no hay manera de que otras personas puedan llamarse así sino participaron en la concepción. La buena noticia es que lo relativo al desarrollo integral y adecuado de los hijos ha ido evolucionando en conceptos enfocados en su bienestar social, cultural y emocional: la crianza respetuosa, el manejo asertivo de las emociones y la distribución del tiempo de calidad, por lo que la biología puede no ser siempre relevante a la hora de formar individuos y cubrir las necesidades de estos.

El psicoterapeuta existencialista estadounidense Irvin Yalom explica que existe un miedo primordial al “no ser” en todos los seres humanos, se resume en “si no me miras, yo no existo”, y se puede observar en los parques cuando los niños le gritan a su padre “¡mírame! ¡mírame!” antes de deslizarse intrépidamente por la resbaladilla, o en los festivales de las escuelas primarias cuando los alumnos que han preparado por semanas su acto buscan entre el público a su madre que aún no ha llegado al colegio. Cuando la búsqueda de aprobación se cruza en el camino de padres narcisistas, hambrientos de expectativas cumplidas y control, se abre un camino directo a nuevas heridas de la infancia, rencor y, en consecuencia, comunidades más disfuncionales.

ESPEJO

Las personas narcisistas usualmente desarrollan el trastorno a muy temprana edad y conviven con él hasta el final de sus días, el proceso no debe ser tomado a la ligera puesto que “el resto de una vida” involucra relaciones académicas, laborales o familiares, generando situaciones difíciles para todos los implicados expuestos a narcisistas. Cuando un padre o una madre narcisista sostienen sobre los brazos a su hijo y lo ven fijamente, eso es como un espejo: el narcisista se sabe como un ser con extrema necesidad de atención y como poseedor de un gran sentido de importancia propia en su reflejo, y sabe que el bebé tendrá como destino cubrir esas necesidades sin demasiadas oportunidades de escapar en el futuro cercano. La infancia es una de las etapas en las que es más fácil. Además de apropiadamente necesario, estar bajo el control de alguien a quien se reconozca como superior y como proveedor, los narcisistas de eso, sólo entienden que tendrán dominio sobre sus hijos.

Cuando Freud pretendió explicar la homosexualidad en Un recuerdo infantil de Leonardo DaVinci (1910), aseguró que el amor de un hijo por su madre debe ser reprimido en cierta etapa del desarrollo, sin embargo, si se le preguntara a unos padres narcisistas hoy en día, probablemente no admitirían que si un hijo los deja de querer, amenazarían con arrojarse de un octavo piso sólo para intentar recuperar el afecto del que alimentan su trastorno. Siendo menos drásticos, los hijos no siempre llegan a dejar de querer a sus padres, pero con el tiempo se vuelven autosuficientes, luego independientes y, en la mayoría de los casos, llegan a cubrir las necesidades de sus propias familias. Para los padres narcisistas, es siempre necesario tener a sus hijos a su sombra, y la lejanía e independencia puede llegar a percibirse como una severa amenaza para el reflejo en el estanque de Narciso que se ha proyectado y trabajado con determinación.

El patrón del espejo se manifiesta cuando los padres narcisistas no permiten a sus hijos tener un criterio propio sobre el rumbo de sus propias vidas, algunos especialistas lo han llamado “vivir a través de”: los médicos que quieren que sus hijos además de ser médicos, sean los mejores o las abogadas que no permiten que sus hijos evidencien un estilo de vida poco glamoroso porque ellas no se lo permiten así mismas; y demás situaciones que ejercen presión y provocan inseguridades en individuos en busca de su propio camino e identidad. Lo peor para un hijo que vive atado a la tiranía de padres narcisistas, es que estos buscarán comunicarle al resto del mundo que “nosotros somos mejores que los demás”, pero a solas, el padre o la madre narcisista le comunicará “entre tú y yo, yo siempre seré mejor y tendré más razón”.

ATENCIÓN

Sería erróneo pensar que los padres y madres narcisistas no aman a sus hijos y que, en concordancia con la reseña dramática del amor paternal, no darían la vida por ellos. Sucede que los narcisistas pueden llegar a creer genuinamente que son sumamente generosos y benevolentes con aquellos que aman, a quienes muchas veces ahogan con cuidados excesivos o les distorsionan la realidad con esperanzas poco realistas de la vida, sólo para no culparse si algo sale mal: si al final el hijo resultó no ser un político brillante a quienes todos aclamarían, por ejemplo. Entonces la culpa pasa a los demás y el narcisista se protege en su propia versión de la razón. ¿Hay forma de lograr que mis padres dejen de ser así?

La autora y experta en terapia cognitiva Wendy T. Behary, mencionó en 2015 para el medio The Huffington Post que menos del 1 por ciento de la población en el mundo es completamente narcisista, lo cuál puede sonar bastante alentador, pero por otro lado, tan solo entre un 2 y 16 porciento ha acudido a un especialista para tratar su trastorno. El narcisismo es hábil, y hasta hace poco se había escondido muy bien de la atención de los medios globales que podrían catalogarlo como una condición peligrosa, a diferencia de la depresión o de la mayoría de los trastornos alimenticios.

La búsqueda de ayuda podría definirse como un derecho de todo quien la necesite, pero como todo lo que tiene que ver con salud mental, no es sencillo comenzar. Un padre o una madre narcisista muy difícilmente se convencerá por sus hijos de recibir ayuda, considerando que los hijos se atrevieran a sugerirlo, sin temor al escándalo y rencor que pueden desatar en el corazón de sus padres.

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