Duna
Cine

Duna

Una experiencia fílmica sensorial

Esta era post-COVID-19 ha puesto en marcha esa visión borrosa que tenemos de sucesos en el pasado y levanta una ola ansiosa de dudas en cuanto al futuro. Ha puesto en conflicto nuestras capacidades para comprender el poder de la tecnología y del desarrollo de tensiones geopolíticas así como nuestras formas de organizarnos y de relacionarnos con los demás. Gracias a esto, se revisitan las realidades que habitan en nuestros sueños, las que aparecen al observar las estrellas y las que se materializan a través del arte. Es esta una realidad que reacciona y se manifiesta debajo de la superficie, más allá de lo tangible. Sumergirse requiere una resignificación de lo material, de lo físico. No para perder su sentido, sino para cerrar el círculo que rodea las múltiples formas de existir.

El cine es una expresión artística que ejecuta el lado inmaterial de nuestra existencia y trae a la luz diversas interpretaciones de la realidad. Esto no es únicamente gracias al poder narrativo del cine, lo es también por la experiencia sensorial que deja. Son los aspectos audiovisuales del cine precisamente los que abren oportunidad a un puente de flujo creativo. El cine de ciencia ficción es capaz de transportarnos a un mundo nostálgico como un sueño colectivo pero a la vez un mundo lejano, misterioso y tan futurista que causa choques bizarros con nuestra realidad. De igual forma es capaz de articular hasta los escenarios más masivos y los eventos planetarios más destructivos, con desarrollos individuales y personales dentro de una trama. Es así la conexión entre el cosmos y el sujeto que logra construir el cine sci-fi. El rápido crecimiento de nuevas tecnologías en el cine fantástico junto con una revisión de los códigos del cine, han traído una nueva adaptación de la novela Duna, escrita por Frank Herbert en 1965, a los confines de esta era post-COVID. El libro fue un semillero en el género de la ciencia ficción que influyó dentro del mundo artístico: la creación del universo de Star Wars y de los cómics del sci-fi más importantes. Es una obra de escala cósmica compleja, articulada en formas de vida organizadas a un nivel de extremo detalle.

TRAMA

La historia de Duna comienza en el año 10191. El duque Leto de la Casa Atreides, una de las casas más influyentes en la galaxia gobierna el planeta oceánico Caladan. Su hijo, heredero de la Casa Atreides, fue entrenado en diversas ciencias como la espiritualidad y el combate, pero sin dudar de su destino y habilidades. El duque es asignado por el emperador para reemplazar a la poderosa Casa Harkonnen como gobernante de Arrakis, un planeta desértico hogar de la especie “Melange”, el recurso más importante en la galaxia. La especie es una sustancia psicoactiva que extiende la vida humana y es fundamental para el viaje interestelar.

Dentro de esta mina de oro desértica existen los Fremen, nativos de Arrakis, oprimidos por cientos de años por la Casa Harocken y poseedores de habilidades escondidas bajo la arena. La saga original de Dune, se prolonga durante miles de años a lo largo de seis novelas. Arrakis es el escenario en el que se desenvuelven tensiones políticas opresoras, desastres ecológicos y avances espirituales. En este territorio existe la tensión entre explotación económica y desarrollo espiritual o expresada también esta relación como política versus espiritualidad o estrategia versus desarrollo personal. Es un territorio de resignificación entre lo material y lo intangible expresado como un escenario colonialista y económico. Han pasado ya más de cincuenta años de este escrito y los cineastas siguen ansiosos por una interpretación en el cine que refleje su complejidad literaria. ¿Será que la nueva era del cine señala la posibilidad de un puente que conecte el flujo creativo que ronda en las palabras de un libro a las realidades audiovisuales de un filme?

Dennis Villeneuve es la llave de este puente gracias a su estilo audiovisualmente reconocido. Películas como La Llegada (2016) y Blade Runner 2049 (2017) son ejemplos de su técnica visualmente transportadora. Tiene un estilo en el que el mayor glamour de su cinematografía reside en los momentos más tensos y avecindados. Gracias a esto, se balancea el uso de las secuencias de acción y combate para no abrumar la llegada de poderes de máxima escala como por ejemplo los peligrosos gusanos desérticos o los combates íntimos y simbólicos de Duncan Idaho o Paul Atreides. Este director canadiense ha dicho antes que este proyecto es el proyecto de su vida y ha tenido la oportunidad de traducir el mundo fantástico de Herbert en una invitación para perderse en las oportunidades artísticas que existen en el mundo del cine. Lo que hace a Villeneuve especial es ser el intérprete de la ejecución artística del libro. Estas no son las únicas características que hacen de Duna un semillero en el nuevo cine, pero los quehaceres comerciales de este lanzamiento son dignos de reconocer. Su lanzamiento en el cine de las plataformas digitales ha roto las barreras comerciales que fueron antes impuestas por las adaptaciones de Alejandro Jodorowsky (1975 – nunca realizada) y de David Lynch (1986). Su accesibilidad hollywoodense, acerca al público y le brinda una forma de apreciar la grandiosidad y maximalismo a través de las secuencias de acción y combate, antepuesta a escenas más intimas y menos bruscas para los sentidos. En su totalidad, Duna es una experiencia sensorial que capta la simpleza de la creación a una escala inimaginable.

MÁS ALLÁ DE LA HISTORIA

El enfoque de esta película, más allá de desarrollar la trama, reside en articular el mundo complejo de Herbert a través de la experiencia sensorial, auxiliándose en los colores monocromáticos y tanto en la arquitectura como en el paisaje. El uso de la luz natural y artificial crea un fuerte contraste emocional dentro de los diferentes escenarios. Es dentro de la manipulación de los colores y de la luz que se implanta el tono de la película. En cuanto a la trama, Villeneuve muestra gran confianza en el desenvolvimiento de la ópera política dentro de la obra y en el desarrollo personal de los personajes gracias a esa aguda técnica audiovisual que tanto le define como director.

Para lograr un amplio disfrute de esta obra hay que considerar el estilo audiovisual de Villeneuve y estar atento a las reacciones visuales de los personajes dentro del drama, de la mirada enfocada y de los diálogos existentes solamente detrás del poder emocional en el que se expresan los ojos. El análisis de los personajes y sus motivaciones resulta de suma importancia, ya que el desarrollo individual de estos se manifiesta de manera velada y bajo la superficie de los impactantes eventos que suceden en la trama. De igual manera, es importante considerar que Duna es la primera de dos lanzamientos y que esta primera entrega es una introducción al desplome del desarrollo personal que tienen los personajes principales. Por ello, se sugiere mantener los cinco sentidos abiertos para poder escuchar el ronroneo del acompañamiento musical de Hans Zimmer, percibir el calor de la arena y saborear el punzante sabor de la codiciada especie. Una recomendación tanto para apreciar una película de esta escala como para apreciar cualquier producto del cine, es escuchar y ver, no leer, mucho menos subtítulos. El diálogo puede comprenderse incluso de manera inconsciente, pero el coqueteo de luz y la sensibilidad de las miradas son efímeros. Hay que abandonarse a la experiencia y fluir con ella. A lo largo de la proyección puede percibirse un coqueteo entre luz y sombra. La sombra simboliza el silencio, el escabullimiento, la planificación, la creación. La luz simboliza la manifestación, la acción. Estos símbolos se materializan dentro de los confines del palacio, protegidos por los susurros en la sombra. Por otro lado, en el desierto, se materializa el desafío y el despertar y abrir de ojos al mundo duro pero verdadero. Quizá esta película pudiera relacionarse con el estado actual de nuestra cotidianeidad.

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