Miguel Calderón, simbiosis hecha arte
Entrevista

Miguel Calderón, simbiosis hecha arte

Egresado de la San Francisco Art Institute en California, su discurso artístico ha tomado forma de fotografía, instalación, pintura, performance y cine. A Miguel Calderón (Ciudad de México, 1971) le atrae la libertad creativa. En las temáticas plasmadas en su obra conviven la violencia, la dinámica familiar, los límites de la naturaleza humana, su relación con los animales e incluso lo sobrenatural.

Calderón ostenta una filosofía: el arte debe ser accesible para todo público. Teje con habilidad la ironía y la crítica social, aunque no se cree portador de una verdad absoluta. En los años noventa formó parte de una joven escena de arte alternativo en México. También ha incursionado en la música, dice, como parte de un desahogo ante el arte.

Junto a Yoshua Okón, fue cofundador del legendario espacio La Panadería, destinado a la creación del arte contemporáneo en la colonia Condesa de Ciudad de México. Esa urbe le significa al artista en memoria y en sus calles, comenta que le hace sentir como si estuviese en una máquina del tiempo.

En en el cine, su mirada ha filmado Zeus (2016) y Camaleón (2016). Actualmente trabaja en el proyecto audiovisual El balance de las improbabilidades, donde explora los medios catastróficos naturales y los causados por los seres humanos, a través de las vivencias de un ajustador de seguros. Parte del proyecto se expone actualmente en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, dentro de su muestra individual Materia Estética.

Acompañé a un amigo mío que es ajustador de seguros, a ciertos sitios donde han pasado circunstancias. Es como este encuentro de mi trabajo como artista y mi relación con un ajustador de seguros, al cual le interesa el arte y a mí me interesa su trabajo”.

Miguel Calderón filma la segunda parte de El balance de las improbabilidades, en el cual lugares de Coahuila fueron elegidos como locación, entre ellos, las oficinas de El Siglo de Torreón.

Para ti no hay realmente una memoria de cuándo te iniciaste en el arte, porque te resulta algo muy innato, pero recuerdo que por tu capacidad visual, de pequeño tenías ciertas reacciones hacia las imágenes y la iconografía, especialmente con la religiosa. ¿Cómo te relacionabas de niño con toda la iconografía que te rodeaba?

No especialmente con la religiosa, sino con todo: con la televisión, con las caricaturas. Si en específico quieres que hable de la religiosa, sí recuerdo que mi madre siendo judía y que la casa de mi papá era católica, era muy impactante para mí ver la iconografía, ver a Jesús cercano siempre fue una cosa que me impactó mucho. Como niño, si quitamos el aprendizaje religioso que se nos da, ver esta imagen de un hombre sufriendo así, fue bastante impresionante para mí. Pero igual, las caricaturas y las telenovelas que veía con mi mamá también me impactaban mucho. No había una cosa más que la otra, cada una de estas imágenes siguen teniendo cierta presencia en mi trabajo. Recuerdo los dulces, las bolsas de las golosinas se me quedaron muy presentes y recuerdo que en las golosinas venían muchos premios, como juguetes y eso lo recuerdo también con mucha claridad, como algo que enriquecía mucho mi vida y la iconografía de mi trabajo hoy en día.

¿Y en general el paisaje donde vivisite de niño? ¿Esta zona de barrancos también dejó algo en ti?

Sí, por supuesto y sigue siendo muy prevalente. Constantemente, incluso hasta hoy en día, salir a la calle en el centro, encuentras estos espacios llenos de vestigios, donde vivió alguien, pero a la vez hay mucha basura reminiscente de momentos en los cuales estos espacios estuvieron habitados. Y luego, la maleza salvaje, citadina, estas plantas que crecen mucho en la ciudad, que de alguna manera no son consideradas como una plaga, me remontan mucho a estos barrancos que me rodeaban. Hasta la fecha me interesa mucho esta lucha de espacios, de cómo va expandiéndose la urbanidad, pero esta naturaleza también es muy necia y muy fuerte, de plantas urbanas, para mí son muy importante.

Hablando de la Ciudad de México, también has mencionado que la misma urbe en ocasiones te hace sentir que estás en una máquina del tiempo. Dentro de tu obra, de tu creación, ¿cómo te relacionas con el tiempo?

Creo que podemos tomar como ejemplo el rodaje que acabo de vivir, en el cual filmamos 11 días muy intensos, con locaciones diferentes y justo había un juego de tiempo psicológico en mí muy extraño, de pensar en el momento antes de salir, de pensar cómo será cuando yo regrese, si lograré todos mis objetivos. Pienso mucho en un maestro mío, que se llama George Kuchar, que me dejó la máxima lección en la cuestión de hacer cine, que era divertirse. Entonces, me ponía muy nervioso al momento de hacer ciertas escenas. Nunca sabes qué esperas. No generar muchas expectativas ha sido un lema importante, porque tenemos entre menos expectativas tienes más libertad. Literalmente, este viaje que acabo de realizar sí fue como una máquina del tiempo. La cantidad de sucesos que viví en el rango de 11 días, fueron muchos: conectar con gente, con el equipo de trabajo, que no nos conocíamos todos, entender acerca de nuestras vidas personales y convivir tanto, fue una experiencia que de alguna manera tiene eso. Lo que me interesa de hacer estas películas es que se relaciona a un proceso no lineal del pensamiento. Recapitulando en el avión de regreso, porque filmamos de noche y no había vuelos de regreso al día siguiente, mi memoria no podía discernir qué pasó antes, qué paso después. Vas construyendo, es como ir rebanando el tiempo y generando tu propio tiempo. Por eso me apego mucho a esa manera de pensar, que México es como una máquina del tiempo. Conviven tantas realidades en este país, ves cosas tan drásticamente diferentes, que por eso hago esa relación, donde constantemente me siento viviendo en una máquina del tiempo.

Tomando una máquina del tiempo, me gustaría ir al pasado, a tu proyecto Chapultepec, donde te diriges con las personas que hacían pícnic en el Bosque de Chapultepec y les preguntas cuál sería su reacción ante un desastre. Curiosamente todos se tiran al suelo, como si estuvieran muertos, asemejando esas pinturas de Goya. Esta reacción, de que tras el desastre se imagine la muerte, ¿qué te dice?

Mi trabajo no es tanto un análisis o una respuesta, sino es una serie de preguntas. Así funciono yo, formulando preguntas. No me gusta ser una persona que dicta una realidad o que dicta un discurso. Digo, siento que tengo un discurso, puedo definir, platicar ciertas cosas que pienso. Pero, sobre todo esa serie fue un gran experimento. Yo no tenía una agenda de voy a hablar acerca de, menos aún de la muerte. Era más bien hablar de la vulnerabilidad, era hacer un experimento de interacción con otras personas con las que interactuaba continuamente. Entonces, yo vivía en lugar muy cerca del parque, en la colonia Daniel Garza, muy violenta, sin duda. Mi manera de tomar aire era cruzarme al parque de Chapultepec. Y el trayecto de ahí al parque era complejo, cruzar Constituyentes, era una calle muy violenta. Pasan muchos camiones, hay mucho humo y nadie se para. Ahora hay un puente, pero antes no había. Llegar a Chapultepec era como toda una hazaña. Entonces, empecé a acercarme a estas personas a preguntarles. Era una cosa más instintiva que preplanificada. Evidentemente, al principio todo mundo me rechazaba, me tenían miedo y desconfianza. Y yo trabajaba con Daniela Pérez, quien luego fue curadora del Museo Tamayo. Le pedí que me ayudara con el proyecto y fue muy curioso, chistoso, que cuando ella se les acercaba la recibían con otra actitud mucho más amable y estaban dispuestos a ayudar, a diferencia de cuando yo me acercaba a ellos. Empezó a acercarse a la gente, a decirles que estábamos haciendo un proyecto y que si podíamos tomarles una foto actuando con su reacción hacia el fin del mundo, o como si hubiera habido una catástrofe. La reacción era igual, todas se tiraban al piso. Para mí era importante, a pesar de ser un proyecto de alguna manera performativo, siempre fue importante para mí mantener una estética muy visual y fotográfica, de mi formación, de ver estas pinturas clásicas. Fácilmente pude haber documentado toda la acción como un performance, pero era importante para mí que cada foto tuviera un valor como tal y que se transformara como una obra como tal. En la que sí pueda darte una explicación, pero a lo mejor no. Y se me hace importante que mi trabajo (no hablo por el trabajo de los demás, me gusta mucho que el arte no tenga reglas, que uno no puede definir cómo debe o tiene que ser), que esta obra, sin necesidad de una gran explicación hablara por sí sola y tuviera un poder atractivo de estar montada en un espacio, que cada persona pudiera acercarse, verla, que tuviera cierto magnetismo.

En un ensayo sobre Goya, el filósofo José Ortega y Gasset hablaba sobre estos sujetos que “saben de arte”, sobre que en el arte siempre se pide respuesta para todo. Decía que “el hombre que sabe de arte” era más bien una figura utópica. ¿Concuerdas con esta idea?

Como te digo, yo no siento que exista una regla de cómo debe de ser. Más que concordar (porque concuerdo), para mí a veces es un poco frustrante escuchar a la gente decir que necesitan estudiar tal cosa o leer para entender una obra. Mucho tiempo hice música, toqué rock. Lo hice también porque me daba oxígeno ante el mundo del arte. Para mí era muy liberador estar enfrente de gente que reaccionara directamente ante mí. Me han llegado a escupir, a celebrar, a aplaudir, a cantar canciones mías, a abuchear, pero me gustaba mucho esa reacción. Yo sé que el arte es diferente, que uno en un museo o un espacio, institución o una galería, tiene una experiencia más íntima con la obra, pero no creo que sea requisito que la gente piense: “Oye, pero tengo que estudiar tal y tal cosa para entender esto”. Creo que es importante que la gente también se base en sus instintos para apreciar algo. Hay diferentes gustos y no espero que lo que hago le guste a todo el mundo.

Otro que abordaba a Goya, e incluso tiene una película sobre él, es Carlos Saura. El cineasta español ha dicho que el cine es el arte total que envuelve a las demás artes. Para ti, ¿qué es el cine y cuál es tu interés en el séptimo arte?

Hay muchas vertientes que me interesan. Una de ellas es haber crecido con un medio como la televisión y tenerlo tan de cerca, se me quedó querer contar cosas. Tuve un proceso muy largo y muy conflictivo entre hacer cine, hacer arte, hacer música. En algún momento pensé brevemente estudiar arquitectura. Sabía que iba a hacer algo creativo, sabía que iba a hacer arte. Primero que nada, se me hace que el cine es el medio artístico que más se acerca al proceso de la memora. Eso me interesa. Y para mí, hacer cine se ha vuelto un exorcismo para también poder hacer arte. En algún momento me encontré en una disyuntiva: “Bueno, ¿y qué vas a hacer?”, como estas cosas de definición que me pesaban mucho en los ochenta y en los noventa, como esta gente que veían la confusión como algo malo. Yo pienso que la confusión es algo bueno, es un motor para poder reflexionar, pensar, analizar las cosas y había esta presión de definir lo que yo hacía. Sentía a fuerzas que tenía que hacer arte. Toda m obra era también un intento de querer contar una historia. El poder finalmente contar historias y trabajar con este medio que me permite jugar mucho más con la memoria, con la idea del tiempo, ya sea lineal o no lineal, fue una liberación y he encontrado que hacer estas películas, constante y continuamente, es lo más saludable para que yo pueda continuar haciendo arte. Me libera de querer contar una historia donde no se puede contar de la misma manera que haciendo cine.

En tu película Zeus (2016), abordas la simbiosis entre los seres humanos y los animales. Al igual que el protagonista, tú también tuviste un halcón llamado Zeus en tu infancia. ¿Cómo expresar esta simbiosis a nivel fotograma?

Realmente he sido muy abierto: Zeus fue un fracaso para mí, fue una película incómoda, fue una película donde no tuve la libertad que tengo continuamente. Justo cuando acabé Zeus tuve que exorcizarme y trabajar por medio de la manera que mejor me acomoda, con bajo presupuesto, un equipo chico. Y realmente son películas con muy bajo presupuesto, lo cual las hace incómodas en otros aspectos. Con incómodas me refiero a que tengo la libertad que quiero y tengo que adaptarme más a lo que me ofrece la realidad. No puedo escenificar tantas cosas. Es como, llega algo más y lo aprovecho al máximo. Camaleón es una película que habla más de manera documental. Zeus es una película donde quería abordar el tema de la relación entre una madre y un hijo, el cual está obsesionado con su halcón y quiere sobrevivir prácticamente con lo que caza el halcón, como que está infeliz con su vida. Pero, bueno, al final acabé haciendo Camaleón y para mí fue un acercamiento más fiel a esta cuestión, que me interesa tanto, de la relación que nosotros como humanos tenemos con los animales. Es también una cosa que me ha interesado mucho, porque de niño no sólo tuve una relación muy cercana a un halcón, por coincidencias muy extrañas que se dieron, sino que también tuve muchas mascotas que conseguía en el mercado de Sonora. Y me ayudaron mucho a sobrellevar mi existencia. Había mucha, no sola violencia, sino… mi infancia era muy incómoda, mi adolescencia también. Por medio de estos animales generaba relaciones simbióticas. Creo que como seres humanos tenemos esta tendencia a excluirnos, a dividirnos, a creernos una especia aparte, pero para mí es muy importante abordar en mis proyectos y subrayar qué tan importante está todo entretejido, nuestro entorno biológico, y es un tema que será continuo en el resto de mi vida.

En estas relaciones del ser humano, cuando se siente una especie aparte, me recuerda a tu serie fotográfica Evolución del Hombre (1995). Conforme se evoluciona, crece su interés en el armamento. ¿Crees que eso también es un aspecto innato en nosotros?

Esa obra, con un sentido del humor, la hice en un contexto de estudiar el Museo de Historia Natural. Es un lugar al que fui mucho de niño. Iba, ya sabes, uniformado, de la escuela. Para mí es como una reliquia ese museo. Yo no lo tocaría hoy en día, dicen que lo quieren remodelar, yo diría que no, yo digo que es un testamento de cómo concebíamos a nosotros mismos en los ochenta, en los noventa. Entonces, para mi, ir a ver este espacio tantas veces de niño, donde te enseñan que los seres humanos éramos así, con estos dioramas caricaturescos, con animales disecados de tal manera que, cuando regresé de adulto los vi y me parecieron cómicos. Muchos animales, ya disecados, tenían sonrisas, como manipulación del ser humano. Entonces, esta obra de la Evolución del hombre, surgió a partir de ir tanto a ese espacio. Y cuando era niño había unas cosas que se llamaban monografías. Había una que llamaba mucho mi atención, que era sobre la evolución del hombre. Y había un primate que acababa con un francés, con su pipa, como si ese fuera el último eslabón de la evolución, completamente racista, clasista, irónico. Esta obra la hice en respuesta a eso. Era mi versión absurda de esa evolución y cómo en realidad el ser humano, teóricamente, no hemos cambiado tanto físicamente en muchos años. La serie fotográfica hace alusión a eso y ahí sí, de una manera muy espontánea, agregué al principio un palo o una macana, como haciendo alusión a que no hemos cambiado mucho, pero nuestra cultura se vuelve cada vez más violenta. A veces siento que los medios masivos, sociales y de comunicación, a veces siento que aportan mucho a esa violencia y alienación.

Has mencionado que no sueles dar entrevistas porque, realmente, tus pensamientos, tu propuesta y tu forma de ver las cosas, está realmente en tus obras.

Sí, definitivamente es algo que veo muy seguido, que el arte se ha vuelto demasiada explicación. Pero, como te digo, en el arte no hay reglas. Yo no puedo condenar y decir qué esta bien y qué esta mal. Puedo hablar con base a lo que yo pienso, a lo que quiero mostrar y decir. Sin duda alguna, para mí, está todo dicho en mi trabajo, afortunadamente. Ahí ya si mi voz aporta, o a lo mejor hace lo contrario, creo que a veces uno ve obra de alguien y ya con eso tienes. A veces los escuchas hablar o ves mejor, te ayuda y a veces es el efecto contrario.

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