Allí en El llano en llamas
Nuestro mundo

Allí en El llano en llamas

Nuestro Mundo

Con frecuencia se dice que la relectura de un libro gratifica con revelaciones que no se habían percibido en lecturas anteriores. Es fácil comprobar esa afirmación. La relectura, es cierto, permite a la obra ofrecer nuevos motivos de encantamiento, algunos desde su profundidad y otros desde su epidermis.

En una relectura reciente de El llano en llamas, del genial Juan Rulfo, misma que me propuse hacer con el propósito de escribir algo para rememorar el aniversario de su nacimiento ocurrido el 16 de mayo (1927), me entretuve con un tema epidérmico: la presencia del adverbio de lugar allí en comparación con la de su cuate ahí.

Una observación semejante ya me había entretenido en las relecturas de algunos libros de Cervantes –por supuesto, incluido el Quijote– y también en Obras completas, de Sor Juana. Como producto de mi indagación superficial de aquellos libros publiqué algunas estadísticas del uso del allí y el ahí por El Príncipe de las Letras y La emperatriz del Idioma. Allí, el ahí, sale perdiendo.

Se me ocurrió que el allí casi está abandonado en favor del uso copioso de su símil más barato, el ahí. Más barato porque fonéticamente ahí requiere menos esfuerzo que allí. Se puede decir que el genial Rulfo escribió cuando todavía el ahí no derrotaba al allí. Estudiarlo revelaría la precisión con que el narrador jalisciense los usa.

Del recuento en las obras de Cervantes y Sor Juana pude concretar los siguientes números: en el prólogo del Quijote, el ahí aparece 2 veces; el allí, ni una. Pero viene una desproporción inversa en la primera parte de la gran novela: allí, vibra ¡259! veces; ahí, sólo 39.

En la segunda parte del Quijote resuenan 161 allí y sólo 35 ahí. En otra de las obras de Cervantes, el volumen de Novelas ejemplares, el allí repiquetea 326 veces; el ahí, sólo 10. En los entremeses cervantinos, obra menos voluminosa, suenan 15 allí y sólo nueve ahí.

Nuestra Sor Juana, en su Respuesta a Sor Filotea, hace repicar el allí 5 veces; el ahí, solamente 2. En otras obras de La Americana Fénix, como comedias, loas, sainetes y la Carta atenagórica, el allí resuena 5 veces; el ahí aparece sólo una vez. Como se ve, en los tiempos de Cervantes y de Sor Juana no era discriminado el allí como sucede ahora.

Ahora vayamos a El llano en llamas, del genial Rulfo. Anotaré sin análisis las estadísticas que coseché en ese libro de cuentos. Es decir, no me detengo a considerar las peculiaridades del uso del allí y el ahí. No me pongo a discurrir si atiende a algunas consideraciones etimológicas que dicen que ahí procede del latín ad hic, con el significado de este lugar; y allí, del latín ad illac, que significa por aquella parte.

Quizá lo que vale la pena tener en cuenta es que el ahí aparece sobre todo cuando, en diálogos de sus personajes, Rulfo recrea el habla rural; sus narradores, pueblerinos o no, muy pocas veces lo hacen. El uso del ahí es notorio en la narración “Paso del Norte” donde se escucha hablar a un campesino a quien el hambre impulsa a emigrar. Se lee –se escucha– seis veces el ahí, aunque se cuelan dos allí.

Otras narraciones donde se encuentra el ahí son “Diles que no me maten” (dos veces) y “Luvina” (una vez). La primera es a base de diálogos y aunque la segunda igual, se escucha más bien como monólogo. En fin, en el libro El llano en llamas, el recuento del ahí (en ocasiones como ahi) suma sólo diez veces. El allí resuena ¡142!

Al final aquí sólo aspiro a recordar una obra y un autor –en su cumpleaños– que dan presencia a la literatura mexicana en el contexto de la literatura universal. Rulfo publicó el libro de narraciones cortas El llano en llamas en 1953 y la novela Pedro Páramo en 1955. Ambos libros, dice mi edición de El llano… en Editorial RM, “lo consagran como un clásico de la lengua española”.

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