Innovar en energía
Opinión

Innovar en energía

Jaque Mate

La energía ha sido la clave del “gran enriquecimiento” que describe la economista estadounidense Deirdre McCloskey. Este proceso ha llevado a las poblaciones de los países desarrollados a lograr una prosperidad hasta 30 veces superior, en términos reales, a la de hace apenas dos siglos. Desde que empezó la revolución industrial, con el aprovechamiento del carbón para las primeras máquinas de vapor, la humanidad ha gozado del mayor crecimiento económico de la historia. En 1820 el 89 por ciento de la población del mundo vivía en pobreza extrema, pero hoy la cifra se ha desplomado por debajo del 10 por ciento. Es una buena noticia, que no siempre quieren contar los periodistas o políticos que se benefician de difundir una visión catastrofista.

No todos los países han avanzado por igual. Las naciones con mayor libertad económica y apertura han progresado, pero las que mantienen restricciones o controles han crecido mucho menos; incluso, han registrado retrocesos en las últimas décadas.

En energía, como en tantos otros campos de actividad, la apertura es esencial. Los sistemas más abiertos, los que tienen mayor competencia y libertad, permiten mayor inversión e innovación. En cambio, los que son controlados por gobiernos o empresas sin competencia se rezagan. Ninguna otra industria tiene consecuencias tan importantes sobre la gente común y corriente que la de energía.

Por eso preocupa que el gobierno de México esté tratando de cerrar la industria energética. La Ley de la Industria Eléctrica, promulgada en marzo de 2021, busca aumentar la concentración que ya sufrimos, y lo hace en un momento en que la tendencia en el mundo es abrir cada vez más esta industria.

La humanidad enfrenta un enorme reto en la actualidad. A pesar de que sabemos que la energía es el instrumento natural para generar crecimiento económico y combatir la pobreza, estamos conscientes también de que el uso de combustibles fósiles produce emisiones de carbono que, al ser atrapadas en la atmósfera, ocasionan un excesivo calentamiento del planeta. Por eso los países más ricos han estado buscando fórmulas para reducir el uso de estos combustibles, pero esto sólo se puede lograr, sin empobrecer en exceso a la población, donde hay libertad y apertura para la innovación.

El presidente López Obrador ha tratado de regresar a México a los tiempos de los grandes monopolios gubernamentales de energía. Ha impulsado, por ejemplo, legislación que favorece la compra de electricidad generada por la Comisión Federal de Electricidad, a pesar de que es más cara y sucia. Con esto cierra las puertas a los productores privados y a la innovación, empobrece las finanzas públicas y genera más contaminación.

El mandatario insiste en que cualquiera que se opone a sus designios, aunque lo haga con argumentos que demuestren los beneficios de la apertura, es un “traidor a la patria”. Esta posición maniquea divide al país e impide una discusión racional sobre las medidas que debemos tomar para construir una economía más próspera y limpia.

Los especialistas en energía señalan que México está equivocando el rumbo. Los tiempos de los grandes monopolios estatales han terminado. Cada vez es más importante tener sistemas abiertos de generación y distribución de energía y que puedan mejorarse constantemente. Hoy, por ejemplo, las familias podemos colocar paneles solares sobre las azoteas para generar buena parte de la electricidad que requiere un hogar. Pretender que lo mejor es regresar a los tiempos de los monopolios es no entender cómo funciona el mundo y cómo se innova en energía.

@SergioSarmiento

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