El instituto del vestido
Arte

El instituto del vestido

La moda en la evolución de la creatividad

Algunos productos culturales sobreviven y otros se extinguen. Es evidente. Entonces, ¿por qué algunos productos de la creatividad prosperan y hacen historia, mientras que otros desaparecen poco después de conocer el mundo? ¿Qué hace popular una idea, un poema, una canción o una prenda? Hay tantas explicaciones posibles que equivale a un misterio. Muchos artistas y tal vez incluso más productores, propietarios de galerías y ejecutivos de estudios aspiraron y trabajaron para comprender el camino hacia la popularidad en las industrias creativas. El número de empresas que dependen de la comprensión de la cultura es enorme. Abarca desde los grandes conglomerados de industrias creativas como la moda, la publicidad o el cine, hasta todas las gigantes tecnológicas que se basan en la comprensión de los comportamientos y gustos humanos.

Una forma de entender el éxito de los productos creativos comienza con un punto de vista cultural de la población. No se debe pensar en los resultados de la cultura como ‘monolitos’, totalidades completas, sino como combinaciones de elementos sociales y naturales. Por ejemplo, las pinturas son asociaciones de un número finito de componentes esenciales, como colores, materiales del lienzo, intenciones, contexto, tamaño, corriente de pertenencia, etcétera. De manera similar, los artículos de moda asocian colores, patrones, telas y referencias estilísticas más amplias, como un período o entorno cultural. Muchas pinturas se convierten en leyendas sobre la base de unos pocos pero necesarios elementos, al igual que las prendas de vestir.

Los artistas y aquellos en las industrias creativas conocen todos los diferentes componentes y elementos disponibles en su oficio. Piensan, hablan y debaten sobre las combinaciones que han y las que no han traído éxito en el mercado en el pasado. El sociólogo francés Pierre Bourdieu sostuvo que la verdadera creatividad no puede ser ingenua, es decir, no puede suceder sin el dominio de un campo determinado. Ese conocimiento, admitió Bourdieu en Las reglas del arte: génesis y estructura del campo literario (1992), podría provenir de la educación formal o de alguna forma de exposición al público, por ejemplo, a través de los museos.

ROPA: EXPUESTA Y FINANCIADA

Irene Lewisohn fundó y financió lo que primero se conoció como el Museo de Arte del Vestuario en 1937, actualmente Instituto del Vestido (o Instituto del Traje, según convenga a la traducción para Costume Institute). Irene era una heredera y filántropa que pasó gran parte de su tiempo en el teatro, el armario de vestuario teatral de Lewisohn fue el punto de partida. (La colección ahora cuenta con más de 35 mil piezas). En 1946, el museo se mudó de la biblioteca de la casa de Lewisohn al Met. La primera exhibición, organizada por el director ejecutivo Polaire Weissman, fue una serie de nueve cuadros: los 49 conjuntos se combinaron con muebles y accesorios del Met y el Museo de la Ciudad de Nueva York.

A lo largo de los años, exhibir ropa junto a otros tipos de objetos y arte distinguió las exposiciones del Instituto. En 1972, el ya popular departamento estaba listo para aumentar aún más su perfil, gracias al nombramiento de la ex editora en jefe de las revistas Harper's Bazaar y Vogue, Diana Vreeland, como consultora especial. “Era la mejor narradora de historias”, dice Lisa Immordino Vreeland, directora del documental Diana Vreeland: The Eye Has to Travel (2011).

Para muchos curadores y amantes del arte, la seriedad de un ‘instituto’ para el vestuario es innegable, pero lo más remarcable de la organización en cuestión es su longevidad. Si bien la asistencia a museos y otras instituciones culturales ha ido en decadencia durante las últimas dos décadas, los espectáculos de tres meses del Instituto del Vestido atraen números comparables a los que atrajeron las exhibiciones de Vreeland en el transcurso de nueve meses. Su éxito también ha estimulado más exhibiciones de moda en todo el mundo, desde la reciente revitalización y expansión de “Alexander McQueen: Savage Beauty” del museo Victoria y Albert de Londres, hasta las exhibiciones de Alaia y Jeanne Lanvin en el Palais Galliera de París. Muestra de una inversión cultural en la moda como fenómeno.

ARTE PARA LAS MASAS

Cada año, la élite de la moda camina por la alfombra roja en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, en lo que se conoce en todo el mundo como la Gala del Met. El evento ultra exclusivo heredado por Lewisohn y engrandecido para la posteridad tras la invitación de personalidades del cine, la música y la política por la editora Anna Wintour, actual editora de Vogue y directora creativa del monstruo editorial Condé Nast. A menudo denominada "La fiesta del año", genera millones de dólares para las exhibiciones populares del Instituto del Vestido, una de las secciones más visitadas del museo y con mayor flujo de exposiciones.

La moda nunca ha estado tan arraigada en la cultura popular como lo está hoy, y los espectáculos más importantes del Instituto, que suelen atraer entre 500 mil y 600 mil personas durante un período de tres meses, han jugado un papel importante en la introducción a las masas de la ropa como arte, la explicación podría estar en la noción de que la moda se basa en la imitación, una forma en que los individuos sienten que pertenecen a algo más grande que ellos mismos, por ejemplo, una clase social o una nación, fue articulada por primera vez por el filósofo anglonerlandés Bernard Mandeville en La fábula de las abejas (1714). Dos siglos después, el economista estadounidense Thorstein Veblen y el sociólogo alemán Georg Simmel propusieron la idea de la moda como distinción.

Específicamente, las clases altas utilizan el estilo y la vestimenta para afirmar su estatus; sin embargo, después de un tiempo, las clases populares las imitan, lo que lleva a las élites a buscar nuevas formas de distinguirse. Las casas de moda simplemente siguen lo que deciden los líderes del mercado u otras casas de moda prestigiosas. Intentan encontrar algún nivel de distinción evitando los estilos que están demasiado extendidos. Por ejemplo, cuando todo el mundo se inspira en el minimalismo, podría ser el momento de recuperar algunos elementos barrocos, tal como sucede en la arquitectura o en la gastronomía.

Se analizan las tendencias de la moda, porque son particularmente aptas para una inmersión más profunda en lo que impulsa la cultura. Observar cómo los individuos (o incluso los colectivos) eligen elementos culturales a lo largo del tiempo, y cómo se interrelacionan y estructuran, podría llevarnos a revelar la ‘firma’ o el ‘estilo’ único de los artistas y productores creativos que es tan difícil atrapar. Ampliar el enfoque ayudaría a materializar la idea de la diseñadora de moda francesa Coco Chanel de que La moda pasa; el estilo permanece. Son los patrones de elecciones, y los patrones de esos patrones, los que podrían ayudar a capturar el estilo. Nuestra inmersión en la cultura y las redes de elementos culturales es sólo el comienzo de una exploración más sistemática de los fundamentos colectivos de la creatividad humana.

Comentarios