Until It Sleeps
Nuestro mundo

Until It Sleeps

Nuestro Mundo

Cuando murió mi madre no lloré. Unos meses antes de su muerte, Metallica había lanzado su álbum Load. Era el regreso de la banda después de aquél exitoso disco homónimo, conocido también como The Black Album. La espera duró bastante. Cinco años. Recuerdo que escuchaba en la estación Radioactivo 98.5 los pormenores del debut en compañía de Yogui.

¿Cómo sería el nuevo disco? ¿Cuántos temas contendría? ¿Regresaría Metallica a su estilo thrash? Cuando sonó el sencillo del estreno recuerdo haber quedado impresionado. No entendía lo que Metallica había hecho. Until It Sleeps fue la canción que me hizo llorar. Pero de coraje. ¡Qué chingados era aquello! Parecía que los Stone Temple Pilots habían migrado a la escena Hard Rock. Estuve desconcertado durante toda esa noche. También el resto de la semana. Mi madre que aún vivía no dejaba de verme. Incluso llegó a reírse de mi fanatismo. Todavía incrédulo por el tema de Metallica y por su insensata debilidad hacia el rock alternativo, lancé mentadas de madre y vituperios contra la banda. Lo peor fue cuando compré el disco. La emblemática tipografía también desapareció. Adiós a la apariencia thrashera de James, Lars, Kirk y Jason. Así que ya ni siquiera me sorprendió.

Me hubiera gustado una propuesta más dura, por ejemplo que Death Magnetic sucediera al lanzamiento homónimo y luego de ese siguiera HardwireTo Self-Destruct. Pero no pasó nada de eso. Siguió Reload y después St. Anger. Las cosas cada vez peor. Lo siento. Pero para mí aquellos álbumes fueron una mala broma. Al menos durante aquellos días cuando me consideraba fanático de la banda. Pero es una estupidez, una mala apreciación, ¿por qué tendría Metallica que hacer lo que sus seguidores esperan?

Serían las tres de la mañana de aquel día que sonó por primera vez Until It Sleeps en la radio y me puse a llorar de pinche coraje. Mis familiares dormían mientras Yogui y yo bebíamos unas cervezas y hablábamos desconcertados. Durante un momento, Yogui permaneció ausente, en actitud de confusión, encandilado por la luz del arbotante exterior. Después cayó en el sillón. No había nada que decir, me levanté y tiré una lata contra la pared, mis padres protestaron, mi hermano menor me rayó la madre, otro más comenzó a llorar. Entonces mi madre apareció por la puerta y nos regañó. Dijo que estábamos locos y que nos durmiéramos de una vez o mi padre se molestaría. A la mañana siguiente yo caminé con rumbo a la preparatoria e inicié el recorrido que me llevaría a Coyoacán, iba pensando que me habría gustado un sonido diferente, no que Metallica terminara enterrando el thrash en una fosa, mientras el grunge surgía de las entrañas de la tierra.

Como me es imposible comprender en otros casos el comportamiento adolescente, he acudido a la remembranza. Este recuerdo me conduce a una lejana renuncia: jamás intenté escuchar de nuevo a Metallica, al menos por los siguientes diez años. Como además deseaba conocer a tan pocas bandas, no consumía mi tiempo en otros géneros desagradables. La experiencia me había dictado varias lecciones como fanático del metal. Uno de ellos consistía en hacerme el sordo cuando sonaran otros sencillos de Metallica. De esta manera, había podido eliminar casi a cualquier melómano de la banda. No me cabe ninguna duda. Los adolescentes son estúpidos por antonomasia. Yo lo fui. Yogui también. Pero aun más lo fanáticos.

Hace no más de un par de días, uno de mis conocidos me llamó para contarme que acababa de hacer una playlist que le recordaba nuestros años en la preparatoria. Por supuesto me valió madres porque yo solamente cursé un año de bachillerato. Sin ni siquiera pensarlo respondí a su comentario aplaudiendo que aparecieran temas de Load y Reload de Metallica. Si esos discos desaparecieran Metallica no sería la banda que es. No existe álbum malo en la carrera discográfica de una agrupación que no merezca al menos un escucha. No importa si es fanático.

Más de veinte años han pasado desde que Load sacudiera a los aburridos metaleros con lo que las bandas ochenteras crearan. Qué risa el tema metalúrgico en la música. Lars Ulrich, en una de tantas entrevistas, mencionó que la preocupación de los fanáticos por la banda les impedía pensar y darse cuenta de que sus seguidores estaban siendo demasiado idealistas. Luego se fue contra Napster. En una época de crisis permanente, la música siempre ha ofrecido una posición menos miserable que otros productos culturales.

No hace más de unos días escuché a un escritor renombrado burlarse de quienes escuchan a Metallica por tratarse de un grupo que dejó de hacer lo que mejor hacía. Acto seguido, pasó a lamentarse por la muerte del rock y la falta de propuestas musicales. Me pregunto si él también habrá llorado de rabia cuando sonó por primera vez aquél sencillo del álbum Load.

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