Tu lengua en mi boca
Nuestro mundo

Tu lengua en mi boca

Y establezco mis propios cánones y salmos,

no me dejo llevar

ni me dejo negar

ENRIQUETA OCHOA

En un cuento titulado Gómez Palacio, Roberto Bolaño perfila a un profesor de literatura (quizá él mismo) que atraviesa una mala racha. Necesitado de trabajo, el profe avecindado en la Ciudad de México es enviado a dirigir un taller de poesía en Gómez. Apenas arranca el relato, declara: “Sabía que bajo ninguna circunstancia me iba a quedar a vivir en Gómez Palacio, sabía que no iba a dirigir un taller de literatura en ningún pueblo perdido del norte de México. Por su parte, en La ternura caníbal, Enrique Serna retrata con sarcasmo a un hipotético mundillo literario de Torreón que se cimbra cuando Octavio Paz le envía una elogiosa carta a un poeta local.

He recordado estos relatos al leer Tu lengua en mi boca (Penguin-Random House, 2022), segunda novela de Luisa Reyes Retana, pues parte de una premisa similar: ¿Cómo es que en medio del desierto puede existir poesía? Si reordenamos la historia cronológicamente, ésta comienza cuando la protagonista, una joven capitalina llamada Berta Gaspar, cumple dieciocho años. Aunque Berta estudia enfermería, su verdadera vocación es la literatura. Pero la mayoría de edad de la muchacha arriba en una fecha clave: el 19 de septiembre de 1985. En el terrible sismo de ese día mueren sus padres, sus hermanos y sus abuelos. Sólo sobrevive su tía Ligia, con secuelas tan profundas que Berta debe cuidarla por treinta años. A punto de morir, la tía expresa su última voluntad: que sus cenizas sean esparcidas en la Zona del Silencio. Así, Berta emprende el viaje en coche, pero una avería le obliga a hacer una escala en un hotel de paso en Torreón, una ciudad que, en palabras de la voz narrativa, está “en el culo del mundo”. En ese contexto, la mujer descubre desde su ventana a unas adolescentes que se reúnen en torno a una fogata a leer poemas. Una fuerza irresistible le hace querer acercarse a ellas para recomendarles lecturas y familiarizarlas con los procedimientos poéticos. Comienza así un baile de aproximaciones y rechazos entre la capitalina y las adolescentes laguneras.

Entre las virtudes formales de la novela se pueden mencionar el estilo ágil y conciso, así como la habilidad para forjar las voces de sus personajes. También la estructura bien trazada, que permite ir y venir en el tiempo sin confusiones. Pero lo que más me ha interesado de este libro es que sus 222 páginas retoman una añeja discusión: ¿quién y desde dónde dicta los cánones en materia de literatura? ¿hay sólo una manera correcta de vivir la poesía y, en general, la experiencia literaria? De entrada, las chicas mismas rechazan de manera intuitiva una poesía dictada casi en su totalidad por hombres.

A riesgo de revelar demasiado, adelanto que en algún momento Berta se gana la confianza de las muchachas y decide llevarlas a otro nivel, es decir llevárselas a la Ciudad de México”. Así, Reyes Retana caricaturiza la tensión entre la capital y los estados, construyendo un norte ficticio en donde las chicas no tienen ninguna posibilidad de realizarse.

Al incluir prácticas consideradas marginales como el rap y otras formas repentistas, Tu lengua en mi boca cuestiona las nociones de centro y periferia no sólo en el plano geográfico, también literario. Ya no hay literatura sino literaturas, parece decirnos la autora, y descalificar a priori cualquier voz equivale a empobrecer el mundo. Berta, quien por cuidar a su tía no pudo concretar su vocación de escritora, proyecta en las muchachas sus deseos frustrados: cruza el país en busca de lectoras que le den sentido a su vida. Como el cuento de Bolaño, esta novela nos recuerda que en no pocos casos, quienes se acercan con actitud mesiánica a la llamada “provincia” lo hacen no tanto para salvar a otros, sino porque en el fondo buscan desesperadamente quién los salve.

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