Javier Garciadiego, hombre labrado en historia
Entrevista

Javier Garciadiego, hombre labrado en historia

Foto: Fernando Compean

La política no se puede desprender de la historia”, es una de las frases que el historiador Javier Garciadiego (Ciudad de México, 1951) graba en la atmósfera del Museo Regional de La Laguna (MUREL). Se presenta el libro La muerte de Venustiano Carranza: entre los recuerdos del porvenir y la memoria del pasado, texto que la historiadora coahuilense Lucrecia Solano ha escrito sobre el deceso del expresidente de México.

En su discurso de ingreso a El Colegio Nacional, el historiador se define como “un niño nacido a mediados del siglo XX en la entonces aireada, risueña y tranquila Ciudad de México”. Su familia pertenecía a la clase media y pasó la infancia inmerso en clima grato: las Chivas Rayadas del Guadalajara (equipo del que es seguidor) se convirtió en el campeonísimo, cada semana asistía al cine Vanguardia para ver alguna película de vaqueros y disfrutaba ser boy scout.

No obstante, la realidad lo sacudió. El país abandonó esa promesa de estabilidad y crecimiento. Las crisis endémicas se hicieron presentes, arribaron ideologías propias de los años sesenta y la década cerró con el movimiento estudiantil de 1968.

Tal vez esos acontecimientos provocaron que, en 1970, Garciadiego acudiera a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) para inscribirse en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. El cambio fue notable: su visión se abrió ante las problemáticas del país. Así descubrió su vocación de historiador en las clases de Gastón García Cantú y decidió hacer estudios de posgrado en Historia, pues era la única disciplina que le permitía entender al país y comprender su propio tiempo.

La presentación del libro termina tras arañar las ocho de la noche. Javier Garciadiego permanece en el escenario del auditorio. Lo cubre una chaqueta de piel y observa el desalojo del lugar tras el cristal de sus anteojos. Saluda, sonríe, comenta el desempeño de sus Chivas en el Clásico Nacional ante el Club América, partido que quedó empatado a cero goles. Dice que a su equipo le falta un nueve, un delantero que pueda marcar la diferencia. Luego, toca el tema de la violencia suscitada en el partido entre Querétaro y Atlas, para finalmente responder la cuestión sobre qué factores hacen que un suceso se vuelva histórico:

Sus consecuencias y los acontecimientos vivos, las vicisitudes. En el caso de Querétaro, una violencia inédita, unas escenas realmente fuertes: gente pisando, pateando a otra gente en el suelo. Y en segundo, ojalá volvamos a tener un futbol familiar, que la gente vaya al estadio a disfrutar […] El deporte y la vida pública deben ser agradables, buscar la conciliación, la convivencia social”.

Con hombres como Alfonso Reyes marcando su inspiración, Javier Garciadiego ha asegurado que no se convirtió en historiador para conocer el pasado, sino para entender el presente. Para él, el pasado es explicación, no acumulación. La historia está en los seres mismos y da oportunidad de experimentar la vida en cabezas ajenas.

Asimismo, se aparta de los mitos. Ve a los personajes como seres humanos y no como héroes, pues considera que este último adjetivo se tilda infantil. Considera que la Revolución Mexicana asemeja a un relato shakeasperiano, donde Carranza es su personaje favorito. Ha estudiado el conflicto a fondo, por eso sentencia que no debe existir otra Revolución, pues sus consecuencias cobran altísimas tasas sociales. Por eso, sus ojos dudan ante la incertidumbre de que en esta época también se pueda perder la esperanza.

Se dice que la palabra historia proviene de un antiguo verbo griego que significa preguntar, investigar. ¿Qué preguntas han rondado en su carrera al momento de sumergirse en la historia?

Hay médicos que tienen buen diagnóstico, que cuando ven a un enfermo dicen: “es esto”. Todos los historiadores tienen título de historia, pero no todos tienen diagnóstico histórico. No todos tienen vocación o naturaleza histórica. El que es historiador o la que es historiadora, lo primero que se pregunta es: “¿Esto cómo llegó a ser? ¿Qué pasó? ¿Cómo se fue transformando hasta llegar a ser lo que es?”. En la historia lo más importante es el concepto “cambio” y el concepto “conservación”. La vida histórica es cambio, ruptura, pero también es conservar cosas. Es el punto fundamental.

Usted ha dicho que al entrar a la UNAM cambió de vida. ¿Qué sucede en este giro de su historia personal ante el descubrimiento de la historia universal?

Yo venía de una familia de clase media sin dificultades, con una visión muy homogénea de México. Todos mis compañeros eran iguales, todos eramos iguales, todas las amistades de mis padres eran iguales. Y de repente llegué a la universidad, a la UNAM, a Ciencias Políticas post 68. Llego en 1970 y me encuentro a mucha gente enojada, me encuentro a mucha gente que quería cambios radicales, me encuentro un México muy disparejo, muy desigual y gente decidida a correr riesgos con tal de hacer esos cambios, cosa que para mí fue absolutamente sorpresivo. No me lo imaginaba. Había gente que hacía críticas muy profundas sobre la desigualdad social, sobre la falta de democracia, sobre la pobreza cultural de México. En fin, fue para mí una escuela. Entrar a la UNAM fueron dos escuelas: la carrera misma y la convivencia, la problemática. Y hubo más: el contacto con el arte, la difusión cultural de la UNAM, los cineclubes, la orquesta. Es un privilegio haber sido de la UNAM.

Alfonso Reyes, un personaje que le es muy cercano, tiene un conferencia titulada Mi idea de la historia. En ella divide el valor estético de la historia en ciencia, por su apego a la verdad y poesía, por el aura de belleza.

Estoy absolutamente de acuerdo con él. Creo que lo dije, sin mencionarlo a él esta vez, lo dije en la charla: para mí la historia debe ser parte de la literatura, como lo fue hasta el siglo XIX, cuando se inventó la historia-ciencia. Digamos, a mediados del siglo XIX el marxismo, se acabó este halo poético de la historia que ahora está volviendo. Para mí, la historia tiene que estar bien escrita. Es la primera expresión de respeto a los acontecimientos del pasado, a los personajes del pasado.

Y Alfonso Reyes lo entendía a la perfección…

Absolutamente. Sobre todo, en Alfonso Reyes había una condición de belleza, pero también de bondad. Es decir, no juzgues a los personajes de la historia, rescátalos, compréndelos, tolerancia, ese es Alfonso Reyes. Y eso a mí, me ha impactado siempre: tratar de comprender a los personajes de la historia, en lugar de juzgarlos.

¿De qué manera se ve ante la Revolución Mexicana? ¿Por qué se interesa tanto por el tema y el suceso histórico?

A mí, lo que me interesa más de la Revolución Mexicana es su carácter transformador, su posibilidad y su capacidad de construir un México, en el siglo XX, mejor que el México porfiriano. Por eso a mí me interesan mejor los personajes constructivos dentro de la Revolución: Carranza. Los personajes radicales me interesan menos. Yo sé que mi generación, cuando entro a la UNAM, querían estudiar a Flores Magón y a Zapata. Yo siempre me incliné más por Carranza, por Gómez Morín, por Alfonso Reyes, constructores, es lo que me interesa.

Ahora que vuelve a nombrar a Alfonso Reyes, en la conferencia que le mencioné afirma con contundencia que las piedras y los documentos nunca hablan por sí mismos.

Soy un historiador en un sentido muy tradicional. Me baso más en documentos escritos que, por ejemplo, en historia oral. Me baso más en documentos oficiales que en prensa, pero creo que tienes que cubrir todas las posibilidades documentales para poder construir un relato verosímil. Entonces, ¿cómo me veo yo como historiador de la Revolución? Primero que todo, haber conocido la Revolución me ha convencido de una cosa: que no debemos tener otra, porque fueron muchos muertos, se dice que un millón (vamos a considerar que esa frase es cierta) y las transformaciones, los progresos, los avances logrados, no valen un millón de vidas. Seguimos pendientes de justicia, seguimos pendientes de democracia… muy costosa la Revolución, ¿no? Es algo que valdría la pena que el presidente actual tomara en cuenta. Habla de las tres transformaciones desde una perspectiva épica. Nunca ha reflexionado sobre los costos sociales de una transformación.

Y a veces se habla de la Revolución como un episodio homogéneo, se olvidan las múltiples voces que en ocasiones se confrontan, como Villa y Carranza...

O como Madero y Zapata. El presidente actual dice que es maderista y que también simpatiza con Zapata, con Flores Magón... pues es muy difícil ser simpatizante de ambos.

¿Qué le dice la dedicatoria de Madero hacia los héroes de la Independencia en La sucesión presidencia, cuando, en ese momento, plasma que ellos “escribieron las hojas más brillantes de nuestra historia”?

Lo que me dice Madero constantemente en ese libro es que… bueno, tiene una visión de la historia bastante binaria, no le exijamos a Madero ser un historiador. Es una historia muy maniquea donde hay buenos y hay malos, pero sí es muy claro en el sentido de decir que los héroes que conquistaron el poder mediante la violencia cobran muy caro su sacrificio. También es muy importante que Madero nos diga que debe terminar ya el siglo XIX, que debemos entrar a la modernidad de partidos políticos, de democracia, de una economía menos neocolonial. Madero es un gran personaje, sin lugar a dudas.

En ese libro, Madero tiene otra frase: “Sólo en el estudio de la historia puedo encontrar mi alma”, ¿le sucede a usted?

Claro, sólo en la reflexión histórica puedo comprender. Si quiero analizar el gobierno actual, la situación actual de México, inmediatamente me remito al pasado, al pasado reciente, puede ser (hace quince, veinte o treinta años), inmediatamente busco responder a la pregunta: “¿Cómo es que llegó aquí? ¿Qué cambios tuvo para llegar a lo que es? Esa es mi reflexión permanente.

¿Cuando un historiador va en busca de la historia, se percata de que la historia somos nosotros mismos?

Esta en nosotros, los documentos, como dijo Reyes, no hablan solos. No somos arqueólogos, tenemos que revivir a los personajes. Esa es una cosa muy bonita de los historiadores, tenemos dos vidas: la nuestra y la del pasado.

¿La comprensión histórica de este momento, del siglo XXI, le parece correcta o es inédita también?

Todas las épocas van siendo inéditas. Obviamente, en el siglo XXI tenemos, yo creo, lo más novedoso, lo más impactante que ha sido la pandemia. Es un antes y un después, y tenemos que pensar en un mundo, no en México, en un mundo después de la pandemia, en términos culturales, económicos, de convivencia social, todo. Quien no reflexione sobre el tema de la pandemia, va atener muchos problemas en los próximos años, y estoy hablando sobre todo de gobiernos.

Me recuerda a su visión de que la historia sirve para entender el pasado desde el presente y mirar hacia el futuro. ¿Cómo mirar hacia el futuro si no entendemos la historia?

No creo que sea el único ingrediente, también implica saber economía, saber ciencia. Pero, sin lugar a dudas, la historia es una palanca muy útil, porque es la única… seguramente has oído esto de que nadie experimenta en cabeza ajena, la historia nos da la posibilidad de experimentar en muchas cabezas ajenas.

Me llamó la atención que describió cómo la muerte de Carranza significó una transformación para el país.

Claro, llegó la alianza de las clases medias y las clases populares. Carranza no lo había permitido. Carranza tenía una visión, quería ponerle orden y límites a la Revolución, pero faltaban hacer muchas concesiones. En ese sentido, la muerte de Carranza fue positiva.

¿Prefiere ver a los personajes de la Revolución como hombres o como héroes?

Como hombres, uso poco la palabra héroes. Considero los personajes, personajes históricos, eso si lo utilizo mucho. Carranza es un gran personaje histórico. Si alguien me dice “es un héroe”… no, para mí los héroes son los de la mitología griega.

¿Cuál es el papel que representa La Laguna en las páginas de la Revolución Mexicana?

Es imprescindible, pero es una participación muy compleja en términos sociales, porque por un lado hay participación de sectores altos, como la familia Madero, vamos a considerarlos laguneros y también hay mucha participación popular. Yo casi que podría decir que, en la Revolución Mexicana, en el norte, los únicos dos sectores populares fueron los villistas, del occidente, de la sierra de Chihuahua y los sectores populares de la Comarca Lagunera. No sé aquí qué tanto se aprecie a Benjamín Argumedo, pero fueron personajes muy importantes. También tiene una importancia geomilitar, en el sentido de que era un paso de ferrocarril y un eje distribuidor. Era la entrada, más que Zacatecas, Torreón era la entrada al norte de México. Desde aquí se hizo la campaña contra los orozquiztas.

Ha hecho mención sobre la decepción que hubo en el 2000, con la salida del PRI y la entrada del PAN a la presidencia. Al final fue un cambio político que no se logró. ¿Piensa que puede pasar lo mismo con el actual gobierno?

Es mi gran temor, porque si fracasó ya el PRI, vamos a consideralo, ciertamente el gobierno de Peña Nieto quedó a deber. El PAN ya fracasó, en el sentido de gobiernos federales, no sé a nivel local y a nivel regional, pero si fracasara Morena, ¿qué opción tendríamos? ¿Un Trump? ¿Alguien que venga de la sociedad civil, del mundo empresarial? Lo demostró Trump de manera muy dramática, la política se acumula, se adquiere a través de muchos años de experiencia, no se puede improvisar. Entonces, mi miedo es que nos quedemos sin esperanza, sin opción, sin alternativas.

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