Impudicia de ida y vuelta en Lerdo
Nuestro mundo

Impudicia de ida y vuelta en Lerdo

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Me parece una cínica exhibición de impudicia, quizá por mi sentimiento de inferioridad, por mi falta de autoestima, por mi inseguridad, por mi timidez, por defectos de autovaloración y principalmente por no haber leído libros de autoayuda, por todo esto me parece una impudicia que, de ida, un presidente municipal proponga quitar a una vialidad el nombre que tiene para obsequiar a un gobernador ¡y que éste acepte! la proposición. Impudicia de ida y vuelta.

Esto ocurre en Ciudad Lerdo Durango. Un presidente municipal (Homero Martínez) antes de dejar la presidencia para convertirse en candidato a la reelección, impúdicamente propuso al cabildo que el nombre del bulevar José Santos Valdés sea sustituido por el del ¡actual! gobernador José Rosas Aispuro, quien hasta el 2 de junio no había, púdicamente, rechazado el infausto honor. Impudicia de ida y vuelta.

Sencillamente es atribuible al servilismo y la ignorancia, la adulación de Homero Martínez para su gobernador, sirviéndose del patrimonio municipal a costa de agraviar la memoria de un ilustre lagunero. (En las manifestaciones en su contra le gritan Barbero Martínez. “No hay deidad segura / al altivo volar del pensamiento”, dice Sor Juana.)

Porque es de ignaros agraviar a quien ha recibido el homenaje nacional de que su efigie haya aparecido en las estampillas postales y en los billetes de lotería por su enorme contribución al país como es el caso del profesor José Santos Valdés, reconocido pedagogo e impulsor del normalismo.

La efigie, la foto del profesor José Santos Valdés quedó impresa en 200.000 (doscientas mil) estampillas del Servicio Postal Mexicano. Su efigie, su foto, su retrato quedó estampado en 3,200.000 (tres millones doscientos mil) cachitos de la Lotería Nacional, con motivo del Día del Maestro.

A esos enormes homenajes (y otros que se le hicieron y se le siguen haciendo) hay que añadir el inmenso honor que se le hace al agruparlo con los más ilustres militantes de la educación nacional. José Santos Valdés es considerado de la estatura del grandísimo Ignacio Manuel Altamirano, escritor y educador, y de Rafael Ramírez, fundador del sistema educativo rural de México. Junto a ellos dos y otros yace el busto del pedagogo lagunero en un área especial de la Secretaría de Educación Pública en la Ciudad de México.

El nombre de este distinguidísimo lagunero que es José Santos Valdés el pueblo se lo había calzado a un bulevar que recientemente ha sido remozado porque el cabildo de Lerdo (no por unanimidad) aprobó que sea sustituido por el del ¡actual! gobernador. Un autohomenaje a pesar del dicho que sentencia que el autoelogio es vituperio.

Esto lleva a considerar cuál es la moral de los gobernantes. Y a suponer que es la de la desvergüenza y el cinismo. Con cuánto impudor un presidente municipal propone que el nombre de la autoridad superior de su estado, el gobernador ¡en funciones!, sea aplicado a un bulevar. Y lo peor, afrentando la memoria de un ciudadano de alta estatura cívica nacional.

El impudor, el cinismo, están por encima de la buena fe popular. En las concentraciones ciudadanas de protesta por el servilismo del presidente-candidato y una parte del cabildo, todas frente a la presidencia municipal de Lerdo, algunos manifestantes han expresado su confianza de que el gobernador José Rosas Aispuro, por dignidad, rechazará el homenaje del oficialismo. La buena fe del pueblo es inagotable porque su analfabetismo político es mayúsculo.

De la ingenuidad popular se aprovechan los gobernantes. La ingenuidad popular alimenta la impudicia de los gobernantes. La ética no es una virtud asumida por la mayoría de quienes usufructúan el poder político. Creer que el gobernador José Rosas Aispuro renunciará a un homenaje es creer en la infalibilidad del superyó.

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