Cansados
Nuestro mundo

Cansados

Nuestro Mundo

Estamos cansados, saturados, exhaustos, la violencia que ejercemos hacia nosotros mismos nos coloca en una situación de vulnerabilidad. Corremos todo el día, dormimos poco y mal, nos alimentamos con lo que nos sacia no con lo que nos nutre, nos perdemos en excesos, nos metemos en problemas económicos por no ser capaces de ponernos límites, tenemos relaciones interpersonales a conveniencia, nos hemos vuelto cazadores de oportunidades, espías de las vidas de otros, entes que caminamos como muertos con los ojos abiertos. ¿Exagero? Puede ser.

Pienso que esta visión catastrofista de la vida obedece a una saturación del sí mismo, al reconocimiento de la autoexplotación, a esta sensación de perdida de energía permanente que no te deja pensar bien. Y un día te das cuenta que creaste un personaje que mató al ser que lo creo, te olvidas de quién fuiste y compras la idea de que a ese que ves en el espejo eres tú, cuando ni si quiera sabes quién eres.

Dice Byung Chul Han que ya no tenemos tiempo de aburrirnos. Hemos proyectado la existencia como la oportunidad de hacer, no de pensar, no de filosofar, no de crear arte. Nos parece un despropósito sentarse y estar a solas contigo, sin pantallas, sin ruidos, sin textos que distraigan, solo contigo y no en un ejercicio de meditación, sino como el encuentro con tu ser. Esa cita contigo no requiere de maquillaje, platillos gourmet o el lugar ideal, lo único que se requiere es tiempo y voluntad.

Y cuando estás contigo, surgen las interrogantes más profundas y las respuestas más claras, porque podrás engañar a todos, pero no a ti.

Ese hacer constante en el que la sociedad moderna nos ha propuesto como estilo de vida, da por resultado un agotamiento que desgasta el cuerpo y el alma. ¿Tiene sentido ese ir y venir? ¿ese hacer y deshacer? El agotamiento del espíritu es grave porque perdemos el aliento y la alegría, los deseos y las ganas, la voluntad y la inspiración.

Igual tú nunca te has sentido todo lo descrito, pero si te identificas con esta idea, se hace indispensable enlistar qué es lo que más cansa

A mí me cansa ser esclava del reloj, el miedo a no despertar, la rutina, elegir lo que me voy a poner el día siguiente, manejar, ir al supermercado, las faltas de respeto, el ruido, el desorden, que no se hagan las cosas como deben hacerse, la indiferencia, las críticas, el calor… mi alma se agota cuando pierdo de vista a Dios, cuando no leo y no escucho música, cuando no controlo mis demonios internos o insisto en reclamar y juzgar. Qué triste darnos cuenta que los días pasan y no hacemos nada para remediar, para consolarnos, abrazarnos a nosotros mismos, esta mala costumbre de dejar pasar, como si tuviéramos comprada la vida, como si nunca fuera a llegar la última inspiración.

Y si sumamos el cansancio de todos, lo que tenemos es una sociedad autómata, vamos clonándonos, deseando lo mismo, vistiéndonos igual, hablando de temas comunes con los mismos tonos de voz y usando las palabras de moda, queriendo ir a los mismos lugares, seguir las rutinas de belleza que en todas hacen milagros, viendo las mismas series de televisión. Queremos ser iguales y al mismo tiempo distintos, porque lo que es igual no amenaza, pero tampoco vivimos el sueño de la igualdad porque no nos vamos a distinguir, menos en el marco de la hiperexposición en la que estamos inmersos.

Ser sencillo no es aspiracional, vivir con modestia refleja mediocridad, no publicar fotos es falta de autoestima, no traer celular es ser retrógrada, no hacer nada es desperdiciar el tiempo, no tener millones es ser pobre y fracasado. Con esos criterios lo único que hacemos es obedecer a ese director de orquesta que impone, desde la esfera del poder, el ritmo y la métrica que debe prevalecer.

La propuesta es dejar de ser nuestros propios verdugos como dice Chul Han, que seamos bondadosos con cada una de las esferas de nuestro ser, que seamos la joya más preciada para nosotros mismos, que nunca más nos dejemos de lado, que no apresuremos el paso cuando ni si quiera sabemos a donde queremos llegar, que nuestro espíritu descanse en aguas mansas y que cuando haya tormenta sintamos la fuerza del viento sin asustarnos, que con una sonrisa desarmemos el enojo, que identifiquemos el cansancio y sepamos que es tiempo de parar para retomar fuerza y seguir viviendo, sin tantas luchas, sin tantos deseos, sin tanta confusión.

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