Fernando Aceves, imágenes que suenan y trascienden
Entrevista

Fernando Aceves, imágenes que suenan y trascienden

En los últimos 30 años no existe prácticamente ningún artista del rock influyente en la escena musical en México que no haya pasado por el lente de Fernando Aceves. Originario de Ciudad de México, su carrera ha crecido a la par de la industria de conciertos en el país y sus imágenes son testigos de primera mano de instantes icónicos. Además de estar en los escenarios, la intención de Fernando con su cámara es intentar captar a los seres humanos detrás de los grandes personajes que están sobre su lente y mostrar otra faceta de ellos. A veces el reto se logra, congelando momentos irrepetibles.

Desde David Bowie, Mick Jagger, Patti Smith hasta Marcel Marceau, José José y Joaquín Sabina, grandes leyendas han estado frente a su cámara, la fantasía de cualquier melómano. Confiesa que su entrada a esta industria comenzó por el “carril de alta velocidad” y desde entonces no ha parado. Hoy es uno de los documentalistas más importantes en Latinoamérica y desde la capital del país atiende la llamada, sereno y relajado. Le gusta hablar de música y de las bandas que escucha actualmente. En su tiempo libre también toma fotografía de calle y siente una atracción hacia la escena más íntima e improvisada del jazz.

¿Cómo empezó tu interés en la fotografía y cómo llegaste a documentar la escena del rock en México?

La fotografía siempre fue para mí un instrumento para poder preservar todo aquello que vivía de manera personal, mi propio entorno, momentos especiales, en un inicio. Después me fui percatando que la fotografía podía ser un día a día y eso fue evolucionando con el tiempo y de alguna manera llegué a la música. Era la manera perfecta de mostrar lo que iba viendo en cuanto a esta disciplina.

¿Recuerdas algún momento en específico en el que tomaste una cámara por primera vez o tus primeros acercamientos?

Siempre lo había hecho de manera informal, sobre todo en las vacaciones familiares, que llevaban una cámara fotográfica y se registraban ciertos momentos. El momento especial fue cuando en una ocasión un amigo me mostró una cámara reflex que le habían regalado y de esa manera me empecé a interesar en la cámara como un objeto que servía para documentar.

Tienes más de 30 años de carrera. ¿Cómo fueron tus primeros contactos con los conciertos, estaba dentro de tus planes?

Las circunstancias me pusieron ahí. Yo coincido con el surgimiento de la industria formal de los conciertos en México. Fue un inicio en el carril de alta velocidad, en el que te subías y agotabas la misión o de plano te acogías a todo lo que se te iba presentando a esa velocidad, fue muy interesante comenzar prácticamente en la alta escuela de los conciertos. De alguna manera ahí me di cuenta de que el gusto por la fotografía se trae, el ojo ya es una aptitud que con el tiempo vas puliendo pero el hecho de tener la sensibilidad para la disciplina me ayudó mucho porque de esa forma pude continuar junto con la industria.

¿Cuál fue el primer artista o banda que fotografiaste?

El banderazo de salida oficial fue Billy Joel en marzo de 1991. Fue una experiencia muy emocionante porque era la primera vez que yo estaba tan cerca de alguien que he admirado por muchos años, desde prácticamente la década de los 70, ahí empezó el camino hasta Joan Manuel Serrat, hace poco menos de una semana. Ha sido un camino que ni la pandemia ha logrado sacarme de ahí, la música siguió, no en un mainstream, pero, por ejemplo, géneros como el jazz no pararon a pesar de la pandemia, una escena muy pequeña pero la música seguía sonando en vivo de alguna forma. Ahí seguí y ahora hemos retomado de una manera más cuidadosa en cuanto a las bandas que decido fotografiar.

Tienes una fotografía de los Rolling Stones en blanco y negro en la que se ve a la banda en lo que se asemeja a un ensayo. Mick Jagger y Keith Richards están al centro, con la sombra de Richards enmarcando la imagen. ¿Para ti en qué radica el valor de una buena fotografía, además de los elementos estéticos?

Esa fotografía fue durante la filmación de un video que hicieron en Ciudad de México en 1995 previo a sus primeros shows. En realidad el asunto con una fotografía atractiva es que el sujeto pasa a un segundo término y siempre ha sido tratar de darle un valor a la imagen como imagen y es un valor agregado el que sea alguien muy famoso el que esté ahí. Una imagen como ésa, más los Rolling Stones, es una fotografía documental que cumpla a lo mejor con lo que la gente espera de una imagen.

Has fotografiado básicamente a todos los artistas importantes que existieron y que existen en el rock. ¿Cómo ha sido esa experiencia de trabajar con artistas como David Bowie, Rolling Stones, Paul McCartney, Sting, Elton John? ¿Cómo vives esa experiencia?

Yo he visto a esos artistas como parte de una normalidad que me tocó como fotógrafo, en realidad siempre, a pesar de la gran emoción que había, la frialdad siempre me ayudó a mantenerme neutral y poder concentrarme en la imagen, sin que me ganara la emoción o el nerviosismo. Fue clave el saber poder tomar con naturalidad esos momentos de poder fotografiar a gente tan influyente en la música.

Hace poco vi que subiste una foto con Paul y Linda McCartney, me puedes contar sobre esa fotografía.

Es una foto anecdótica, de alguna manera forma parte del entorno de lo que fue fotografíar a Paul McCartney y fue algo importante para mí, yo realmente sé de Paul McCartney desde que tengo uso de razón, a través de los Beatles, Wings, fue la respuesta a muchas preguntas y eso fue en el entorno del New World Tour en 1993 en Ciudad de México. Era la primera vez que nos visitaba un Beatle, al menos tocando. Fue muy emotivo estar ahí.

Me puedes contar también cómo fue trabajar con David Bowie, uno de los artistas más importantes que ha existido y un ícono en el arte contemporáneo.

Cuando supe que iba a fotografiar a David Bowie fuera de un escenario y en México, me mentalicé que tendría yo frente de mí, tan solo unas horas antes, a un ser humano universal, un hombre universal. Más allá del músico, yo lo veía como el personaje de algunas de sus películas. A Bowie lo conocí por el cine, curiosamente, antes que por la música. Recordemos que el personaje no fue alguien muy popular en la música en México, en los 70, por ejemplo, había otras bandas como The Rolling Stones, Creedence Clearwater Revival o The Beatles, eran bandas que prácticamente arrasaban con la escena en la radio, que era lo que primordialmente escuchábamos. A Bowie primero lo ubiqué como el personaje y después como el músico, yo creo que estar fotografiando a alguien que conociste como un actor ayudó mucho a realizar esas imágenes tan emblemáticas.

¿Hay algún artista en particular que se te haya complicado fotografiar, con tantas personalidades distintas con las que te ha tocado trabajar?

Hay que tomar en cuenta que en general el músico del mainstream, de los altos niveles, siempre tiene un personaje antes que la persona. El mismo manejo de imagen que tienen esos músicos se enfoca más a mostrar a alguien quizás inalcanzable, quizás fuera de este mundo, pero siempre mi trabajo ha sido, de alguna manera, intentar revelar al ser humano detrás de. Quizás Bob Dylan fue alguien difícil en cuanto a la logística para poder ser fotografiado, no podría hablarte de alguien en específico, creo que cada banda, cada artista, representa un capítulo diferente de esta historia.

Justo ahora que citas el lado humano de los artistas, me llaman la atención las fotografías que has tomado de Gustavo Cerati. Tienes muchas de él en conciertos pero también algunas fuera de un escenario. Hay una donde se ve a Cerati tomando té, jugando con la cuchara y captas, a mi parecer, una esencia más juguetona e íntima del artista. ¿Me podrías hablar de esa foto en particular?

Es una fotografía muy cercana, fue capturada con un gran angular, me permitió estar cerca. Fue previo a un ensayo, él se disponía a comenzar y se preparaba un té con limón y miel para la garganta, fue un momento interesante porque no hay demasiadas imágenes del hombre, hay fotografías de Gustavo filmando algún video, alguna sesión. Creo que esa fotografía ejemplifica muy bien que siempre he estado en la búsqueda de capturar al ser humano detrás del personaje. El caso de Gustavo era especial, era alguien que cambiaba mucho, era multifacético en su forma de ser, no siempre se le veía al mismo Gustavo, eso ayudaba a tener fotografías distintas y fui un testigo de una parte de su carrera. Me faltaron los 80, me faltó la época grande de Soda Stereo, los llegué a ver en un clímax, en la gira Dynamo del 1993, fue la última gran gira quizás de Soda Stereo, después llegaron y se despidieron pero pude hacer giras subsecuentes como Bocanada que para mi gusto fue la más importante. Fue de esa manera como pude estar cerca de la figura más grande que ha dado el rock en Latinoamérica, sin echar de menos a gente como Spinetta, Charly García, creo que los argentinos han sido al rock lo mismo que al futbol.

¿Cómo es tu relación con los artistas, cuál es la dinámica cuando vas a fotografiar a alguien en una situación más personal?

Es una consciencia de que será algo efímero, quizá no nos volvamos a ver, quizá sí. Hay algunos artistas con los que ya existe una relación amistosa pero es como predisponer una situación cercana, entrañable pero efímera. Creo que han funcionado las cosas bien de esa forma.

Cuando estás en un concierto, ¿cómo te preparas para ese día? La mayoría de las veces tienes un tiempo limitado, ahora que ya tienes más años de experiencia, ¿en qué piensas cuando estás debajo de un escenario, a punto de tomar fotos?

Las cosas son relajadas, siempre listo a lo que venga y con una reacción lo más rápida y precisa posible, hablando de la cuestión técnica, y esa disposición a poder captar todo lo que va llegando, es como un juego de ping pong, que la pelota te la regresan a cada instante, tú vas reaccionado con la cámara ante ese pelotazo. Es como recibir la bola desde el escenario, devolverla.

¿Qué diferencia notas en tus fotografías actuales y las primeras que hacías? ¿Ahora cómo te sientes como fotógrafo a nivel profesional?

Me siento igual, creo que no he cambiado mucho. Sigo llegando con mucha emoción, no veo una diferencia más que estar trabajando con herramientas distintas, de la época de la fotografía analógica a la era digital, básicamente los instrumentos son los que van cambiando y te van facilitando las cosas pero por alguna razón creo que cada vez es más difícil obtener una imágen icónica, quizá por la facilidad que existe hoy en día para hacer fotos. Yo comencé en una época en la que muy poca gente se interesaba a ir un concierto con una cámara. a pesar de las grandes figuras que venían, a diferencia de hoy, que siento que el oficio ha llegado a mucha gente. Quizás eso influya a que tienes que ser más original para hacer cosas distintas.

¿Algún artista en particular con el que te hayas quedado de ganas de trabajar?

Me hubiera gustado fotografiar a algunas bandas o artistas que no fueron de mi tiempo. Quizá a The Doors, en su momento de oro, finales de los 60, el propio Jimi Hendrix, Queen, en la primera mitad de los años 70, Miles Davis en el jazz, pero estoy consciente que fueron otras épocas, no me tocaron. Quizás fantaseo un poco y pienso que a lo mejor algún día los puedo fotografiar.

Eres un melómano, ¿qué música escuchas y qué es lo que te llama la atención de la escena actual?

Recientemente escuché a Greta Van Fleet, tenía mis prejuicios al respecto pero me di cuenta que es una banda a la que hay que respetar pues mantiene vivo el género, más allá de si se parece o no a Led Zeppelin. El rock sinfónico, recientemente vi a Epica, a Riverside, que está sobre el rock progresivo. Yo soy más del lado del rock progresivo, me gusta The Pineapple Thief, Porcupine Tree, bandas activas. El rock clásico, ¿a quién no le gusta Pink Floyd, Led Zeppelin, Queen?, son parte del soundtrack de nuestras vidas. Me gusta escuchar bandas que han tenido una clara evolución y que siguen activas. Jehtro Trull, por ejemplo, es una banda de mucha tradición en mi vida como melómano y te encuentras con que siguen haciendo buena música, tienen un gran disco afuera. Yo creo que hay que entretenerse y las plataformas ofrecen esa oportunidad que antes era negada.

Arcade Fire es una banda que también me gusta mucho. Gracias a la facilidad que dan las plataformas, antes era muy difícil poder cachar todo lo que llegaba, la única manera era escuchando la radio y de repente se tenía acceso a algunos discos.

También eres muy fanático del jazz, un género con una dinámica muy distinta a otros, más de improvisación y con un lenguaje distinto. ¿Cómo es tu acercamiento con el jazz? Visualmente, ¿qué diferencias encuentras respecto al rock?

El jazz se parece mucho a la fotografía porque estamos hablando de la improvisación, creo que el jazz ofrece muchas posibilidades a nivel de atmósferas y pueden ser traducidas de una manera relativamente fácil, interpretarla a nivel visual.

¿Cuál es tu lente favorito y por qué?

Una de las cosas que me han dejado todos estos años es que me he dado cuenta que cada lente es una óptica distinta, es muy difícil casarse con un solo tipo de lente. Quizás hay ocasiones en que está todo muy estandarizado, trabajar en una arena donde hay tiempos límite de tres canciones. Hay un Zoom que es un 70-200 2.8 que sí es fundamental, sobre todo cuando el tiempo apremia. Me gusta trabajar con lentes fijos y luminosos.

Además de la fotografía, ¿qué te gusta hacer y cómo es un día en tu vida?

Me gusta escuchar música, hacer fotografía de calle, ir al cine. Mi vida no es muy diferente a la de cualquier melómano.

Con toda la experiencia que tienes y la virtud de ser uno de los fotógrafos más reconocidos de México, ¿qué es lo que más te da orgullo de tu carrera?

El haber preservado momentos muy importantes en la historia de la música en mi país. Creo que, de alguna forma, he cubierto mi época, cosa que no sucedió en otras décadas en la escena de México. Si bien no estábamos integrados a la escena internacional que circula ahora como festivales, siempre había una escena muy rica que desgraciadamente no está muy bien documentada. Ahí el reto era hacer algo.

Si pudieras escoger algunas fotos de las que en particular te sientes más orgulloso, ¿cuáles serían?

Es difícil pero podemos hablar de Bono en la gira de Zoo TV, trae en el cuello su guitarra acústica, esa fotografía puede mostrar la libertad del rocanrol. Quizás la otra es (Keith) Richards y (Mick) Jagger, Jagger mostrándole la lengua, es una foto que tuve mucha suerte en haberla podido capturar. Quizás Gene Simmons escupiendo fuego, es una foto que muestra a un ícono como él que influyó en tantas y tantas bandas. Incluso el propio Till Lindemann de Rammstein.

Kiss es una banda muy cuestionada en su manera de actuar pero al final muy influyente, yo creo que ellos son los verdaderos creadores del circo del rocanrol.

Hay una de Cerati de perfil, sobre un escenario y captas su silueta, esa es muy bonita…

Sí, es una foto que conjuga el personaje con un momento interesante. Tiene esas dos cualidades, el momento escénico junto a un personaje icónico.

¿Cómo ves el panorama actual de la fotografía musical en México? ¿Qué le recomendarías a alguien que se quiera dedicar de lleno a esta industria?

Yo creo que para dedicarse a esto hay que comenzar por la escena local, la próxima, la que está a la mano del fotógrafo. Esa es una de las mejores pruebas para poderse preparar, hay que llegar preparado. No se puede improvisar ya en esta época, hay que tener una preparación para poder desarrollar este oficio y para eso hay que comenzar en casa, con los clubes, con las situaciones complejas de iluminación y entrar a dominar la técnica. Una cosa te va llevando a la otra al final.

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