Arcelia Ramírez: espejo de la actuación
Entrevista

Arcelia Ramírez: espejo de la actuación

La función terminó y escuchó aplausos cuando los créditos comenzaron a desfilar en pantalla. Arcelia Ramírez dejó su butaca roja en el Teatro Debussy de Cannes, dio media vuelta y recibió la ovación en el rostro por una película que veía por primera vez. La percusión de las palmas reconocía su papel protagónico en La civil, dirigida por Teodora Mihai y filmada en Durango. Pasó un minuto, dos, cuatro, seis, ocho. La actriz mexicana se abrazó con Mihai, con el actor Álvaro Guerrero y con otros integrantes de la producción. Juntó sus manos, se le empapó la sonrisa, le fue imposible contenerse.

Fue la primera vez que la actriz arribaba como parte de un elenco al Festival de Cannes. No pudo viajar cuando se proyectó Así es la vida (2000), película de Arturo Ripstein, que también protagoniza. Sólo había asistido como espectadora y tenía una década sin visitar la costa francesa. Interpretar en La civil a Cielo, una madre que busca a su hija desaparecida en un país indiferente, le valió el reconocimiento del mundo cinematográfico, ocupar las portadas de los diarios mexicanos y ser trending topic en redes sociales.

El reloj danza hacia las diez de la mañana. Hay movimiento en el hotel Fiesta Americana desde temprano, pues es uno de los que hospedan al talento del trigésimo séptimo Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG). Los minutos escurren en la infancia del martes 14 de junio, gotean sus segundos hasta cruzar la hora pactada de la cita. Entonces, vibra mi teléfono y un correo electrónico interrumpe la inquietud de la espera: Una disculpa, bajo en diez minutos”.

Arcelia Ramírez tenía apenas diez años cuando alucinó” con Bad boys (1983), de Rick Rosenthal. Proyectó la imaginación fluctuante de su niñez en ficciones, encuadrándose en el papel principal de los filmes. Lo mismo sucedió con Julia (1977), de Fred Zinnemann, donde se veía a sí misma como Jane Fonda y Vanessa Redgrav. Eran avisos, en ella germinaba la semilla de la actuación, aunque ese talento no se consolidaría de inmediato.

La actriz aparece en el lobby, se disculpa por el retraso y dirige su andar hacia el restaurante del hotel. Va sin freno, como si escapara de los pendientes. “¿Dónde quieres hacer la entrevista?, pregunta. Elige una mesa del fondo. El mesero pide su número de habitación para atenderla. Arcelia se apresura a tomar un plato para invadirlo de piña y papaya, frutas que luego baña con yogur. Sobre la mesa, el café negro llena la taza, mientras ella sorbe un jugo de aspecto rosado. “¿O tú prefieres que desayune y hagamos luego la entrevista en el lobby, con menos ruido?”. Le consulto cuánto tiempo tiene disponible: Como hasta las docepero tendría quebueno, para no entretenerte, mejor de una vez”.

Egresada del Centro Universitario de Teatro (CUT), escuela de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Arcelia decidió ser actriz al salir de un taller de actuación con el maestro Ramiro García, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Entonces estudiaba Ciencias de la Comunicación y, tras la clase de teatro, al descender una escalera, eligió su destino.

En el CUT compartió su formación con actores como Lisa Owen, Érika de la Llave, Patricia Marrero, Bárbara Eibenschutz y Víctor Hugo Martín. Afrontar la condición de ser actriz, mediante el entorno académico, le permitió analizar los ejercicios de sus compañeros y cosechar conocimientos del proceso actoral del otro. Esto no hubiera sido posible sin la instrucción de sus maestros. Para ella, el nombre de Luis de Tavira ejerce un papel especial.

En algún momento, Luis trabajó con nosotros como desmantelando los mecanismos de defensa. Era como dices, destruyéndonos un poco el ego para ir más desnudos al encuentro con el personaje y tratar de estorbarle lo menos posible”.

Arcelia también pertenece al patronato del FICG, ese es el motivo de su visita a Guadalajara. Durante el festival, se pronunció por una ley que proteja al cine mexicano, pues más allá de la cantidad de producciones, importa su llegada a las audiencias. Considera que se deben buscar otros mercados, además de Hollywood, para este arte que actúa como un espejo y confronta al individuo consigo mismo. La multiganadora del Premio Ariel ve, en proyectos como La civil, la oportunidad de dar voz a heridas profundas que sangran todos los días desde hace años. La idea es que, a través del cine, se construya un mundo más empático.

De niña viste Bad boys (1983), de Rick Rosenthal, y te imaginaste siendo protagonista de películas, ¿qué hay en este descubrimiento de la imaginación que se filma desde la infancia?

Creo que el cine es una herramienta maravillosa para confrontarnos con nosotros mismos, para, a través de esos personajes, encarnarlos, ponernos en sus zapatos. Las películas son una luz, una inspiración, un espejo que te plantea la pregunta de quién eres y te ayuda a construir tu identidad, a comprender la condición humana. ¿Sabes? Nos ayuda a saber quiénes somos y qué estamos haciendo en este mundo. Entonces, en ese momento (me parece que pasa en todas las etapas de la vida, no nada más en la infancia) sí hay como una identificación. En este caso, echa a volar la imaginación, las ideas, las emociones y las sensaciones. Hay películas que acomodan cosas, hay otras que purifican, que subliman, que confrontan, que cuestionan, que rechazas, porque hay algo ahí que no quieres ver de ti. Es una riqueza enorme. Entonces, seguramente, no nada más con Bad Boys, sino con todas las películas que vi en ese momento, entendí que tenía este deseo, pero quizá también era una cosa que le pasa a todos los niños. No necesariamente esos deseos o estos impulsos llegan a concretarse en una carrera de actuación, como en mi caso. De hecho, en ese momento tuve el deseo de ser actriz, se lo dije a mi mamá. Ella se puso muy contenta y me dijo: “Te voy a llevar a una escuela en la secundaria”, como de formación artística, integral. Y cuando eso no se pudo realizar, porque fue complicado para ella, yo saqué esa idea de mi cabeza y quise ser licenciada en Ciencias de la Comunicación. Me fui a Ciencias Políticas y ahí me encontré realmente con el primer ejercicio de actuación; fue lo que me estremeció, porque te das cuenta de cosas que, no a un nivel muy consciente, había entendido a la hora de hacerlas. No sabía cómo lo había hecho pero, en el primer ejercicio, el director del taller lo ponderó.

¿Ramiro García?

, era un egresado del Centro Universitario de Teatro (CUT) que fue finalmente la escuela donde estudié. Entonces, cuando lo ponderó, dije: “¡A lo mejor puedo hacer esto que me encanta. Este deseo sigue aquí y resulta que quizá puedo hacerlo. Ahí me di cuenta de que quería ir a una escuela a aprender y empezar este camino. Aunque nunca sabes si lo vas a continuar, eso es otra cosa, la vocación o seguir por una ruta que es bien difícil, porque esta carrera es súper difícil, sobre todo porque trabajas contigo mismo, con tus emociones. Que te digan que no te quedaste con el papel es duro, es muy duro; es un pastel muy pequeño para tantas gentes que queremos hacer algo en esta carrera. Ha sido una trayectoria de resistencia. No necesariamente las personas que empiezan a trabajar en actuación, se mantienen o continúan. En fin, en ese momento dije que esto era lo que quería y se acabó, no había vuelta de hoja.

El hecho de ser actriz, ¿cómo te llevó a comprender la condición humana?

Considero que, cuando lees un guion y te preguntas por el personaje, la pregunta se regresa. Es como un espejo: el personaje te pregunta quién eres y qué de ti le vas a dar, qué vas a crear con tu imaginación, qué vas a investigar de la vida real para tratar de comprenderlo y sumergirte en su universo, qué sica vas a escuchar para preparar tu corazón a la hora de interpretarlo o de inspirarte. Vaya, va siendo como un camino de búsqueda de los referentes del personaje, que tiene que ver con tus propios referentes, con tu propia experiencia, tu memoria, tu capacidad de observación, tu capacidad de entender la realidad y al ser humano. Los actores tenemos una gran necesidad de tener un proceso de autoconocimiento, para tener a la mano el instrumento de trabajo, saber quiénes somos y qué podemos utilizar de nosotros mismos para darle al personaje. Y también para regresar sin confundir la realidad y la ficción, lo cual es complicado.

Me recuerda a una frase que habías dicho, que la ficción está en la mente del actor. En el momento de leer un guion o un libreto, ¿cae una lluvia de imágenes sobre ti?

, necesariamente. Es lo que pasa con la literatura. Por eso creo que es muy importante para los actores en formación… decía mi maestro Luis de Tavira que los actores estamos en formación o en deformación, pero en el caso de estar en formación, creo que leer en general, leer novelas, ensayos, artículos, etcétera, pero leer, es importantísimo, porque vas ejercitando el músculo de la imaginación. Y por supuesto, cuando lees un guion, te imaginas el universo del personaje, pero después, vaya, en ese momento pulsas qué tipo de personaje es, si la historia tiene lógica, si te dice cosas, si el tema es interesante y si te dan ganas de hacerlo. Luego, ya en un trabajo mucho más exhaustivo, a la hora de crear el personaje, tienes que elaborar un tren de pensamiento: en qué esta pensando cuando entra a escena, antes de entrar a escena, de dónde viene, a dónde va, quién es, cuáles son sus circunstancias mediatas, inmediatas, remotas; es un trabajal, dependiendo de la dificultad del personaje, que necesitamos hacer a conciencia y tratar de darle el mayor número de determinantes para construirlo. Después, tienes que confrontar todo este material con el director, porque yo no trabajo sola. A mí me interesa ser dirigida por un director que tiene un punto de vista, una concepción de su historia y que tiene muy claro cómo narrarla, cómo contarla. Además, el director es quien nos va a poner a todos en el mismo carril, nos va a situar en el mismo universo y nos va a poner en la misma ruta para contar la historia. Todo esto tiene que estar en acuerdo con el director.

Cuando lees un guion te preguntas por el personaje, pero el personaje también te pregunta quién eres. En este caso, cuando te llega el guion de Teodora Mihai para hacer La civil, ¿quién eras en ese entonces?

Ay, me cuesta mucho trabajo hablar de quién soy yo. Siempre que me hacen esta pregunta: “¿Quién es Arcelia Ramírez?”, buenoes un poco complicado. En todo caso, son procesos, es como un diálogo permanente. En el caso de La civil, el hecho de ser mamá me ayudó a dimensionar la tragedia, la desesperación del personaje, la impotencia, la rabia, vaya, todas las emociones que puede desencadenar una situación semejante. Este trabajo se hizo muy de la mano con la directora. Nos vimos durante casi un mes, o más. Tuvimos encuentros todos los días y hablábamos de cada escena, de cada obstáculo, de cada objetivo, de cada motivo para las decisiones que tomaba Cielo: ¿qué la motivaba a ir hacia una dirección o hacia otra? Entonces, todo esto también fue porque es un personaje con un arco dramático enorme. Es un personaje que, a partir de su desgracia, toma conciencia de quién es, de todas sus posibilidades, de quién puede llegar a ser, de tener conciencia de la audacia, la inteligencia, la valentía, el coraje, como toda la fortaleza. Había que hacerlo de tal manera que el espectador no la soltara, no la perdiera de vista, no sintiera que eso ya no era creíble. Había que dosificar muy bien ese camino, ese recorrido. Teodora había hecho una investigación muy responsable, exhaustiva, era un proyecto muy personal y conocía muy bien a sus personajes, su historia, la complejidad con la que trató el tema; había que ponerse en sus manos.

Mencionaste también que al conocer bien la frontera entre la realidad y la ficción, la complejidad del personaje de Cielo no te acompañaba a la casa, contrario a lo que te pasó con Julia en Así es la vida (2000), de Arturo Ripstein.

Creo que esto me lo ha dado la experiencia. Entre más ejerces tu profesión, más te van cayendo veintes. Con Julia, de Así es la vida, creo que tenía que ver con cierta inseguridad. En ese momento, las circunstancias de mi vida, la dificultad del personaje o trabajar con Arturo Ripstein (que es uno de los grandes directores de este país) también me imponía. Todo eso se acumula y tiene qué ver, pero creo que el temblor que me daba ese proyecto era acceder al universo y a la locura de ese personaje, a la sinrazón de Julia, para hacer lo que hace al final de la película. Eso era lo que creo que me aterraba, por eso me la llevaba a mi casa y decía: “¡Por favor!, ¡que mañana pueda volver a hacer las escenas!”, ¿sabes? No es algo que recomiende ni me gusta que pase, lo evito. Trato de evitarlo sin tampoco bloquear esto que pasa con los personajes: que te los piensas todo el tiempo, que mientras te haces de desayunar están ahí, que de pronto la articulación del mundo tiene que ver con la obra de teatro que estás haciendo, con la película, con el personaje. La realidad empieza a hablarte en relación con lo que estás haciendo; todo empieza a tener qué ver con el personaje, estás tratando de interiorizar. Ese proceso no hay que obstaculizarlo, no me refiero a eso. No me refiero a que te sientas el personaje en tu casa, pero que te lo pienses, que te enamores, como cuando uno está enamorado y piensa en esa persona todo el tiempo y te preguntas qué le gustaría, qué no, quién es, así. Ese proceso de enamoramiento y obsesión, ese sí me gusta.

Antes de La civil, participaste en una obra de teatro con temática similar: Desaparecer. La sinopsis dice que los personajes llenan una ausencia a partir de la imaginación. Esta capacidad humana de la ficción ante la pérdida, ante lo que no se encuentra, ¿qué te dice?

Creo que la ficción se alimenta de las cosas que no podemos entender, de las heridas, de los dolores, para tratar de articular ficciones que nos ayuden, que den un poco de luz, una cosa a muchos niveles, no nada más a nivel racional, sino emocional, incluso espiritual, que es como esta zona de nosotros a dónde nos lleva el arte. Los grandes creadores nos dan esa posibilidad de sanar, entender, acomodar. Como lo vives a través de un personaje, hay una cierta distancia que es capaz de acercarte a ti. Cuando lo ves en el otro, hay algo que te pasa a ti también.

Al principio de La civil, Cielo está con su hija Laura y ella le hace un gesto de desobediencia. Cielo reclama: Parece que estoy hablando con una pared. Es irónico que, tras el secuestro de Laura, Cielo parezca hablar todo el tiempo con paredes que tratan de frenarla u ocultarle algo; su desesperación es notoria. Como actriz, ¿en qué parte de tu cuerpo crees que cayó ese rango emocional?

¿En qué parte de mi cuerpo? ¿Específicamente? No había pensado en eso... no siento que haya sido en cierta parte de mi cuerpo... o sea, ¿en la espalda, piensas?, ¿en el pecho o en el brazo? No tengo conciencia de esto. Es una pregunta interesante… fíjate que nunca hicimos un trabajo corporal deliberado, pero ahorita que estoy recorriendo las imágenes de la película en mi cabeza, en un recorrido rápido y medio superficial, quizá sí hay una transformación corporal de Cielo, pero no lo hicimos deliberadamente; esto fue dándose a partir de responder a cada circunstancia que enfrentaba Cielo. Muchas veces en los procesos hay un coreógrafo, un director de movimiento para justamente ayudarnos a construir esta metamorfosis, pero en este casovaya, no sé si Teodora lo fue registrando y permitiendo que pasara, pero en todo caso yo no lo hice consciente.

Con una película como esta que fue a Cannes y permanece en pantallas nacionales de corte comercial, ¿qué tanta utilidad tiene el cine para hablar de estas temáticas, que son parte de una realidad que muchos quisiéramos fuese ficción?

El cine pone sobre la mesa los temas, suscita las reflexiones, el análisis, el entendimiento. En el caso de La civil, como decía Teodora, esta película es la aportación de este equipo para un tema tan complejo y multifactorial. La aspiración es que todos, desde nuestra trinchera, nuestra posición en la vida, hagamos lo nuestro con pequeños gestos, hasta con un cambio de manera de pensar, de manera de funcionar con quienes tenemoss cerca, como un acto de conciencia; habrá quienes incidan, que tengan la capacidad de incidir más en la vida social y política de este país. Por supuesto que la aspiración sería encontrar soluciones preventivas, caminar hacia la construcción de un sistema de justicia que apoye a las víctimas, en fin. En el caso de todas las películas, de la cantidad, de variedad y diversidad de temas en la cinematografía mexicana y mundial, pues sí, la idea es que podamos, a través del cine y del arte, ser mejores personas y construir un mundo más amable, más fértil, más humano, más sensible. Es exactamente lo contrario que hacen estasno sé, siento que este mundo tan entregado al poder del dinero, es justo lo que desmantela la humanidad. La complejidad nos vuelve a todos objetos de compra-venta; quién eres responde a qué tienes.

¿Qué puedes compartir de tu ovación en Cannes? El aplauso del público casi siempre marca el final de una función, pero aquí también pareció inaugurar una nueva etapa en tu carrera.

Todo era muy emocionante, empezando porque fue la primera edición presencial del festival después de la pandemia. Yo tenía diez años de no estar en el festival. Fui muchas veces como espectadora, como actriz no tuve oportunidad de acompañar a la película Así es la vida. Nunca había ido como actriz. Entonces, de ser un festival que conocía muy bien, tenía diez años de no ir, fue el primer año presencial después de la pandemia, estábamos todos juntos en una sala de cine, frente a un material cinematográfico que era La civil, con un personaje súper importante para mí. Descubrí la película por primera vez, Teodora me hizo esa recomendación, pero casi así como: Mírala ya terminada. Entonces, estaba viéndola por primera vez, tenía un nudo en la garganta y a la mera hora, cuando se acabó la película y empezaron los aplausos, yo dije: Me tengo que contener, tenemos que recibir. Nos dimos la media vuelta y empezó esa ovación, así, absolutamente generosa del público, que no acababa y no acababa. No pude más, pero sí, fue uno de los momentos más hermosos de mi vida. También es muy emocionante, eso quiere uno con las películas, que conecten con el público, que el público se haya identificado, se haya puesto en los zapatos del otro. Esta ovación daba cuenta de ello y no nada más era un reconocimiento a nuestro trabajo, sino también una comunión con el personaje de Cielo y, a través de Cielo, con todas las mujeres que están viviendo una situación semejante; es decir, allí había una solidaridad humana.

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