Diez cartas contra la violencia
Nuestro mundo

Diez cartas contra la violencia

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Cerca de la empatía, lejos de la violencia, de Aleida Hernández Cervantes, es un libro formado por diez cartas escritas por la autora para su hijo, entonces de ocho años, con una cuestión en mente: ¿cómo educar niñas y niños libres del ejercicio de la violencia? Compiladas en forma de libro y publicadas bajo el sello de Bonilla Artiga editores, las cartas pueden ser leídas por un público amplio: niñas, niños, padres de familia, maestros y otros profesionales de la educación.

De la autora podemos decir que es doctora en derecho por la UNAM y que es investigadora de tiempo completo y profesora de la misma universidad. También que pertenece al Sistema Nacional de Investigadores y que es autora de libros sobre temas de teoría, epistemología jurídica, de género, así como de seguridad social y trabajo. También que es integrante del Grupo Interinstitucional y Multidisciplinario para atender la Declaratoria de Alerta por Violencia de Género contra las mujeres de la Ciudad de México.

El libro parte de una premisa: la violencia no proviene únicamente de los demás, también puede brotar de nosotros mismos. Es un riesgo latente en nuestro día a día, en la forma en cómo construimos nuestras relaciones con los otros. Así, la mejor manera de mantener a los hijos lejos de la violencia es enseñándoles a procesar sus emociones, pues cuando la frustración, el enojo y la tristeza son reprimidos, se acumulan y terminan por brotar en forma agresiva. “Al conocimiento de las emociones tómalo como un viaje al interior. Descubrirás cosas asombrosas”, recomienda Aleida en la primera carta antes de enfrentar ese terrible lugar común de que los niños no lloran. Por supuesto que lloran, responde la autora, pues hay veces en que sólo el desahogo nos permite restaurar nuestro equilibrio interno.

Después las cartas abordan la empatía, esa palabra tan de moda que puede resumirse en una frase “que te importen los demás”. ¿Cómo generar niñas y niños preocupados por los otros en un entorno que premia la competencia despiadada, la ciega acumulación de riqueza y la satisfacción individual? Un primer paso es hacerle ver a nuestros pequeños que vivimos en comunidad y que sin la ayuda de los otros sería imposible resolver nuestras necesidades. De allí la importancia de rescatar prácticas ancestrales como el tequio, es decir, el trabajo no remunerado que se hace en beneficio de la comunidad donde vivimos. En este sentido, la octava carta contiene recomendaciones para reforzar la idea de comunidad a partir del grupo más esencial en la vida de los niños: la propia familia. “Es importante que te preguntes: ¿quién preparó los alimentos que están en mi mesa? ¿Quién lavó y guardó mi ropa en el armario? ¿Quién despejó y limpió la mesa para que volvamos a comer? Todo eso implicó esfuerzo, dedicación y horas de trabajo. Por eso el hogar que es nuestra casa requiere de todos los que la habitamos, porque la necesitamos. Lo que es común nos pertenece a todos, y lo que es de todos merece ser cuidado por todos”.

A lo largo de las diez cartas Hernández Cervantes aborda, de manera sencilla pero a la vez profunda, temas fundamentales: la manera de construir vínculos afectivos responsables, la importancia de escuchar a los demás, el respeto por el propio cuerpo y por el ajeno, así como las formas de poner límites a quienes pretenden orillarnos a actuar en contra de nuestras convicciones. Se trata de asuntos cotidianos que exigen atención constante y esfuerzo continuo, sí, pero cuyos beneficios colectivos son tangibles.

Así, para quienes somos padres, la lectura de este valioso libro nos lleva a una conclusión ineludible: si queremos educar niñas y niños libres del ejercicio de la violencia, la primera tarea es trabajar en reeducarnos y desterrar de nuestras propias conductas cualquier semilla de la misma.

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