Plomo contra la juventud
Nuestro mundo

Plomo contra la juventud

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Los años de plomo, de Hugo Esteve Díaz, es una novela que remonta al lector hasta el lapso de la historia nacional en que la hartura por la miseria popular, la corrupción en el mundo oficial, la decrepitud en las instituciones y la podredumbre de las élites eran cultivos abiertos en los diversos poderes, destacadamente los gubernamentales y sus brazos represores.

En ese entramado de decadencia brotó el idealismo político de una parte de la juventud que creyó en la posibilidad de transformar la nación no solamente erradicando sus lacras sino llevándola al socialismo por el camino de las armas. Advinieron así años de plomo en los que la conocida ahora como “guerra sucia”, fue sofocando idealismos e idealistas, mediante el cercenamiento de vidas.

La entrega de aquellos idealistas que tomaron las armas en contra del sistema capitalista sigue produciendo libros, artículos, encuentros, exposiciones verbales y de otra clase. Entre todo esto aparece la novela de Hugo Esteve Díaz Los años de plomo.

Esteve Díaz es autor de varios libros como Los años de plomo, aunque no de ficción, ha publicado Las armas de la Utopía. Tercera ola de los movimientos guerrilleros en México y Amargo lugar sin nombre. Este lleva el subtítulo de Crónica del movimiento armado socialista en México. Una de sus últimas obras en que se ocupa de este tema es Accidentes de la razón. Antología del cuento guerrillero.

Me acerqué con simpatía a Los años de plomo porque antes había leído la antología del cuento guerrillero donde Esteve Díaz incluyó unas páginas del mismo libro bajo el título de “Un pavoroso eco metálico”. En esta parte un guerrillero narra en primera persona de singular, como horrible pesadilla, las torturas que viven él y un compañero en manos de “autoridades” bestiales. Por otra parte tengo como fuente de visita frecuente acerca del movimiento guerrillero su abundoso Amargo lugar sin nombre, que me informa mucho, me resuelve dudas e inquieta mi curiosidad.

Dije antes que me acerqué con simpatía a Los años de plomo y señalé por qué, pero la lectura me volvió más entrañable el libro en tanto me introdujo a la sordidez de los lugares y de las almas de policías y militares torturadores, mas también a la heroica entereza de los guerrilleros populares –y no pocas veces de sus familiares, también torturados por el gobierno mexicano– que resistían los más que sádicos, bestiales maltratos, la perversa crueldad de las bestias guardianes del orden burgués cuyos altos jefes visten con distinción, consumen bocadillos de sibaritas, toman bebidas de gargantas refinadas, fuman puros importados y se perfuman con fragancias que contrastan con los hedores de sus almas. Hugo Esteve Díaz nos lleva a escenas donde podemos asquearnos y acrecentar nuestro odio contra ellos.

El autor ilustra la arbitrariedad, la indolencia, la inhumanidad de los torturadores que actúan en nombre del Estado cuando un esbirro comenta: “los subversivos que agarramos la semana pasada en la Narvarte y en la Casas Alemán no nos dicen mucho. Creo que nosotros sabemos más que ellos. Para cerciorarnos tuvimos que presionar con la familia, sólo así aflojaron. Y está confirmado: éstos no participaron en ninguno de los dos últimos secuestros. Para cerciorarnos, tuvimos que darles calor y en la calentada se nos tronaron dos: un detenido y su compañera. Ya nos ocupamos de borrarlos”.

Estos enunciados de la ficción de Esteve Díaz ilustran la realidad porque siempre se supo que en su desesperación por encontrar a los guerrilleros las policías y el ejército arrasaban a los familiares, los secuestraban y desaparecían; los torturaban y “calentaban” igual que a los revolucionarios; que a unos y otros los “borraban” cuando se les morían a causa del tormento porque necesitaban no dejar huellas de sus bestialidades.

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