Hold the whirlwind, don´t let it blow
Nuestro mundo

Hold the whirlwind, don´t let it blow

Nuestro Mundo

Tenía dieciséis años cuando conocí a Melisa, mi primera novia formal. Estaba quebrado por la muerte de mi madre, cuando llamó por teléfono y me dio palabras de aliento como si fuéramos los mejores amigos. Llegó antes que alguien más a la funeraria. Estuvo un par de horas acompañándome a pesar de haberse confrontado con su padre. El tiempo que permanecí con ella durante esa noche no fue suficiente para mitigar mi desdicha. Cuando estuve entre sus brazos dejó en mí un aroma que aún recuerdo. Después de un rato, se presentaron más amigas y amigos, familiares y conocidos. Estuvimos en la sala principal de Gayosso hasta las diez de la mañana del siguiente día. Después hubo una misa y nos dirigimos al crematorio para despedirnos de mamá. Melisa me acompañó. Al cabo de unas semanas, de manera inevitable, nos convertimos en pareja.

Cuando hicimos el amor supe que no volvería a ser el mismo. Esa chica peruana me había estrenado. Estábamos en Tequesquitengo, en la casa de descanso de los familiares de Jonathan, un amigo en común que teníamos. Fuimos en parejas. Claudia y Jonathan. Melisa y yo. Después de comer y beber, nos dispusimos a descansar en nuestras respectivas recámaras. Ahí se dio todo. Fingí lo más que pude para que Melisa no se percatara de mi novatez. Según ella, había resultado yo suficientemente capaz como para provocarle un momento de felicidad. Yo recién descubría el enamoramiento. Era un estúpido que temblaba y tartamudeaba sin saber comportarme. Me dejé llevar.

Luego de un rato, mientras permanecíamos acostados en aquella cama, abrazados y satisfechos, Melisa encendió el reproductor de CDs y puso el disco de Siouxsie and the Banshees. Ella adoraba dos canciones. Primero Forever y después O Baby. También fue mi primera vez con Siouxsie Sioux. Nunca había oído a la banda hasta que conocí a Melisa. A partir de ese día y por fraguar una complicidad musical con ella, me hice fanático de la agrupación británica. A pesar de haber sido un metalero dogmático, Siouxsie me provocó un extraño fervor. Desde ese día, Jonathan me calificaría como “darketo”. Pero yo jamás salí del clóset. Preferí permanecer en la oscuridad de mis nuevos gustos musicales.

Unos días posteriores a nuestro encuentro amoroso, Melisa me confesó que no había sido yo su primera pareja. Entonces sentí como si unos filos estuvieran rasgando mi estómago, diminutas navajas cercenándome la carne, royendo mis entrañas. Jamás imaginé que a los dieciséis años llegaría a sentirme tan celoso ni a tener ganas de estallar como si fuera un refresco que agitan antes de destapar. Le pedí que me contará todo sobre Rodrigo. No había querido decirme nada porque según ella era irrelevante. Cuando por fin se animó a platicarme con un cigarro en mano, me dijo sentirse confundida. Resulta que con él fue al concierto de Siouxsie and the Banshees un año antes de conocerme. Estuvieron juntos en el Auditorio Nacional durante la gira del 95. Esa experiencia era más importante que haber hecho el amor por vez primera con Rodrigo. Y en eso no tenía manera de competir con él. Ahora debía esperar a que Melisa aceptara asistir a algún concierto conmigo para poder superar el momento que vivió con aquél cabrón.

Hoy día Melisa está casada y tiene tres hijas. Vive en Sao Paulo. Tiene tres años más que yo, aunque ella siempre presumió ser más joven, y a veces uno se lo creía. Entonces, ¿para qué recordar eso? Ahora estoy mejor de lo que estaba en aquellos días, aunque fuera más joven y me ilusionara con cualquier cosa.

Cuando mi padre nos dio la noticia de que mi madre había muerto, yo no tenía la fuerza suficiente para soportar ese gancho al hígado. La manera en que logré sobrellevar esa situación fue gracias a Melisa, y a pesar de que no éramos maduros para valorar la relación, nos hicimos bastante bien. Finalmente nos separamos por intervención de su padre. Y no la volví a ver hasta hace un par de años gracias a Instagram. Apareció en la pila de sugerencias. Permanecí impávido. Estuve a punto de seguirla, pero me resistí. Y no pasó nada más. Después recibí una notificación. Era ella. Acepté. Conversamos acerca de nuestra relación, mientras el tiempo transcurría y recordábamos nuestras vivencias. No le dije, pero la nostalgia es la única razón por la cual seguí oyendo a Siouxsie and the Banshees. Y aludo al tiempo porque recién se cumplieron veinticinco años de que murió mi madre, ese horroroso momento del que me salvó Melisa. No es casualidad, escribo esto mientras escucho una canción de Siouxsie: The Ghost In You.

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