Byung-Chul Han
Reportaje

Byung-Chul Han

La rebelión de la filosofía

Que un filósofo tome por asalto el mercado editorial es equiparable a un fenómeno astronómico, por ejemplo, el paso de un cometa que se deja ver cada tres o cuatro generaciones.

Puesto en términos médicos, y dejando de lado la decadencia del papel, el panorama de la letra impresa para su venta atraviesa por un periodo de desequilibrio: la poesía sufre una profunda depresión mientras la narrativa, especialmente la novela, goza de cabal salud.

En cuanto a casos particulares, el género de la crónica se ha revalorizado mientras que el ensayo, sin tantos reflectores como las novedades en materia novelesca, ha consolidado un público ávido de pensamientos seductores.

La ruta allanada por autores como Noah Chomsky o Gilles Lipovetsky no cesa de sumar paraderos atractivos como El Infinito en un Junco de Irene Vallejo.

Sin embargo, en la última década, quien encabeza el asalto a las estanterías de los herederos de Montaigne se llama Byung-Chul Han.

Nacido en Corea del Sur (1959) y nacionalizado alemán, experto en estudios culturales y profesor de Filosofía en la Universidad de las Artes de Berlín, Han lleva una docena de títulos publicados desde la aparición, en 2010, del que hasta el momento es el libro insignia de su obra: La Sociedad del Cansancio.

En la última década, no sólo ha amasado un nutrido grupo de lectores y admiradores, también de críticos. Estos últimos dieron lugar a una réplica voluminosa que también habla del éxito del filósofo: un libro titulado ¿Por qué (no) leer a Byung-Chul Han?

EL ATRACTIVO

¿Qué hace atractivas a las entregas de este filósofo superventas (tan sólo en España ha vendido más de 25 mil ejemplares de La Sociedad del Cansancio)?

En general, combina una prosa de fácil digestión con el tratamiento filosófico de temas que, de una u otra manera, ponen en guardia al lector frente a las trampas de la modernidad.

Aquí tres muestras extraídas de su libro insignia:

1. A la sociedad disciplinaria todavía la rige el no. Su negatividad genera locos y criminales. La sociedad del rendimiento, por el contrario, produce depresivos y fracasados.

2. El exceso del aumento de rendimiento provoca el infarto del alma.

3. El cansancio de la sociedad de rendimiento es un cansancio a solas, que aísla y divide.

No sólo el estilo es accesible, también el razonamiento; cuando quiere dejar claro un punto, Han explica el asunto, ilustra con un ejemplo, abunda en la explicación; luego, utiliza otro ejemplo y otro más.

Dentro del discurso de este profesor, citas de Michael Foucault y Jean Baudrillard conviven con observaciones sobre El Juego del Calamar o los videojuegos.

La extensión de sus obras convierte al ejercicio lector en una experiencia controlada; son volúmenes breves, de 150 páginas cuando mucho.

Leerlo no es precisamente barato: en la editorial Herder (que publicó sus primeras traducciones al español) La Sociedad del Cansancio, La Desaparición de los Rituales y La Expulsión de lo Distinto comparten un precio de lista de 485 pesos.

No-Cosas, título del año pasado, ya con el sello de Penguin Random House, cuesta en línea 199 pesos, mientras que el precio de Infocracia, publicado en abril pasado, esta vez con Taurus, es de 149 pesos.

TÍTULOS Y TEMAS

La Sociedad del Cansancio

Contiene varios conceptos clave del corpus de Han. La “sociedad del cansancio” es la sociedad fundada sobre un exceso de positividad, con el “sí se puede” como único mandamiento. El individuo recibe infinidad de estímulos para perfilarse hacia la autorrealización; se convierte en un sujeto de rendimiento; su búsqueda del éxito deviene en autoexplotación. “Al explotarnos a nosotros mismos, creemos que nos estamos realizando”, advierte.

La Sociedad Paliativa

Para que los sujetos de rendimiento puedan producir sin parar hay que eliminar cualquier interrupción; como el dolor es el gran interruptor de la humanidad, hay que borrarlo, tanto a nivel personal como colectivo (las pastillas felices ayudan a ese propósito). La tolerancia al dolor es cada vez más escasa; la sociedad se precipita hacia la algofobia (miedo al dolor). En el ámbito social, el descenso del umbral del dolor produce parálisis: la sociedad y, especialmente, las autoridades se ven incapaces de tomar decisiones difíciles o de realizar cambios profundos que lastimen a un grupo, dando lugar a la sociedad del consenso, donde los problemas serios se tratan con analgésicos políticos. En síntesis, se anestesia el dolor, no se elimina.

La Agonía del Eros

El Eros (amor) es transformación, morir en el otro. Sin embargo, tiene el inconveniente de que produce dolor y como el dolor no es útil al modelo neoliberal (a menos que sea un sufrimiento agradable, que pueda venderse), se promueve el narcisismo, el alzamiento de barreras al interior del individuo. Las relaciones afectivas se reemplazan por conexiones frías, tan virtuales como placenteras, pues en ellas la persona no se enlaza con lo distinto sino con lo compatible, lo igual. Se elimina el componente doloroso del Eros reduciendo al otro a partes humanas sexualizadas, como en el porno.

No-Cosas

El orden digital sustituye al orden terrenal. La humanidad está situada en una vorágine de novedades informáticas y no repara en que al mismo tiempo van desapareciendo sus objetos queridos. Sucede, por ejemplo, con la fotografía. Una foto tradicional, con su proceso de revelado, su papel viejo, el álbum que la conserva y la mirada hacia el interior de quien era fotografiado, es cálida; la selfie, en cambio, es código binario, información fría, un dato, un producto sometido a criterios mercadotécnicos. Los objetos viejos, esos que acompañan a una persona una edad a otra, funcionan como anclas del ser; permiten a su dueño remontarse a versiones anteriores de sí mismo. Los infómatas (el entorno smart con sus celulares, ordenadores, relojes, asistentes virtuales y demás) no generan apego; facilitan la vida, cierto, pero espían a sus propietarios

La Desaparición de los Rituales

Los ritos transmiten valores y órdenes que mantienen unida a una comunidad. Gracias a ellos el “estar en el mundo” se convierte en un “estar en casa”, hacen habitable el tiempo. Hoy día, vivimos en un presente continuo. La atención está fragmentada, sin asidero temporal, despojada de las ceremonias que dan estabilidad a la vida. La actual presión para producir priva a las cosas de su durabilidad; como lo simbólico va desapareciendo, el mundo ya no es más un escenario en el que se representan papeles y se intercambian gestos rituales, sino un mercado en el que los individuos se exhiben.

EL SISTEMA SEGÚN HAN

El neoliberalismo, explica el profesor alemán, ha conseguido borrar la frontera entre el espacio laboral y el espacio de ocio.

Así ha alumbrado al sujeto de rendimiento, la persona que se explota a sí misma con la idea de que se está realizando. Este sujeto es, al mismo tiempo, víctima y verdugo. Figuras de autoridad como el capataz se vuelven innecesarias; el sujeto de rendimiento está obsesionado con la autooptimización; las tecnologías posibilitan que permanezca atado a su molino.

Hasta el siglo XX, la humanidad vivía en una sociedad disciplinaria, forma de organización que giraba en torno al “no”, materializado en límites y prohibiciones,

Los templos de esa disciplina eran fábricas, hospitales, cárceles, manicomios.

En la sociedad del rendimiento, los sitios de culto son gimnasios, centros comerciales, bancos, clínicas estéticas, negocios que ayudan al individuo a forjar la mejor versión de sí mismo.

Locos y criminales eran los productos anómalos de la sociedad disciplinaria; organizarse en torno al rendimiento, en cambio, genera fracasados y depresivos.

El modelo neoliberal promueve que la clave de la felicidad es producir; como el triunfo o el fracaso dependen enteramente del individuo, de su libertad de obrar, no hay contra quien dirigir una revolución, no hay figuras de quienes provenga la represión. No se percibe que el sistema económico ejerce una coacción elegante: defiende una libertad que conduce a autoexplotarse.

La existencia humana, observa Han, está totalmente absorbida por la actividad, no hay tiempo para reflexionar, contemplar o aburrirse. La pérdida de lo humano sucede, entre otras cosas, porque del aburrimiento profundo surgen caminos nuevos al interior de las personas. Esos senderos jamás transitados suelen derivar, por ejemplo, en progresos científicos y obras artísticas.

El aburrimiento, Han cita a Walter Benjamín, es el pájaro de sueño que incuba el huevo de la experiencia.

EL AMOR

En tiempos de la sociedad del rendimiento, ¿es posible el amor? Han responde a esa pregunta con un “no”.

¿La razón? El amor va acompañado de dolor, y el sufrimiento es negatividad, interrupción, pausa, de manera que no encaja con las necesidades del sistema ecónomico vigente.

Sin preocuparse por la paradoja que entraña su modo de conducirse, el neoliberalismo fomenta a la vez la desaparición de las fronteras (el libre flujo de mercancías, conocimientos, productos culturales, etcétera) y la construcción de muros al interior del individuo, es decir, el narcisismo.

Según Han, el sujeto narcisista evita toda negatividad, permanece igual a sí mismo, domestica el amor, no busca experiencias transformadoras sino vivencias placenteras, de consumo rápido, indoloras.

Para mantenerlo en ese camino libre de transformaciones, el paradigma del rendimiento vende la posibilidad de un amor cuerdo, donde sufrir no tiene cabida (salvo que el cliente encuentre placer en el dolor).

Al erosionar la figura del otro, el amor se positiva para convertirse en una fórmula de disfrute, se reduce a emoción y excitación sin arista alguna; el individuo se abisma en el culto al propio ser y pierde el don del otro.

¿Cómo funciona ese don? En palabras del filósofo romano Marsilio Ficino, amar es “morir en el otro” porque “enajena al hombre de su propia naturaleza y le trae la extraña”, lo que puede traducirse como transformación.

El amor en tiempos de redes no dispone de la opción de modificar al individuo; se precipita en el "rapidín", no dispone de tiempo para pasiones o sufrimientos; busca sexo ocasional, para la distensión; percibe al otro como un producto que puede consumir (y desechar) sin que se generen consecuencias negativas.

Byung-Chul Han reitera a sus lectores que la gracia del Eros consiste en renunciar a la conciencia de sí mismo para adentrarse en los terrenos de la transgresión y la trascendencia.

¿POR QUÉ NO?

En 2018 se publicó ¿Por qué (no) Leer a Byung-Chul Han?, donde cinco voces señalan puntos débiles de la obra del filósofo alemán.

Los dardos inician desde la introducción (firmada por las autoras del volumen): “sus textos proponen descripciones rápidas y efectivas que no permiten ahondar en las paradojas de los complejos problemas que, sin embargo, sí señala”, es decir, critican a Han por realizar un tratamiento superficial de las cuestiones que aborda.

María Cristina Ruiz del Ferrier advierte que en el diagnóstico del pensador alemán sobre el cambio de paradigma que sufre Occidente (la transición del modelo disciplinario a uno del rendimiento) no se ofrece ni una interpretación de las prácticas que han configurado este resultado ni se ofrecen propuestas emancipatorias.

Sólo se pasa revista de los principales efectos negativos de la sociedad del cansancio”, dice la docente investigadora de la Universidad de Buenos Aires.

María Beatriz Greco advierte que el “modo Han” de plantear el arraigo del modelo de rendimiento en la cotidianidad “Deja entrever un sujeto que ha quedado capturado en una trama sin salida”. ¿Puede el sujeto, se pregunta la doctora en Filosofía, ser concebido sin fisuras en su constitución, sin espacios inabordables por los embates neoliberales, preso de un tiempo histórico que a la vez que lo captura, lo cancela? Según la doctora Greco, el tono apocalíptoco de Han desarticula el mismo concepto de inconsciente.

Otra crítica constante hacia el autor de origen surcoreano es su discurso iterativo.

Termino de leer No-Cosas, flamante y ya agotado en muchas librerías. Las primeras ideas resuenan a cuento conocido, dentro y fuera del propio Han”, dice Martín Hopenhayn, filósofo chileno, en el texto Byung-Chul Han contra sí Mismo publicado en la revista Santiago.

También advierte que el filósofo hiperventas plantea soluciones a nivel personal, no colectivo.

La emancipación no está en el asalto al poder ni en la revolución de masas ni en los movimientos sociales (...). Está en cultivar el jardín, conectarse con un tiempo en la demora (...), con los pequeños rituales que marcan el sentido, dan duración y narrativa. Han se ocupa, eso sí, de que nada de esto suene a opción narcisista ni a receta de autoayuda.”

TRANSGRESIÓN

Buena parte del valor de la obra del nacido en Seúl se encuentra fuera de los libros, en las acciones que despierta en sus lectores.

En principio, el autor de La Sociedad del Cansancio incita a profundizar en varias de las cuestiones que plantea. Para ello, un primer paso es conocer, o revisitar, a los escritores citados en sus relatos. Una forma amable de iniciar el recorrido consiste en recurrir a las obras de las que toma ideas.

En su revisión del mito de Prometeo, Han parte del relato de Franz Kafka que recupera las versiones sobre el destino del titán que dio el fuego a los hombres; para celebrar el calor que irradian los objetos, retoma un poema de Rainer Maria Rilke.

También hilvana una lectura patológica de Bartleby, el Escribiente, de Herman Melville, y celebra el “cansancio del nosotros” extraído de un ensayo de Peter Handke.

En el plano filosófico, promueve la lectura de Walter Benjamin, Michael Foucault, Jacques Derrida, Jean Baudillard y más.

Si hay algo que no se le puede negar al autor de Psicopolítica es que gracias a él miles de personas están leyendo libros de filosofía de un autor contemporáneo.

Además, sus ideas no sólo generan admiración o críticas, también productos alternos disponibles en el ciberespacio. Ejemplo de ello es el canal de YouTube de Claudio Álvarez Terán, profesor de Historia.

En este espacio virtual hay disponibles 15 videos en los que se resume la obra del pensador hiperventas; el más corto es el dedicado a La Sociedad del Cansancio, apenas 10 minutos de duración; el más largo (42 minutos) sintetiza Infocracia.

Álvarez Terán también ha producido videos sobre Sonríe o Muere (de Bárbara Ehrenreich), La Sociedad del Miedo (de Heinz Bude) y La Tiranía del Mérito (de Michael J. Sandel).

En Facebook, el grupo Byung-Chul Han: su pensamiento, tiene más de 88 mil miembros.

DOMINACIÓN

Varios de los asuntos tratados por Han son moneda corriente, lo que facilita la inmersión del lector en sus párrafos.

En una entrevista con el diario El País (9 de octubre del 2021) describe al celular inteligente como un lugar de trabajo, un confesionario y el artículo de culto de la dominación digital.

Como aparato de subyugación actúa como un rosario y sus cuentas; mantenemos el móvil constantemente en la mano. El me gusta es el amén digital. Subimos nuestras vidas a las redes. Allí nos confesamos, nos desnudamos por decisión propia, pero no pedimos perdón sino que se nos preste atención”, explica.

En estos tiempos, según Han, la comunicación total (hecha posible gracias a las tecnologías) coincide con la vigilancia total, una que la humanidad acepta de forma voluntaria. Smartphones, portátiles, tabletas y demás infómatas no sólo hacen la vida más fácil y cómoda, también espían a sus propietarios; traducen las vidas a datos que los algoritmos de los dueños de Internet utilizan para bombardear a los usuarios de los dispositivos con un aluvión de estímulos, informaciones y novedades que mantienen fragmentada su atención.

Al final, de lo que se trata es de hacer felices a los consumidores; porque la felicidad inmoviliza, se perpetúa, no deja margen alguno a la interrupción, a los incendios del Eros, a la posibilidad de un cambio.

De esa manera, vislumbra Han, la humanidad no se dirige hacia un futuro distópico como el de la novela 1984 de George Orwell (con su Gran Hermano producto de un Estado totalitario); el futuro, profetiza, será más parecido a Un Mundo Feliz, de Aldous Huxley, donde el control estatal se basa en la administración de soma, una sustancia que mantiene felices a las personas.

FILOSOFÍA PARA LLEVAR

En la entrevista mencionada, al responder a la pregunta de si la filosofía debe ocuparse más del mundo en el que vive la mayor parte de la población, Han toma prestada una idea Foucault: “Define la filosofía como una especie de periodismo radical, y se considera a sí mismo periodista. Los filósofos deberían ocuparse sin rodeos del hoy, de la actualidad. En eso sigo a Foucault”.

Cabe mencionar que para algunos de sus críticos, el autor hiperventas está incurriendo en lo mismo que denuncia:

a) Una lógica del rendimiento que lo lleva a publicar un año sí y otro también (así ha sucedido a lo largo de la última década).

b) La explotación de una fórmula agradable (libros pequeños, un discurso aforístico, la repetición de ideas).

Sin embargo, lo que no puede negarse es que un público nuevo se está acercando a la filosofía de la mano del autor de Psicopolítica y encuentra sentido a sus llamados a revertir la descomposición de lo humano.

Esa corrupción, reitera Han, está vinculada con el espíritu mercantilista de estos tiempos.

El filósofo ilustra este punto de vista con varios ejemplos; en uno de ellos le enmienda la plana al autor de El Principito, Antoine de Saint-Exupéry.

Sólo se conocen las cosas que se domestican (...). Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los mercaderes. Pero como no existen mercaderes de amigos, los hombres ya no tienen amigos”, dice el zorro en uno de sus célebres discursos.

Casi ochenta años después de la publicación de El Principito, el orden digital humano es dominado por mercaderes de amigos.

PROPUESTAS

Un problema del mundo actual, según Leontxo García, periodista español y adalid del ajedrez educativo, es que cada vez hay más gente que piensa menos.

Los libros de Byung-Chul Han, La Sociedad del Cansancio sin ir más lejos, son un constante llamado a darse tiempo para la reflexión.

Han aconseja, por ejemplo, elevar la vivencia al plano de la experiencia.

¿Cómo se logra esto?

En este momento, el lector está teniendo la vivencia de un texto sobre un filósofo alemán de origen surcoreano. Para transformarlo en experiencia basta con que el lector, tras dar por finalizada la lectura, dedique tiempo a reflexionar sobre lo planteado en estas líneas y determine, por ejemplo, si acaso encuadra, o conoce a alguien que lo haga, en la descripción de lo que es un sujeto de rendimiento.

Luego, conviene ejercitar la introspección para visualizar las decisiones, situaciones y demás factores que lo han llevado hasta esa condición y articular un relato (la historia personal) con los materiales acopiados.

De esa forma, la vivencia de leer un texto ajeno puede convertirse en una experiencia personal del asunto que le ayude a tomar mejores decisiones en el futuro.

Otro consejo del filósofo alemán es darle una oportunidad a la vida contemplativa, es decir, a la atención profunda como forma de acceder a los estratos de la propia existencia que permanecen sepultados bajo la triada trabajo-obra-acción.

La irrupción de Byung-Chul Han visibiliza la rebelión de la filosofía contra lo que va mal con la humanidad.

NOTA FINAL

Cabe mencionar que el autor de La Sociedad Paliativa habla desde un contexto de primer mundo, donde los niveles de vida permiten adoptar con mayor facilidad el entorno smart (los dispositivos de última generación, el hogar inteligente o el internet de las cosas, por ejemplo).

En México, si bien la expansión del uso de Internet se mantiene (según el Inegi el 75.6 por ciento de los mexicanos usa la red de redes), todavía hay un largo trecho por recorrer antes de que que se afiancen, en los términos planteados por Han, conceptos como el modelo de sujeto de rendimiento.

Cabe mencionar que ese sujeto siempre atado a su molino sí existe en territorio mexicano, pero no a expensas de la tecnología (no es su principal promotora) sino de factores como la pobreza, los bajos niveles de formación y las condiciones críticas de ocupación.

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