Wong Kar Wai
Cine

Wong Kar Wai

Estilizar sentimientos universales en la pantalla grande

En la ola de cine oriental que cautiva a millones de espectadores alrededor del mundo desde hace un par de décadas, existe un nombre que se repite con frecuencia entre las listas de recomendaciones hechas por analistas, críticos y cinéfilos: Wong Kar Wai.

El director acostumbra a emplear una narrativa visual por demás estética y preciosa. Romántico por excelencia, explora las emociones humanas, así como su naturaleza y distintos perfiles con una asombrosa elocuencia, distanciándose de la propaganda del amor romántico como un producto más de consumo de sus pares hollywoodenses, y bajo ese tenor, nos presenta originales historias enternecedoras y honestas por igual.

Si bien algunos de sus filmes más icónicos se remontan a la década de los noventa, su filmografía ha tomado un segundo aire a partir del surgimiento de los servicios de streaming. Actualmente varios de sus éxitos se encuentran en MUBI, plataforma que se especializa en cine de arte, y que lo ha catapultado a la fama internacional nuevamente, ahora, entre las generaciones más jóvenes.

Durante el mes de julio, el Museo Arocena, a través de su ciclo de cine, Cuadro x Cuadro, proyectó cinco de sus películas más emblemáticas, en colaboración con Pimienta Films y MUBI Latinoamérica, incluyendo la afamada In The Mood For Love (2000), ganadora del premio del jurado en Cannes. Esta es una oda romántica al fracaso amoroso que captura y condensa la esencia del director, y la que es para muchos la obra maestra de Wong Kar Wai. En varias listas especializadas, es incluso catalogada como la mejor película del siglo XXI.

Made in Hong Kong

Nacido en Shanghai, emigra a los cinco años a Hong Kong, dónde al provenir de la China Continental, hablante de mandarín y dialecto shanghainés, pasa por un complicado periodo de adaptación al cantonés, dando pie a que pase gran parte de su tiempo en cines, junto a su madre, para ir aprendiendo de a poco la lengua y cultura local, mientras su pasión por el cine es cultivada. Después de graduarse de artes gráficas en el Politécnico de Hong Kong, e interesado por la narración audiovisual, comienza un curso en producción, en la Television Broadcasts Limited (TVB) de Hong Kong, donde posteriormente trabajaría como guionista de tiempo completo. Ahí conoce al actor y director Alan Tang, quien era también productor en las compañías The Wing Scope e In-gear.

Tang, cautivado por su trabajo, acepta financiar su primer largometraje, As tears go by (1988), un poderoso metraje sobre la hermandad, donde ya asomaban sus características habilidades fílmicas. Unos años más tarde, le produce su siguiente cinta Days of being wild (1991), película que emana un aura de nostalgia, mismo que permanecerá y se hará habitual en su filmografía.

En 1994, en una pausa de alrededor de dos semanas durante la post producción de Ashes of time (1994), a manera de desfogue y antítesis de ese rodaje, toma a su equipo y algunos actores y filma la aclamada Chungking Express (1994), clásico instantáneo y actualmente ya película de culto que logra ser un retrato del hombre contemporáneo, con la que obtendría finalmente el reconocimiento internacional. Con esa película que le haría acreedor a varios premios, entre ellos el premio del jurado del Festival de Cine de Estocolmo, buscaba que contrastara con su filme en marcha, donde la lentitud de las meditaciones de sus desorientados personajes medievales fueran cambiadas por tribulaciones en un Hong Kong que se encontraba debatiendo entre la modernidad y la tradición, En el marco del acuerdo de su independencia de Reino Unido y consecuente anexión a China, el director confronta la perspectiva y declive cultural cuando uno de sus personajes finalmente acepta que “todo tiene fecha de caducidad”. Un dato curioso, es que entre los actores se encuentra a la entonces poco conocida actriz, pero ya aclamada como cantante, Faye Wong, quien volvería a aparecer en 2046 (2004). En la actualidad, ostenta varios récords de ventas tanto en Asia como en el mundo.

Es a través de elementos, símbolos y diálogos en apariencia cotidianos, que nos permite conocer su postura política, personal e ideológica con respecto a esta disrupción cultural y geopolítica que implicó la Declaración Conjunta Chino-Británica de 1984, misma que surtió efecto en julio de 1997. A pesar de tener un par de filmes de habla inglesa, la mayoría de sus historias transcurren en un Hong Kong de distintas épocas. Algo muy presente en sus filmes, es que muchas veces deja entrever la nostalgia por un Hong Kong más tradicional y ancestral, de una China que ya no existe, pero que él recuerda puesto que con ella creció. Va formando trazos y recuerdos de él, que le permiten guiar al espectador en esta travesía personal que comparte con millones de chinos a quienes les ha tocado experimentar la transición generacional, y con la que gente de todo el mundo le es posible identificarse.

A pesar de no ser tan radical en sus declaraciones como otros de sus pares, suele opinar con cierta frecuencia y mesura acerca de la situación tanto de China como de Hong Kong, y perteneciente al Hong Kong Film Directors’ Guild, junto a otros 200 directores y productores, apoyó las protestas de 2019 a través de un comunicado.

La complejidad de las emociones / El amor tiene fecha de caducidad

A pesar de en ocasiones grabar sin tener un guion formal, llega a tener diálogos bellísimos, dando pie a que sus películas puedan catalogarse como poesía audiovisual. Esta es quizá una de las razones detrás de su éxito internacional, pues es gracias a las citas y escenas cortas pero memorables, que sus romances suburbanos logran conectar con el espectador global, independientemente de su lugar de origen. Suele utilizar personajes que rayan entre lo excéntrico y lo absurdo, como quien busca un amor pasado entre personas con el mismo nombre o algún parecido al de su amada, o quien se aferra a un amor no correspondido. A pesar del constante desamor o infortunio amoroso presente en sus historias, que a veces es solo un mal timing en la vida (como sucede también en la vida real), no dejan de tener una carga de optimismo y alivio.

Con tramas que generalmente se dan entre encuentros fugaces y amores platónicos, desde la soledad y el aislamiento, es que sus historias transcurren y observamos desde la cotidianidad de la vida de sus personajes, y es a través de ellos que vemos la evolución y sus desenlaces. Las incertidumbres y malviajes se van despejando conforme los personajes van conociendo y conectando con sus propias emociones, como una promesa para ellos (y nosotros) que a través de la autoexploración y deconstrucción del romance podremos llegar a la calma y paz mental / emocional que tanto se anhela, haciendo uso magistral y constantemente de la imagen, la música, las sensaciones y, sobre todo, la melancolía, a veces futura, de un romance que nunca existió.

A través de interesantes juegos de cámara, tomas y distintos planos, intercalados con los personajes retratados desde distintos objetos que les son habituales dentro de sus manías, vicios y costumbres, logra capturar a la perfección la melancolía narrativa del romance en las historias.

A pesar de su distanciamiento con el cine hollywoodense y sus ideales acerca del amor romántico, haciendo uso del romance como su estandarte y género insignia, su estatus como director de culto radica en su éxito para lograr capturar lo que se siente. No es necesario decirlo con palabras ya que en este anhelo constante del ser humano moderno, a final de cuentas, todes seguimos deseando amar.

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