Las batallas en el desierto
Literatura

Las batallas en el desierto

Obra cumbre de narrativa coloquial

Me acuerdo, no me acuerdo, ¿qué año era aquel? Recuerdo que eran los ochenta, el mandato de López Portillo daba sus últimos aires y le pasaba la batuta a un Miguel que no, no era Alemán era de Madrid o de no sé dónde. Había dado inicio la época vigorosa de la devaluación de la moneda, la casa estaba siendo saqueada y el perro se había quedado dormido. Era la época de los carros cuadrados. De las televisiones prendidas 24/7 y el ‘’estrellato’’ de Televisa. Los peinados eran estrafalarios y esponjados, se usaban hombreras, bigotes y la ropa plastificada de colores llamativos. Esa década hubo mundial, terremoto, leche radioactiva de la Compañía Nacional de Subsistencias Populares (CONASUPO), expropiación de la banca, caída del petróleo y nació el neoliberalismo. En la música la radio daba espacio a voces juveniles como Timbiriche o Menudo. En las baladas y los tragos José José y Juan Gabriel. Seguido de una década de Avándaro se daba el renacimiento del "rock en tu idioma" con Botellita de Jerez, El tri y se vivía el primer certamen de composición "El rock del Chopo". En la literatura Carlos Montemayor con Mal de piedra, José Joaquín Blanco y Las púberes céneforas, Luis Zapata De pétalos perennes y Las batallas en el desierto de un ya letrado José Emilio Pacheco.

Este último se convertiría en emblema de una época y ciudad, visión del autor capitalino. La trascendencia de la novela sería tal que Café Tacvba le rendiría tributo con "Las batallas" publicado en su primer álbum discográfico, así como una adaptación a la pantalla grande con Mariana, Mariana (1987) del director Alberto Isaac. El éxito de José Emilio con su obra, se debería a su narrativa coloquial y sencilla. Este genio descriptivo de infancia narrada se nutre de su entorno ofreciendo una comparativa nostálgica que añora el seno de su desarrollo.

La obra

Publicada en 1981, Las batallas en el desierto se convirtió en una de las obras más características de José Emilio Pacheco, y por lo tanto una de las obras más trascendentales de las letras mexicanas. Esta novela corta, de apenas treinta y siete páginas, nos narran las memorias de Carlos, un niño clase-mediero, que no muy ajeno a su espacio de vida, nos recuerda su infancia, su entorno y el horror de un amor prohibido. El título de la obra opera como un juego de niños que sirve de puente a las memorias de nuestro protagonista. Aquí se nos invita a experimentar con él un mundo de adultos autoritarios, el tradicionalismo quejoso de nuestro país, que aún desvanecido en el ambiente siempre será imborrable, cuestiones como el imparable avance de un consumismo extranjero que, innovador, se vuelve invasivo y la dolorosa y lamentable angustia de un niño conmovido por la atracción del sexo opuesto y que, mayor a las ‘’necesidades’’ de su edad, le provocan dudas en su ser emocional.

Radiografía de México

Las batallas en el desierto ofrece con su narrativa una visión que, enunciado por las vivencias, experiencias y memorias, de nuestro protagonista, nos permite atravesar un umbral que nos lleva de regreso a un México de principios de los años cincuenta. La descripción escénica y narrativa de Pacheco es palpable al imaginario, haciendo ofrenda de sus ojos a lo que hoy poco se podría distinguir de lo que era la ciudad capitalina del Distrito Federal.

"Nos enseñaban geografía del D.F. los ríos (aún quedaban ríos) las montañas (se veían las montañas). Era el mundo antiguo".

Un México de los cincuenta que aún transitaba el gobierno del presidente Alemán bajo la máxima del "progreso", aunque más que un bien para México consistió en ahondar la alineación del país con Estados Unidos y acabar así de sepultar a la revolución mexicana. Auto proclamado civilista y de tener lo ideal para la modernización que proclamaban. Aún hace recuerdo aquel comercial que transmitían anunciado la ciudad del futuro, de la modernidad, Ciudad Satélite: agua (aún había agua) luz, teléfono, servicios existentes y verdaderos, pavimentos de concreto (¿No son recarpeteos?) banqueta, drenaje y todo terminado con las mejores calidades.

Carlos, o Carlitos, es así consciente de todo su entorno sumergiéndonos como espectadores a lo que siente, vive, incluso lo que come y observa. Esta radiografía, de un probablemente autor con pseudónimo, hace juicio y prejuicio de lo que fue y se iría convirtiendo el país. La crítica a las figuras de poder, las ideologías, el consumismo y la misma espantada y perturbada sociedad mexicana persignada que se resguarda incluso de sí misma.

‘’...el padre Ferrán me preguntó detalles: ¿Estaba desnuda? ¿Había un hombre en la casa? ¿Crees que antes de abrirte la puerta cometió un acto sucio? Y luego: ¿Has tenido malos tactos? ¿Has provocado derrame? No sé qué es eso, padre.’’

Los ojos de nuestro infante sufren ante los dogmas que se ciernen sobre la sociedad y se cierran ante las explicaciones, achicando sus discursos entre complejidades y evitando la ‘’sobre explicación’’. Una sociedad que aún hoy día es posible ver, donde al niño poco se le explica, tratándole de individuo poco desarrollado. La falta de tacto emocional está propiciada por un mundo adulto sensorial, que al ser más explicativo que lógico se vuelve perturbador.

‘’No, no me había curado: el amor es una enfermedad en un mundo en que lo único natural es el odio.’’

Se discute la figura de la mujer, que señalizada recatada y sumisa, se enfrenta a la sociedad de los estigmas. Se cuestiona la identidad del mexicano que bajo ‘’máscaras mexicanas’’, escribiría alguna vez Octavio Paz, se oculta hipócrita y temeroso de sí mismo, de doble moral asfixiante. Los espacios en los que transita la obra, aunque no conocidos, te saben familiares gracias al estilo directo y la prosa depurada del autor. Una obra que sabe excepcional y aunque corta y efímera es basta para trascender. Su uso de la nostalgia sirve como punto comparativo que remarca un antes y después, piedra angular de los cambios en nuestro país, cosa que en ocasiones ofrece un sabor insípido, la pigmentación del ayer perdió fuerza el día de hoy. Melancolía por una mujer, por una ciudad.

‘’Demolieron la escuela, demolieron el edificio de Mariana, demolieron mi casa, demolieron la colonia Roma. No hay memoria del México de aquellos años. Y a nadie le importa: de ese horror quién puede tener nostalgia. Todo pasó como pasan los discos en la sinfonola’’.

Sobre el autor

José Emilio Pacheco Berny nació en 1939, en la Ciudad de México. Fue un poeta, narrador, ensayista y traductor, convirtiéndose en uno de los escritores más importantes de la literatura mexicana del siglo pasado. Integrante de la Generación de los cincuenta o de medio siglo, junto con otros autores como Jorge Ibargüengoitia, Carlos Monsiváis o Salvador Elizondo, se interesan en la cultura rural de cara a la revolución mexicana que hace frente a las visiones ‘’modernas’’ cosmopolitas y urbanistas.

Su narrativa destacó el uso de nuevas estructuras y técnicas. En sus obras abordó temas como la perdida y la singularidad de la infancia, así como las relaciones afectivas, también están presentes las cuestiones sociales de cara a una responsabilidad social que desmantela los dogmas de nuestro país. Entre sus obras distinguidas se encuentran El principio del placer (1972), Las batallas en el desierto (1981), La sangre de Medusa y otros cuentos marginales, No me preguntes cómo pasa el tiempo y Los trabajos del mar (1984). Siendo galardonado y convertido en un prestigioso profesor fallece en 2014 en la ciudad de México habiendo sido un hombre de letras de principio a fin, autor fundamental de la literatura mexicana del siglo XX.

Comentarios