¡Súbele!
Nuestro mundo

¡Súbele!

Nuestro Mundo

Baterista, productor, locutor, crítico de cine y dibujante, Héctor Becerra fue y seguirá siendo un referente en La Laguna. La primera vez que supe de él fue porque tocaba la batería en La Clase, mítico grupo de rock pop que hizo de las suyas a fines de los ochenta. Más tarde, en 1992, conformó otra banda, Metrópolis, con Gerardo Montellano en el bajo y la voz, y con Javier Batarse en la guitarra.

Era una época pre-internet, mucho menos conectada que ahora. La manera de promover los trabajos era hacer grabaciones caseras y hacerlas circular en cassetes para conseguir tocadas. A pesar del aislamiento, Metrópolis se abrió camino por muchos puntos del noreste del país, sobre todo en Monterrey. En aquel entonces yo tenía quince años y hacía mis primeros intentos en la música, y llegamos a alternar con ellos en antros como Circus y Flamingos. En los tiempos muertos entre la prueba de sonido y la tocada no era raro escuchar al Becerra, como entonces le conocíamos en el medio musical, dando recomendaciones de toda suerte de música.

Nacido en 1967, destacaba de inmediato porque, además de hacer buena música, sabía explicarla. Nadie como él para comentar sin falsas poses el desarrollo de la música, en especial del rock & roll. Desde los orígenes remotos del género, cuando los cantos de las plantaciones de algodón en el sur de los Estados Unidos se mezcló con el ritmo del rockabilly.

Hará unos tres años nos encontramos en la librería El Astillero. Luego de recordar aquella época remota, estuvimos hablando sobre Metallica, que por décadas ha sido mi banda favorita. Sus opiniones, siempre bien fundamentadas, eran dignas de grabarse y transcribirse. ¿Cuál dirías que es tu canción favorita de Metallica y por qué?, me preguntó. Sin pensarlo le respondí que dos: Some kind of monster, del álbum St. Anger y Fixxxer, del álbum ReLoad, ambas por la misma razón: con más de ocho minutos de duración, las rolas se toman el tiempo necesario para crecer, respirar, desarrollarse en una época en que la duración promedio de una canción apenas rebasa los tres minutos. Dicho rápido y mal, canciones con ese formato son una forma de resistencia frente a los criterios comerciales que imperan en la industria global de la música. Que estuviera de acuerdo él, que de música lo sabía todo, resultó para mí una suerte de prueba a destiempo, el examen extraordinario de una asignatura que llevaba décadas pendiente. De manera automática Becerra sacó su celular y me pidió que repitiera mis argumentos para una de sus célebres Rockomendaciones, que fue transmitida en el programa 702 de RockShow.

Comentario aparte merecerían sus muchas aportaciones como crítico de cine, otro renglón en donde supo combinar erudición y entusiasmo a niveles contagiosos. Y por Jaime Muñoz Vargas me entero de que, además, Becerra obtuvo premios en certámenes de caricatura. Su pareja, la periodista Jessica Ayala Barbosa, es ya, por derecho propio, otro referente inevitable del buen periodismo forjado en La Comarca. Desde su página Plaza Pública, Jessica ha dado un poderoso impulso tanto al periodismo narrativo como al periodismo de investigación made in La Laguna. Y eso me lleva otra vez al humanista del Siglo XXI que fue Héctor Becerra: como locutor de dos programas de radio pertenecientes a GREM: RockShow y Filmanía, ganó varias veces consecutivas el Premio Estatal de Periodismo en los últimos años.

Conversamos por última vez en febrero pasado durante una breve visita a La Laguna para celebrar los cien años de El Siglo de Torreón. Durante unos minutos fui testigo de un encuentro que debió documentarse: una fugaz pero nutritiva conversación de rock entre dos de las personas que más saben del género en México: Juan Villoro y el propio Héctor Becerra. Desde este espacio no le digo adiós sino hasta luego, con una palabra que era una firma en él y que resume su actitud ante la vida: ¡súbele!

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