Tu playlist es la cura
Nuestro mundo

Tu playlist es la cura

Nuestro Mundo

¿Eres tú de las personas que prefieren escuchar música en soledad? ¿Has sentido que no puedes prescindir de un disco o una canción para soportar la vida? ¿Te resulta necesario crear listas de canciones o artistas o géneros musicales porque tienes la idea de que la música debe acompañar las diversas actividades que realizas durante el día? ¿Te parece que, como decía el filósofo alemán, sin música la vida sería un error? Si eres de esas personas, estoy en sintonía contigo. Te escucho. Te leo. Ven, de preferencia a Twitter, y recomiéndame música, tus propias listas, comparte conmigo el soundtrack de tu vida. Escuchémonos. Escuchemos música juntos. Aunque no sin lanzar una advertencia. El planeta de los melómanos, su mundo, es el de los solitarios.

Hace un par de años, en pleno surgimiento de la pandemia, escuché una playlist aparecida en una cuenta de Spotify que aún sigo. La de Matt Berninger, vocalista de la banda The National: una lista de temas curados y actualizados con regularidad por él mismo. El título Social Distancing Distortion agrupa diferentes géneros como el jazz, soul, pop, rock, glam, country, punk, grunge y otros más que caben en esta reunión de música para mantenernos a distancia del mundo exterior. Supongo, pues, que esta colección de temas elegidos por Matt empiezan por establecer una declaración de gustos. Una invitación, en este caso, a desmarcarnos de la práctica de escuchar un solo género o una sola agrupación. Social Distancing Distortion, título inevitablemente pandémico, contiene en sus elecciones una devoción por la música de sonidos contemplativos y letras librescas; de bandas alternativas country-rock; enigmáticos y fascinantes solistas y cantautores americanos o ingleses. Uno pudiera atinar que esta lista reúne anécdotas musicales, apuntes de gustos y disgustos, comentarios melódicos, meditaciones auditivas, canciones centradas en la vida familiar.

Una playlist pareciera reunir las anécdotas de quien la cura, como un género autobiográfico, como un autor que se empeña en relatar y reflexionar a través de las canciones y las composiciones de otros. Quien crea una playlist no es más que un ensayista sentimental, melómano diletante que opta por recorrer armonías y melodías mientras avanza por los espacios públicos o domésticos. Paseante o sedentario, el melómano tiene a la música como su manera de escuchar al mundo. El término de un paseo o el principio de una siesta bien pueden acompañarse de música meditativa. Afirmar que la música es asunto, no mensaje.

En esta playlist Matt Berninger reúne a la primera persona del plural “nosotros” con la tercera persona del plural “ellos”. Se vuelve personal y pacífico, como un fantasma que deambula detrás de uno, pero sin causar asombro ni espanto. Como escribo y escucho en mi almacén, paso una buena parte del día atento a las elecciones musicales de Matt. Escucho el enigmático vértigo de las melodías generando destellos de electricidad en mis neuronas. Un fenómeno extraordinariamente estimulante. ¿Estará causando en mí el efecto que Matt quería provocar con su lista de música? De haber escuchado Sur Le Fill, en el piano de Jeroen Van Veen, paso a uno de los grandes temas del movimiento folk-rock: The Sound Of Silencie, de Simon & Garfunkel y después los suenan los Cowboy Junkies con su Blue Moon Revisited. Eso hemos llegado a ser: yonquis de la música.

Escuchar música en cualquier dispositivo es despertar el demonio de la embriaguez auditiva. Spotify, Apple Music, SoundCloud, Qobuz. La píldora está al alcance de cada uno para alimentar los excesos del melómano y las alteraciones de la musicofilia. No hay mejor cruda que la de despertar con dolor de tímpano por haber escuchado música con los audífonos a un volumen inapropiado. ¡Pero cuánto tiempo desperdiciamos sin escuchar la música que nos provoca!

Tomaré en préstamo una frase de Cocteau para decir que el melómano escucha música de prisa, lentamente. En esa prisa que conlleva este dicho hay una paradoja donde se combina rapidez y parsimonia. Alguien tendrá que escuchar con calma lo más que pueda, con esa misma percepción paradójica de hacerlo tan rápido como sea posible, pues, se sabe, hay menos tiempo que vida. Leonard Cohen intuyó que el amor no tenía cura, pero que es la cura para todos los males, cuya variante musical sería la musicofilia: nuestra propensión exacerbada por la música. Novalis, el romántico escritor alemán, encontró la cura a su problema donde los tonos ejercen su mayor poder: el sistema auditivo. Porque toda enfermedad es un problema musical y toda cura es una solución musical.

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