Desasosiego
Opinión

Desasosiego

Miscelánea

Temo el día en que la tecnología sobrepase a nuestra humanidad;

 el mundo sólo tendrá una generación de idiotas.”.

Albert Einstein

¿Tu crees que el sexo por metaverso cuente como infidelidad?, pregunta mi amiga Clau, quien quedó encantada después de probar el casco “Cambria” (la más reciente propuesta de Max Zuckerberg) Entre mágico y maléfico, el desarrollo tecnológico cuyo poder va más allá de nuestro alcance, transforma el mundo con aceleración desbocada. Del asombro de Internet, que entre otras maravillas nos ofrece el don de la ubicuidad; porque vamos a ver, ¿qué hubiéramos hecho con la soledad y la desconexión durante el largo y alucinante confinamiento, sin el Zoom que nos acercó a nuestros amores lejanos e hizo posible realizar el trabajo que en tiempos normales, nos obligaba a asistir al saludo, la sonrisa, el café, la dulzura del contacto humano (a veces demasiado dulce) que ofrece la oficina?

Y ni que decir de la telefonía celular a la que sin distinción de razas ni creencias ni clases sociales, nos entregamos incondicionalmente. Hipnotizados y con pasión diabólica nos ponemos en manos de misteriosas entidades que sin sangre y sin nombre, registran puntualmente nuestras preferencias y actividades. Pecado sin perdón, todo quedará para siempre en esa cosa intangible que llaman “La nube”. Me deslumbran los espectaculares logros en la medicina nuclear y el sueño posible de viajar a otros planetas. Dispara mi imaginación la existencia de una base espacial y robots con inteligencia casi humana. Aunque no tengo contraseña que me permita el acceso, con sus males y sus bienes, el mundo virtual me seduce. Mientras escribo esta nota, la demandante luz en la pantalla de mi teléfono me requiere y atiendo: Gaby, la joven madre, hija de mi amiga, amiga de mis hijos, acaba de morir. ¡Maldición! La noticia abre en mi alma viejas heridas, conozco el horror de perder a un hijo. Entre lágrimas y rabia, aparece César Vallejo con sus Heraldos negros: Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé! / Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos se empozara el alma ¡Yo no sé!".  ¡Carajo!, tanta ciencia capaz de revolucionar el mundo y no han podido encontrar una cura para el cáncer. Aparece un misterioso virus que nos pone de rodillas y todo se vuelve un sin vivir.

Mucho viaje interplanetario pero nadie se ha interesado en mejorar las condiciones precarias en que trabajan los mineros. Las campanas llaman a desastre, en la boca de la mina las mujeres y los niños esperan noche y día el milagro de un rescate imposible. Manga gástrica, cirugía bariátrica, millones de pesos invertidos en tratamientos para adelgazar a los tragones mientras 810 millones de personas padecen hambre en el mundo.

Buscamos vida en otros planetas mientras tanto, devastamos nuestra hermosa tierra, que hasta ahora es el único lugar posible. En nombre de la soberanía, la religión, la ideología, o simplemente por los intereses mezquinos de quienes detentan el poder, nuestros jóvenes mueren en estúpidas guerras en las que todos perdemos. Alcanzamos el futuro sin resolver al presente. Se manipula el genoma para diseñar el aspecto de los futuros humanos, pero debido a algún fundamento genético, es imposible modificar nuestra humana naturaleza. Traemos en el ADN las mismas pasiones que ya reportaba la Biblia. Las mismos pecados capitales que agobiaban a la humanidad algunos miles de años antes de Cristo, siguen haciendo del mundo un lugar caótico. Assh, perdón pacientísimo lector, en este momento oscuro de mi alma percibo la inhumana tecnología como enemiga personal. Estoy desolada e impotente. Permítame retirarme a llorar.

Comentarios