Cervantes y la poesía
Nuestro mundo

Cervantes y la poesía

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Según uno de sus personajes en el Quijote, Miguel de Cervantes no era poeta afortunado, dicho de otra manera, buen poeta. Durante el escrutinio de los libros de don Quijote para decidir si van al fuego, el Cura le dice al Barbero que Cervantes es su amigo desde hace muchos años “y sé que es más versado en desdichas que en versos”.

En la vida real, el gran comediógrafo Lope de Vega, en carta escrita a un amigo en 1605 ninguneó al creador de la más grande novela al escribir: “No conozco ningún poeta tan malo como Cervantes ni tan necio que alabe a don Quijote.” El caso es que el mayor narrador de nuestra lengua, por voz de “su amigo” el Cura, reconoció que él no era bueno para la poesía.

De cualquier manera, como genio que era, Cervantes (bautizado el nueve de octubre de 1547 y nacido el 29 de septiembre de ese año) no ignoraba la esencia de esa forma del arte. Acudí a tres de sus obras para citar lo que pensaba de la poesía y los poetas. Recogí ideas de dos novelas breves, La Gitanilla y El licenciado Vidriera, y del Quijote. En esos lugares Cervantes deja ver que, en tanto la poesía es grandiosa, ser poeta es un privilegio.

En El licenciado Vidriera, cuando al protagonista le preguntan si es poeta responde que no ha sido tan necio (tonto) que se ostente como mal poeta ni tan suertudo que lo fuera bueno. Agrega que a la “ciencia” de la poesía la tiene en mucha estimación “pero que a los poetas en ninguna”.

El narrador nos dice que Vidriera “[…] admiraba y reverenciaba la ciencia de la poesía porque encerraba en sí todas las demás ciencias, porque de todas se sirve, de todas se adorna y pule y saca a luz sus maravillosas obras con que llena el mundo de provecho, de deleite y de maravilla”.

Don Quijote afirma algo similar: que la poesía “es como una doncella tierna y de poca edad y en todo extremo hermosa a quien tienen cuidado de enriquecer, pulir y adornar otras muchas doncellas que son todas las otras ciencias y ella se ha de servir de todas y todas se han de autorizar con ella […] Ella es hecha de una alquimia de tal virtud que quien la sabe tratar la volverá en oro purísimo de inestimable precio […]; no se ha de dejar tratar de los truhanes ni del ignorante vulgo incapaz de conocer ni estimar los tesoros que en ella se encierran. Y no penséis, señor, que yo llamo aquí vulgo solamente a la gente plebeya y humilde; que todo aquel que no sabe, aunque sea señor y príncipe, puede y debe entrar en número de vulgo […]”.

En La Gitanilla, acerca de la dignidad y características de la poesía, Cervantes escribió: “Hase de usar de la poesía como de una joya preciosísima, cuyo dueño no la trae cada día, ni la muestra a todas gentes, ni a cada paso, sino cuando convenga y sea razón que la muestre. La poesía es una bellísima doncella, casta, honesta, discreta, aguda, retirada, y que se contiene en los límites de la discreción más alta. Es amiga de la soledad, las fuentes la entretienen, los prados la consuelan, los árboles la desenojan, las flores la alegran y, finalmente, deleita y enseña a cuantos con ella comunican.”

Queda el pendiente de comentar las ideas de Cervantes acerca de los poetas, a los que el licenciado Vidriera desestima y que, como loco cuerdo, en juego dialéctico, al reconsiderar sus apreciaciones, “de los buenos dijo siempre bien y los levantó sobre el cuerno de la luna”.

Las ideas de Cervantes acerca de la poesía expuestas mediante don Quijote, un pretendiente de Gitanilla y el licenciado Vidriera y su narrador brillan con el destello de lo novelesco mas no dejan de mostrar la dignidad que le otorgaba el autor. Cervantes sabe que sus proposiciones se establecerán como uno de los extremos en el juego dialéctico. La dialéctica de Cervantes siempre es un gozo de leer y sentir y un magisterio valioso de atender y aplicar.

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