Piel negra, máscaras blancas
Nuestro mundo

Piel negra, máscaras blancas

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Todo idioma es una forma de pensar”, sentencia Frantz Fanon en Piel negra, máscaras blancas, volumen de ensayos que cumple siete décadas de su edición original. Para comprender los postulados de este autor es clave repasar algunas de sus circunstancias de vida: por ejemplo que nació en 1925 en la isla de Martinica cuando ésta era una colonia francesa, en una familia con mezcla de antepasados africanos, tamiles y blancos. Que a los 18 años se sumó a las Fuerzas de Liberación Francesa y posteriormente se alistó en el ejército de ese país en la guerra contra la Alemania Nazi. Y que, como él mismo explica en este libro, una de las experiencias que más le marcó durante la guerra fue presenciar una evidente división al interior de las fuerzas francesas: por un lado estaban los tirailleurs (tiradores reclutados a la fuerza en Senegal, a quienes con frecuencia se les asignaban las tareas más peligrosas) y por otro los toubabs (militares blancos, que con frecuencia se ubicaban en emplazamientos menos peligrosos). Esto le hizo preguntarse ¿por qué los hombres de color no dudaban en arriesgar la vida por un ejército que les rechazaba

Un primer intento de respuesta llegará en 1952 —cuando tiene apenas un año de haberse graduado como psiquiatra— con la publicación de Piel negra, máscaras blancas: para Fanon el complejo de inferioridad de las personas de color se debe a un doble proceso: por una parte es consecuencia del sometimiento económico, y por otra resulta de un proceso de interiorización: a partir de la dominación, el sujeto asume una psicología autoconstruida que implica una necesidad de blanqueamiento, es decir, una negación de sí mismo para tratar de encajar en la sociedad donde se desenvuelve.

No vengo armado de verdades decisivas”, declara en las primeras páginas del volumen, en un texto caracterizado por un intenso lirismo que hace uso de procedimientos poéticos como cesuras, metáforas y repeticiones, herramientas que parecieran alejar el texto de la prosa seca y directa presente en ciertos postulados teóricos.

¿A qué se debe este uso peculiar del lenguaje? Una pista al respecto pudiera encontrarse en una nota al pie de la donde la traductora explica que Fanon utiliza continuamente noir y nègre (y sus derivados) a lo largo del texto. Noir remite al uso neutro de la cualificación derivada del color de la piel, mientras que nègre ha conllevado una carga peyorativa vinculada históricamente al contenido racista proveniente de la esclavitud y la trata.

La palabra, tanto oral como escrita, es una de las principales armas de colonización. Puesto que así es, Fanon dedica el primer capítulo al lenguaje: “Un hombre que posee el lenguaje posee por consecuencia el mundo que expresa e implica ese lenguaje”, expresa. En este punto el autor explica con detalle en qué consiste el petit nègre, que no es otra cosa que una versión simplificada y aproximativa del francés que solía utilizarse con personajes de color en prácticamente todos los ámbitos de la época, pues se consideraba a las personas negras “primitivas” y que los idiomas de África subsahariana son simples. De esta manera, un blanco que se dirige a un negro en petit nègre se instala lingüísticamente en un plano superior, “como un adulto lo haría frente a un chiquillo”.

Lo que hace Fanon en este punto es tomar las ideas del adversario y resignificarlas.

No estábamos equivocados al pensar que un estudio del lenguaje en el antillano podría revelarnos algunos rasgos de su mundo”, sostiene antes de concluir que hay una relación de sustento entre la lengua y la colectividad. En ese sentido, sus trabajos pueden ser vistos como precursores de lo que, décadas después, Paulo Freire y Donaldo Macedo llamarán alfabetización emancipadora, concepto que asume el proceso educativo como una acción cultural, imprescindible para el cambio social y el asentamiento de una sociedad formada por hombres y mujeres libres.

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