Los celos y Sor Juana
Nuestro mundo

Los celos y Sor Juana

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El tema de los celos no fue ajeno a Sor Juana, quien hoy cumple años. Con acordes diversos resuena en su variada obra. Escuchémoslo ahora en un curioso romance donde los celos aparecen como ingrediente indispensable en el amor, tanto, que su existencia es requisito para que ese sentimiento sea perfecto. Dice la poeta novohispana que si el amor produce todos los afectos, y si “uno de los más / naturales son los celos / ¿cómo sin tenerlos puede / el amor estar perfecto?

Para argumentar y concluir esa idea expuesta en las dos primeras estrofas del romance compone 84 cuartetas, dicho de otra manera, traza 336 versos. El poema no tiene título pero se encuentra bajo el epígrafe “Discurre con ingenuidad ingeniosa sobre la pasión de los celos. Muestra que su desorden es senda única para hallar el amor y contradice un problema de don José Montoro, uno de los más célebres poetas de este siglo.” El siglo de Sor Juana.

El ingenio y la erudición de nuestra amada novohispana relucen porque fue puesta en competencia con aquel célebre poeta quien escribió contra los celos un romance que se puede resumir en su siguiente cuarteta: “Son los celos un confuso / desordenado plebeyo / malicioso vulgo que hace / de las sospechas, sucesos.”

Sor Juana debió competir con Montoro no porque lo hubiera querido sino porque se lo pidió alguien valioso para ella. Entre muchos versos de disculpa así se lo hace saber al célebre poeta: “no es ésta ni puede ser / réplica de tu argumento // sino sólo una obediencia / mandada de gusto ajeno / cuya insinuación en mí / tiene fuerza de precepto”.

El tono moderado de la réplica a Montoro es muy distinto al tono del dolor femenino de un bellísimo soneto en el que Sor Juana toca los efectos desastrosos de los celos. Ante la impotencia para mostrar lo injustificado de esa pasión, el delicado corazón se disuelve en llanto: “Baste ya de rigores, mi bien baste / no te atormenten más celos tiranos / ni el vil recelo tu quietud contraste // con sombras necias, con indicios vanos / pues ya en líquido humor viste y tocaste / mi corazón desecho entre tus manos.”

Dedicada a demostrar que los celos son un importante componente del amor, Sor Juana va articulando los versos del romance y dice: “Son ellos de que hay amor / el signo más manifiesto / como la humedad, del agua / y como el humo del fuego.” Nuestra poeta se empeña en evidenciarlos como certificación de indudable amor: “Son crédito y prueba suya / pues sólo pueden dar ellos / auténticos testimonios / de que es amor verdadero.”

El ingenio sorjuanino es terminante al señalar el indisoluble matrimonio de las dos pasiones: “¿Hay celos?, luego hay amor / ¿hay amor? luego habrá celos.”

No se olvida Sor Juana de mostrar en su poema al celoso y a su objeto. Los desasosiegos los ejemplifica así: “Un desconfïar de sí / y un estar siempre temiendo / que podrá exceder al mío / cualquier mérito ajeno.” Y de la mujer dice que en el fondo le satisface que la celen: “La que se queja oprimida / del natural más estrecho / hace ostentación de amada / el que parece lamento.”

Como se vio al principio, Sor Juana advierte que escribe el poema sólo porque se lo pidió alguien muy apreciado por ella. Satisfacer la solicitud no melló su creatividad y produjo una ligera, ingeniosa y no moralista obra sobre los celos. Con su arte de alto octanaje puede convencernos que los celos son un ingrediente necesario en el amor y, como dice, si hay amor, habrá celos; sólo quien no ama no será estrujado por los celos.

Muchos años antes de la obra de Sor Juana, el genial autor del Quijote escribió un romance con el mismo tema: “La morada de los celos” (y el divertidísimo entremés de El viejo celoso, cuyo título bien lo describe) pero, como dicen: el romance de Cervantes, junto al romance de Sor Juana, nada qué ver.

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