El primer encuentro
Nuestro mundo

El primer encuentro

Nuestro Mundo

¿En qué te fijas cuando conoces a una persona? Cada uno de nosotros tiene para sí una formación particular, un ascendente sensorial, una manera de pararse en el mundo, un entusiasmo por posar la mirada en ciertos objetos, ciertos rasgos, ciertos movimientos, cierta irradiación del alma que sale a flote.

Nunca como hoy, las neurociencias nos han ayudado a entender la complejidad del funcionamiento de nuestro cerebro, las increíbles sustancias que convergen y que unen nuestro cuerpo físico y emocional, para muchos de ustedes tema muy revisado, hoy es común hablar de dopaminas, serotoninas, endorfinas; se hace referencia a más de cien mil reacciones químicas en el cerebro cada segundo, ¡es impresionante!

Lo que es adentro es afuera, reza el adagio. Es importante que sepamos que nunca un día es igual a otro y que el equilibrio de los neurotransmisores obedece a un montón de factores, entre ellos la alimentación, el descanso, el tipo de pensamientos que generamos. Por lo tanto, la manera en que vemos la vida cambia, lo que es importante un día puede ser menos al siguiente. Pero hay rasgos de nuestra personalidad que permanecen, hay programaciones culturales que no se mueven, hay aprendizajes tan introyectados que es imposible evadirlos.

De la actividad cerebral y lo que rodea a nuestra formación como individuos, dependerá la manera en que vemos a los otros.

Mi madre solía decirme, fíjate en la mirada (por aquello que es el espejo del alma), fíjate en los zapatos (por lo del cuidado personal, y se refería exclusivamente a si estaban limpios o sucios), fíjate en sus manos (porque las manos te hablan, muchos aspavientos ¡malo!, recogidas y escondidas, ¡algo oculta! Manos muy tersas en un hombre ¡extraño!). Ese era el mapa mental de ella, aprendí a seguir sus recomendaciones, sin embargo, me di cuenta a temprana edad que a mí me interesaban otras cosas y que podremos coincidir en algunos aspectos con los demás, pero no necesariamente es con la misma intensidad y con el mismo valor.

Sin reparar en por qué, puede ser que un aroma que es percibido por las células olfativas sea lo suficientemente atractivo como para que “nos interese”, “aceptemos”, “establezcamos un vínculo químico” con quien lo genera, aunque esa misma persona se salga del tipo con quien nos relacionamos comúnmente. Por lo que debemos aceptar que hay mucho más que la mente consciente al momento de entablar una cercanía con otro individuo.

Por otra parte, el tema de la intuición se hace presente, decimos con frecuencia: me late o no me late, ¿y qué es lo que late? El corazón, desde donde vemos lo que los ojos no ven. Eso que ve el corazón es real, no se trata de un arte adivinatorio que no tiene sustento. Lo que sucede es que la instantaneidad del proceso le resta credibilidad porque desde el análisis de nuestra mente racional, no obedece a sustentos teóricos, a argumentos científicos, a estadísticas puntuales y ello consolida lo aventurado que es guiarnos por la intuición. El inconsciente recibe decenas de millones de estímulos en un instante, todos a un mismo tiempo, que, sin saberlo, ocupan un lugar en la memoria que subyace a la consciencia, dicho en otras palabras, tenemos una “data” insospechada que llevamos y traemos a todos lados, está perfectamente categorizada e identificada y sale a flote cuando la necesitamos, y es en ella en la que sustentamos muchas decisiones, lo que pasa es que no nos damos cuenta en el instante en que consultamos esos archivos. ¡No sé por qué hice eso! ¡Me sorprende haber tomado ese camino! ¡Fue como si alguien me guiara, pero no era yo! ¿Sabes qué era? La intuición que emerge de esa inconsciencia alimentada por la vida.

La madre de un chico que estaba por casarse confiesa ante un grupo de amigas, que no le “latía” que la pareja en ciernes fuera a ser feliz porque había muchas diferencias culturales, ella pasó por el filtro de la razón lo que consideró una intuición, tenía muy claros los argumentos de la conciencia, es entonces una deducción que parte de la interpretación de la realidad, no tiene que ver con la intuición, confundirnos puede ser fácil.

Tratando de relacionar lo que pasa en el cerebro, lo que pasa en el corazón y lo que pasa con nuestra historia personal, es como podemos entender que es lo primero que vemos en los otros, mi lista incluye: la mirada (¡gracias mamá!), la calidez que transpira, los tonos de voz y los silencios, el aroma a limpio, el perfume que no invade, la atención que le mereces. Cualquier relación humana inicia con un primer encuentro, por eso me parece tan difícil que hoy se construyan a través de chats.

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