El petróleo nuestro de cada día
Finanzas

El petróleo nuestro de cada día

En los últimos años el mundo ha sido testigo de un fenómeno que inquieta a propios y extraños: el “oro negro”, aquel que ha dado la fuerza necesaria a nuestra economía para crecer de forma inimaginable, está a la baja, una situación que pone a temblar los cimientos de la sociedad entera.

El siglo XXI plantea grandes retos a nivel global debido, principalmente, a que como nunca en la historia, la humanidad está creciendo a una escala impresionante. Saber que actualmente somos seis mil millones de personas quienes habitamos este planeta, y que, según las estimaciones más recientes, alcanzaremos la desorbitada cifra de ocho mil 500 millones en 2025, irremediablemente nos lleva a reflexionar acerca de la manera en que se satisfarán todas las necesidades de la sociedad, tales como alimentación, higiene, educación, transporte entre muchas otras que determinan nuestra calidad de vida y que a su vez están relacionadas de una u otra manera, a veces imperceptiblemente con el petróleo.

El también llamado “oro negro”, es uno de los elementos esenciales de la economía actual. El compuesto ha estado presente en la historia de la humanidad desde tiempos remotos, empleándose en diversas actividades como la construcción, la medicina, el arte, la guerra, etcétera. Sin embargo fue el descubrimiento de sus cualidades combustibles lo que modificó de manera total el destino de nuestra especie ya que permitió un avance tecnológico sin precedentes. Como combustible, ya se sabe, el petróleo y sus derivados permiten acortar distancias, los medios de transporte, ya sea marítimos, terrestre o aéreos se mueven diariamente gracias a este elemento, la producción de gran parte de la energía que consumimos también lo emplea, así como la industria textil, por mencionar sólo algunos de sus usos.

El petróleo en su estado natural no tiene aplicaciones importantes, pero esta situación cambia cuando es refinado, ya que al ser calentado a 400 grados Celsius en las torres de las refinerías según las características de cada uno de sus derivados son separados para aprovecharse en la industria en forma de gas, Nafta, gasolina, turbosina, diésel, lubricantes, combustóleo o asfalto.

RADIOGRAFÍA DE UN IMPRESCINDIBLE

Un repaso mental de las primeras lecciones aprendidas en la escuela primaria es suficiente para recordar los datos más básicos sobre el petróleo: que su nombre proviene de las palabras latinas petra (piedra) y oleum (aceite); que está compuesto principalmente por carbono e hidrógeno y que se encuentra en depósitos o yacimientos del subsuelo, donde comenzó a formarse hace varios millones de años a partir de restos orgánicos, pero sobre todo viene a la mente esa oración repetida como mantra: que “es un recurso natural no renovable”, es decir, en términos prácticos, que en algún momento se nos va a acabar.

¿Cuándo? Imposible saberlo con exactitud. Algunos incluso consideran que es improbable que el petróleo se agote a largo plazo, puesto que aunque en efecto la extracción del crudo crece día con día, las reservas también aumentan, tal es la conclusión de la consultora Ronald Berger realizado en 2013 a través del estudio ¿Nos estamos quedando sin petróleo? (Are we runnung out of oil?, disponible en el portal rolandberger.com).

Ahora bien, las reservas probadas representan la existencia comprobada y cuantificada de petróleo en yacimientos que aún no han sido explotados, la unidad de medida que se utiliza para estas estimaciones es el barril, que equivale a 42 galones o 159 litros.

Se sabe que de las reservas probadas en el planeta, el 60 por ciento se concentra en Medio Oriente y que, en este plano, México ocupa el lugar 14 en el mundo, ya que cuenta con reservas probadas de crudo por 12 mil 352 millones de barriles.

Existen diferentes tipos de petróleo y para identificarlos se utiliza la medida de grados del Instituto Americano del Petróleo (API por sus siglas en inglés). Esta valoración permite fijar el precio del crudo; en primera instancia la regla es sencilla: a mayor número de API asignado, mayor calidad y valor de venta. Sin embargo, tratándose de un material tan importante para la economía, definir su valor no puede ser tan simple, en el proceso intervienen múltiples factores, entre ellos la oferta y la demanda, que generan variaciones en su cotización.

El tema del petróleo ha tomado relevancia de unos meses a la fecha por la constante pérdida de valor del barril de crudo (la última revisión para este artículo registraba su precio en 48.17 dólares), la cual ha generado grandes pérdidas en algunas naciones, mientras que en otras, como Estados Unidos, ha favorecido el crecimiento de la economía local debido a los bajos costos del combustible y las tasas bajas que mantiene la reserva federal.

Pero la situación impacta de manera diferente a nivel internacional, los casos son muy diversos, Rusia, por ejemplo, en su calidad de potencia petrolera, se está viendo seriamente afectada por estos precios tanto en asuntos de su presupuesto como en la atracción de inversiones. Y qué decir de Venezuela, cuyo régimen ha despilfarrado las divisas producto de la venta de barriles, además de que ha otorgado grandes subsidios a países con los que simpatiza, situaciones que han derivado en la escasez de productos básicos ya que su economía depende totalmente del ingreso petrolero.

Los medios informativos, dan cuenta de los diferentes efectos de la baja del petróleo, desde empresas que van a la quiebra, como es el caso de la empresa texana WBH Energy declarada en bancarrota hace pocos días, hasta compañías que están aprovechando estas circunstancias para hacer fusiones importantes y hacer frente a esta situación. En fin, alrededor del mundo se entretejen historias contradictorias sobre este fenómeno financiero.

El porqué de estas bajas en el precio halla su explicación en que actualmente los principales países productores de petróleo están ofertando cada día más petróleo del que se necesita para satisfacer la demanda global.

Echando por tierra las ineludibles teorías 'conspiracionistas', el príncipe saudí, Ardalead bin Talal, declaró recientemente al diario norteamericano USA Today que la causa de los actuales precios era la baja demanda del petróleo por el lento crecimiento de la economía global. Asimismo expresó que no existe ningún tipo de arreglo con Occidente para desestabilizar a las potencias de oriente y afirmó que el precio del barril de petróleo nunca volverá a alcanzar los 100 dólares, una cifra contemplada precio que se había mantenido entre los 80 y 120 dólares.

Esto tiene sentido ya que todos los países involucrados en el proceso de extracción y refinación del crudo están sufriendo las consecuencias constantes y sonantes de esta crisis.

ECONOMÍA PETROLIZADA

Ante este panorama surgen algunas preguntas elementales: ¿qué puede esperar México? ¿Qué puede hacer el ciudadano 'de a pie' para amortiguar este importante golpe a la estabilidad económica mundial?.

En nuestro país, los efectos inmediatos se verán reflejados, en primer lugar, en recortes al presupuesto federal y a las aportaciones que se envían a los estados, esto debido a que la economía nacional es muy dependiente de la cuota petrolera, impuesto que se le impone a PEMEX y que representa un gran porcentaje de los ingresos que se estiman para gasto público, como consecuencia de la deficiente recaudación fiscal.

Otro factor a considerar es el descontento social que, combinado con precios bajos del petróleo, puede derivar en problemas de gobernabilidad.

A esto hay que sumarle las expectativas que generó en el ambiente mediático la tan discutida y cuestionada Reforma Energética aprobada hace unos meses por las dos cámaras, que según versaba su propaganda, significaría el gran cambio de las áreas productivas del país, cosa que no ha ocurrido.

Cabe recalcar, además, que en nuestro país la baja de los precios del petróleo no se ha traducido en ningún ahorro directo al bolsillo de los mexicanos, antes bien estos deben pensar en una manera de aminorar, en la medida de lo posible, los efectos negativos de la baja petrolera.

Recomendaciones:

- Ser cauteloso con la contratación de deuda a tasa variable.

- Cambiar hábitos de consumo energético (luz, agua, gasolina) encaminados al ahorro.

- Procurar que una parte del ahorro personal sean bienes de valor duro (oro, plata, electrónicos, inmuebles).

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