Contar una España rota
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Contar una España rota

Las peripecias de un conflicto de largo aliento

A principios del siglo XIX, España sufrió la invasión napoleónica y su parte catalana se convirtió en provincia francesa hasta el triunfo de la Independencia Española (1814). Esta centuria vio nacer el catalanismo político. Los grupos con tendencias secesionistas no lograron reunir mucho apoyo.

Desenredar la compleja madeja en que se ha convertido el problema catalán requiere dar un vistazo al país del que Cataluña forma parte… o quizá no.

El Reino de España es gobernado por una monarquía parlamentaria. El territorio está dividido en 16 Comunidades Autónomas (Andalucía, Aragón, Asturias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Cataluña, Comunidad Valenciana, Extremadura, Galicia, Islas Baleares, Islas Canarias, La Rioja, Madrid, Murcia y País Vasco), una Comunidad Foral (Navarra) y dos ciudades autónomas (Ceuta y Melilla). Pero, ¿qué significa todo eso?

La monarquía parlamentaria es un régimen político democrático. El rey es el jefe de Estado, mas se encuentra supeditado al Parlamento y al Gobierno, es decir a los poderes Legislativo y Ejecutivo. La función del monarca es representativa, tanto en cuestiones nacionales como internacionales, y más bien simbólica ya que no tiene poder de decisión propio en materia política. Una famosa frase de Aldophe Thiers resume esta situación: “El rey reina, no gobierna”.

Las Cortes Generales constituyen el Parlamento, dividido en dos cámaras: el Congreso de los Diputados y el Senado, sus miembros se eligen mediante sufragio universal cada cuatro años. En algunos casos, previstos en la Constitución, el rey puede disolver las cámaras y convocar a elecciones adelantadas.

El Poder Ejecutivo está conformado por el presidente del Gobierno, el vicepresidente, si es que lo hay ya que esta figura no es obligatoria, así como los titulares de los distintos Ministerios y Secretarías de Estado.

En cuanto a organización territorial manda el concepto de “Estado de las autonomías” (también llamado autonómico o regional). Dicho concepto trata de conjugar la unidad y la descentralización. En la práctica tiene un funcionamiento muy similar a un modelo federal, como el mexicano. La diferencia esencial reside en una sutileza de cierta relevancia.

¿De dónde emanan las atribuciones correspondientes a cada nivel de gobierno? En un sistema federal son los estados soberanos quienes ceden parte de sus facultades a la administración central (gobierno federal) mientras que en el modelo de autonomías el gobierno central es quien las cede a las entidades que lo conforman, en el caso español a las Comunidades Autónomas, reguladas mediante un Estatuto de Autonomía.

Si bien las normas varían de comunidad a comunidad, existen algunos órganos institucionales inherentes a todas: la Asamblea Legislativa (el nombre con el que se designa pueda variar, en Cataluña es el Parlament), el Consejo de Gobierno y el Presidente.

La gran diferencia entre Navarra y las Comunidades Autónomas estriba en las contribuciones hacendarias. En el resto de España el gobierno central recauda los impuestos y calcula cuanto corresponde a cada Comunidad. En Navarra, la administración local realiza estas operaciones y entrega su participación al gobierno.

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Diputados, senadores y representantes de las altas instituciones del Estado en un acto solemne e histórico celebrado en el Congreso de los Diputados. Foto: EFE/Esteban Cobo

ESBOZO HISTÓRICO

El desarrollo de los territorios que conforman Cataluña es por demás complejo, se palpa con facilidad una enorme influencia de distintas culturas. Del neolítico al siglo X pasaron de mano en mano entre distintas civilizaciones: se cree que los primeros en mezclarse con los nativos fueron los celtas llegados de Europa del Este. Los griegos establecieron delegaciones en lo que hoy es Ampurias y Rosas (Gerona). Los romanos fueron los siguientes en asentarse y extenderse hasta las actuales ciudades de Barcelona y Tarragona. Luego, los visigodos integraron a Cataluña en su Imperio.

A principios del siglo VIII, con la ocupación árabe, hubo una oleada migratoria catalana a los Pirineos y al Imperio Franco. A fines de esa centuria, para frenar la expansión musulmana, Carlomagno constituyó la Marca Hispánica y otorgó territorios catalanes en calidad de feudos a sus nobles, con la ciudad condal de Barcelona como punto clave de sus propiedades en España.

Al declinar el Imperio Franco (fines del siglo X) se realizaron alianzas entre los condes barceloneses y el reino de Aragón. Por esa vía, desde mediados del siglo XII y hasta promediar el XV, hicieron de Cataluña y Aragón un reino común. En 1469, el territorio catalán se incorporó al reino unificado de los Reyes Católicos Fernando II de Aragón e Isabel de Castilla.

En 1640, con la Guerra de los Treinta Años como telón de fondo, un movimiento armado, la revuelta de los Segadores, culminó con Cataluña siendo proclamada una república 'independiente' bajo protectorado francés. Al finalizar la guerra, Felipe IV recuperó la mayor parte de los territorios catalanes; otros, como el Rosellón y parte de Cerdaña, se anexaron a Francia.

En la Guerra de Sucesión Española (1701-1713) Cataluña, al igual que el resto del reino de Aragón, apoyó al bando perdedor: los Austrias. Al subir al trono el primer rey Borbón, Felipe V, decidió abolir todos sus fueros. Si bien el conflicto concluyó formalmente en 1713, con la firma del tratado de Utrecht, Barcelona se convirtió en el último reducto austracista y sólo tras un asedio de catorce meses cayó ante las tropas borbónicas el 11 de septiembre de 1714. En la actualidad esta fecha es la Fiesta Nacional de Cataluña, llamada Día de Cataluña, Día Nacional de Cataluña o simplemente Diada. Los actos conmemorativos han experimentado una tendencia a convertirse en manifestaciones pro independentistas.

A principios del siglo XIX, España sufrió la invasión napoleónica y su parte catalana se convirtió en provincia francesa hasta el triunfo de la Independencia Española (1814). Esta centuria vio nacer el catalanismo político. Los grupos con tendencias secesionistas no lograron reunir mucho apoyo.

En el siglo XX aumentaron los movimientos nacionalistas. Bajo la dirección de Enric Prat de la Riba se llevó a cabo el primer reconocimiento de autogobierno, la Mancomunidad de Cataluña (1913-1923), aunque sus competencias eran muy restringidas. Durante la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) la Mancomunidad fue disuelta y se prohibió el uso de la bandera —cuatro barras rojas sobre fondo amarillo, basada en la de los Reyes de Aragón— y la lengua catalanas. En 1931, se proclama la República Española, el rey Alfonso XIII abandona el país y en Cataluña se forma el gobierno autónomo: la Generalitat de Catalunya, reconocido al año siguiente mediante el Estatuto de Autonomía.

Durante la Guerra Civil (1936-1939) permaneció formalmente bajo control republicano. Poco a poco, la región fue quedando cada vez más aislada hasta su caída en manos franquistas en enero de 1939. La victoria de Francisco Franco y la instauración de la Dictadura pusieron fin a la autonomía, ya que parte de la agenda franquista era la unificación de España, apuntalada principalmente por el nacionalismo y el catolicismo.

Tras la muerte de Franco (1975) se inició el proceso conocido como 'transición democrática'. En 1977 se restauró la Generalitat. Con la Constitución de 1978 y el reconocimiento de las Comunidades Autónomas, surgió un nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña, en el que se denomina a esta región como «Nacionalidad histórica» —término utilizado para designar a “las comunidades que se declaran con una identidad colectiva, lingüística o cultural diferenciada del resto de España”— y el catalán adquiere estatus de lengua oficial junto al español.

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Carlomagno, monarca germánico. Retrato Eric Prat de la Riba por Antoni Utrillo. Francisco Franco.Foto: Circa / Museu Nacional d’Art de Catalunya / Biblioteca Virtual de Defensa

CATALANISMO

Hoy día, se entiende principalmente como un movimiento dedicado a exaltar la 'identidad' catalana: tradiciones, cultura y lengua. Con frecuencia se usa el término 'catalanismo cultural' para distinguirlo de su variante política.

El nacionalismo catalán se sustenta en considerar a Cataluña como una nación por derecho propio con base en su desarrollo histórico, instituciones e identidad particulares. Las corrientes existentes se clasifican según la relación que pretenden mantener con España; las principales son el federalismo y el independentismo.

Éste último defiende que Cataluña es oprimida por España desde la invasión borbónica de 1714 y que en su pertenencia a este país se encontraría el origen de un presunto atraso cultural, social, económico y político. La forma de alcanzar un pleno desarrollo sería dejar de formar parte del Estado español y convertirse en una nación soberana.

Un punto en el que todas las corrientes parecen concordar es la necesidad de modificar el «pacto fiscal». Se trata de uno de los asuntos más espinosos para el gobierno español. El déficit fiscal en la balanza catalana consiste en la diferencia entre los impuestos que aporta a España y lo que recibe de la administración central. Otras regiones que enfrentan la misma situación son: Islas Baleares, Valencia y Madrid, siendo ésta última la que opera con mayor déficit.

Esto se debe al “principio de solidaridad”, lo que en pocas palabras significa que una parte de lo aportado por las comunidades más ricas se destina a comunidades más pobres.

Otra situación que separa a los movimientos y partidos independentistas es la cuestión geográfica. Falta consenso acerca de la extensión que debería tener la nueva nación. Algunos persiguen independizar a Cataluña con sus límites actuales; otros, con pretensiones pancatalanistas, reclaman la unión de los 'Países Catalanes': la Franja de Poniente en Aragón, la comarca de El Carche en Murcia, la Comunidad de Valencia, las Islas Baleares, el Rosellón y la Cerdaña en Francia —a lo que llaman Cataluña Norte—, la ciudad de Alguer en Italia y el Principado de Andorra. Su propuesta consiste en unificar estos territorios bajo un modelo confederado.

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