Jussi Adler-Olsen: El caballero nórdico de la novela negra
Literatura

Jussi Adler-Olsen: El caballero nórdico de la novela negra

Nació el 2 de agosto de 1950 en Copenhague, Dinamarca. Estudió medicina, sociología y cinematografía. Antes de dedicarse de lleno a la creación literaria trabajó como corrector, lector y editor en empresas de edición de libros y cómics.

Tal vez sea por esa cercanía con el cómic que el subcomisario Carl Mørck, protagonista de su serie de novelas Los casos del departamento Q, me recuerda tanto a los antihéroes propios de este género; particularmente a Batman. Parecen responder a la misma pregunta básica, ¿puede un hombre recto corregir un entorno pleno de criminalidad?

Al igual que el hombre murciélago, Mørck sufre las consecuencias de un trauma, en su caso se debe a que salió prácticamente ileso de un tiroteo que mató a Anker y dejó paralítico a Hardy, sus compañeros de siempre en la Brigada de Homicidios y, a decir verdad, los únicos capaces de soportarse entre sí.

Padece el cuadro clásico de síndrome del superviviente: acuden a su mente imágenes recurrentes sobre el incidente, sentimientos de culpa y de autocondenación por sobrevivir y no haber podido rescatar a otros, embotamiento emocional, sentimiento de degradación y desensibilización a la experiencia, apatía y aislamiento.

Además, Carl Mørck duerme y fuma en su oficina, desafía constantemente a sus jefes y no sigue las reglas, es conflictivo y descortés con sus compañeros, haragán e irritable. Pleno de cinismo y comentarios irónicos que reparte sin distingo. Aunque cuando tiene un caso entre manos resulta que es concienzudo, entusiasta, comprometido y hábil en las investigaciones.

Al arrancar La mujer que arañaba las paredes, los jefes de Homicidios no saben bien a bien cómo manejar a este personaje y sus circunstancias. Por eso cuando por decreto parlamentario se crea el Departamento Q con la misión de reinvestigar e intentar resolver casos archivados, Carl es nombrado jefe de dicho departamento, conformado por él y, en principio, nadie más. Finalmente el subcomisario consigue que le contraten un ayudante civil para ordenar documentos, preparar café, limpiar, hacer recados, etcétera.

Así se introduce al particular Robin de esta saga, el sirio Hafez el-Assad, quien demostrará ser una invaluable adquisición por su inteligencia, intuición, agudeza, habilidades para la investigación policial, sabe utilizar armas y destaca en el combate cuerpo a cuerpo. Rápidamente queda claro que Assad es mucho más de lo que parece, ya que oficialmente carece de estudios y cualificaciones profesionales.

Puesto que su feudo se compone de dos habitantes y está relegado al sótano, muy lejos del resto de sus compañeros, Carl tiene en mente hacer lo menos posible. Hasta que un buen día, Assad lo conmina a revisar el expediente de Merete Lynggaard, una joven parlamentaria y vicepresidenta de los Demócratas, desaparecida hace cinco años en un ferri sin que hubiese pistas ni testigos. Las teorías manejadas en su momento pasaron por homicidio, accidente o suicidio, siendo esta última la más aceptada. Sin embargo, Carl encuentra múltiples irregularidades y negligencias en la investigación original que lo hacen entrar de lleno en el caso.

En cuanto a la estructura de la novela, comienza con un prólogo sin fechar en el que se introduce a una mujer en cautiverio, arañando las paredes e intentando frenéticamente encontrar una vía de escape. Enseguida se alternan capítulos que comienzan en 2002 y desarrollan la historia de Merete -desde unos días antes de su desaparición- con la historia de Carl Mørck en 2007 y su revisión del caso.

Los chicos que cayeron en la trampa, segundo título de la serie, arranca cuando sobre el escritorio del protagonista aparece de forma misteriosa el expediente de un caso de hace 20 años; la horrible tortura y homicidio de dos hermanos (hombre y mujer, de 18 y 17 años respectivamente), hijos de un oficial de policía. Sus cuerpos fueron encontrados en una cabaña de la familia. Los sospechosos principales del crimen eran alumnos de un internado, chicos de clase alta, con padres ricos y poderosos. La investigación fue cerrada por falta de pruebas, hasta que nueve años después uno de los sospechosos confesó el crimen, el único que no pertenecía a una familia acomodada, y aún se encuentra cumpliendo su condena.

Técnicamente el Departamento Q no tiene nada que hacer aquí, el caso está cerrado, resuelto y con el responsable tras las rejas. Sin embargo, nueva información seguirá llegando y Mørck terminará envuelto en una nueva investigación, a pesar de que en teoría no hay nada que averiguar.

Además hace su entrada un nuevo personaje, la Batichica, Rose Knudsen “salió de la Academia de Policía con las calificaciones más altas, pero suspendió el examen de conducir, y eso es el fin de cualquiera por mucho talento que tenga”, ahora es la secretaria del Departamento Q, con un carácter bastante peculiar y difícil, pero sumamente hábil como investigadora.

En esta ocasión también se alternan capítulos correspondientes a la investigación en el presente, otros que presentan a los exalumnos del internado, ahora adultos y algunos más que corresponden a hechos del pasado.

En El mensaje que llegó en una botella la primera vicisitud será descifrar el contenido del mensaje escrito con sangre humana, pues más de 15 años lo han dejado casi ilegible. Lo único claro es que es un desesperado pedido de auxilio. Carl, Assad y Rose investigan una serie de secuestros y asesinatos cometidos por un criminal que podría seguir activo y que jamás ha sido denunciado. Paralelamente Rose y Assad creen haber encontrado una relación entre casos de incendios antiguos con otros recientes.

De nuevo se alternan capítulos de la investigación con otros que siguen las actividades del criminal, su familia y su pasado.

En la cuarta entrega de la serie, Expediente 64, el detonante es el ataque a la hermana de un excompañero policía que Assad cree puede estar conectado con un viejo caso de desaparición ocurrido en 1987. Como es sabido, una cosa lleva a la otra y al indagar en los hechos Rose y Assad dan con cuatro desapariciones no esclarecidas que ocurrieron en el mismo lapso. En el centro de todo parecen estar dos personas: Nete Hermansen, una mujer con un pasado lleno de abusos y sufrimientos, y Curt Wad, un médico obsesionado con la pureza de la raza y la eugenesia; y un terrible lugar, el sanatorio/reclusorio ubicado en la isla de Sprogø en donde se recluyó a cientos de mujeres consideradas peligrosas y con supuestos problemas mentales, aunque el objetivo real era evitar “la propagación de material genético deficiente”. La “cárcel” de Sprogø realmente existió y operó desde los años 20 hasta principio de los sesenta.

El efecto Marcus combina la descripción de la vida y modus operandi de las bandas de mendigos y ladrones callejeros con una trama de corrupción política y desvíos multimillonarios a través de los programas de ayuda a países africanos. Desde luego, en el centro de todo hay un asesinato sin resolver, justo el área de competencia del Departamento Q.

Sin límites, la más reciente novela de la serie, comienza cuando Christian Habersaat, un policía obsesionado con la muerte de una joven, ocurrida hace 17 años, pide ayuda a Mørck. Cuando el colega aparece muerto, el subcomisario comenzará a tomarse en serio este misterio que obligará a los protagonistas a introducirse en el mundo de las sectas esotéricas.

Retomando el planteamiento común entre Batman y Carl Mørck sobre si es posible que un hombre comprometido “limpie” un entorno azotado por el crimen, la respuesta, tanto en el cómic como en las novelas, es no, pero un pequeño grupo de gente capaz y decidida puede producir grandes cambios y solucionar algunos problemas… contra viento y marea.

Comentarios